La asignatura pendiente de la optometría: cobrar por el conocimiento… ergo, cobrar por su trabajo

El cobro de los servicios profesionales continúa siendo uno de los grandes retos estructurales de la óptica española

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Una óptica hace un examen visual a un niño. FOTO: Getty Images

Por Modaengafas - 11/06/2026

La reivindicación del cobro de los servicios profesionales vuelve a chocar con la realidad del mercado. Aunque los ópticos-optometristas españoles reclaman desde hace años un mayor reconocimiento económico de su actividad asistencial, los datos del Libro Blanco de la Visión muestran que los ingresos derivados de estos servicios continúan teniendo un peso testimonial dentro del negocio óptico.

En 2025, la facturación por servicios profesionales alcanzó los 12,92 millones de euros, frente a los 12,67 millones de 2024 y los 12,29 millones de 2023. La evolución es positiva y refleja un crecimiento acumulado del 5,1% en dos años. Sin embargo, esta mejora resulta insuficiente para alterar la estructura económica de un sector que sigue dependiendo casi exclusivamente de la venta de productos.

La dimensión del desequilibrio se aprecia al comparar estas cifras con el tamaño global del mercado. Según los datos divulgados por la Fedao en el Libro Blanco, la óptica española alcanzó una facturación de 2.251 millones de euros en 2025, un 4% más que el año anterior. De ese volumen de negocio, los servicios profesionales representaron únicamente el 0,57%.

En términos prácticos, esto significa que menos de un euro de cada cien facturados por las ópticas españolas procede del cobro directo de actividades profesionales realizadas por ópticos-optometristas.

Más llamativo aún es que la participación de los servicios profesionales en el negocio total no solo no aumenta, sino que registra un ligero retroceso. Tanto en 2023 como en 2024, este segmento representó el 0,58% de la facturación sectorial. En 2025 descendió hasta el 0,57%, lo que evidencia que el crecimiento de la actividad profesional está siendo más lento que el del conjunto del mercado.

El dato pone de manifiesto una de las grandes contradicciones que vive actualmente la profesión. Durante los últimos años, la optometría ha ampliado su protagonismo en ámbitos como el control de la miopía, la adaptación avanzada de lentes de contacto, la salud visual infantil, los programas de seguimiento visual o la detección precoz de alteraciones oculares. Paralelamente, las organizaciones profesionales han intensificado su discurso en favor del reconocimiento sanitario de los ópticos-optometristas.

Sin embargo, esa evolución clínica todavía no encuentra una traducción económica significativa.

La explicación responde en gran medida a un modelo de negocio históricamente vinculado a la venta de gafas, lentes oftálmicas y lentes de contacto. En muchas ópticas españolas, los exámenes visuales y otras pruebas optométricas continúan integrándose como parte del proceso comercial y no como un servicio independiente susceptible de ser facturado.

La situación adquiere una importancia estratégica en un momento en que el sector busca reforzar su papel sanitario. El envejecimiento de la población, el aumento de la miopía infantil y la creciente demanda de soluciones visuales personalizadas abren nuevas oportunidades para que la actividad profesional gane protagonismo dentro de las ópticas.

En este contexto, el cobro de los servicios profesionales continúa siendo uno de los grandes retos estructurales de la óptica española. La profesión reclama desde hace años que el conocimiento clínico y la atención especializada tengan una valoración económica propia. Los datos demuestran que, por el momento, ese objetivo sigue lejos de materializarse en la cuenta de resultados del sector.

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