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Ni rutina ni techo: el futuro dinámico y sin límites de la optometría

No es solo cuestión de ver mejor, sino de comprender cómo vemos y cómo eso transforma nuestra vida. La óptica y optometría, a menudo reducida a una imagen superficial, se revela —a través de quienes la ejercen— como una profesión sanitaria, científica y profundamente humana, donde cada intervención tiene un impacto inmediato y cada trayectoria puede tomar rumbos inesperados

La profesión de óptico optometrista va más allá de graduar una gafa. FOTO: Getty images

Por Jaime Cevallos - 29/04/2026

Este artículo forma parte del Dossier dossier “Ópticos-optometristas: a las puertas del Sistema Nacional de Salud”

En las voces de quienes ya han hecho de la óptica y la optometría su oficio cotidiano, la profesión se dibuja como algo mucho más amplio de lo que su imagen más conocida sugiere.

¿Cómo convencer a un joven que siga la carrera? Ninguna de esas voces comienza hablando de gafas. Más bien, todas coinciden en deshacer ese primer tópico, casi como si fuese necesario apartarlo para poder ver con nitidez lo que realmente hay detrás.

Vicente Martínez-Montañez.

Vicente Martín-Montañez, director del grado de Óptica y Optometría de la Universidad Fernando Pessoa Canarias, lo plantea como una invitación a mirar más hondo: la optometría no es solo medir la graduación, sino comprender el sistema visual en su complejidad, en su relación íntima con el cerebro, en su influencia constante sobre la calidad de vida. Su trayectoria sirve de ejemplo de esa amplitud: consulta, investigación, industria. Espacios distintos que, sin embargo, forman parte de un mismo mapa profesional. En cada uno de ellos, explica, se abre la posibilidad de aportar algo distinto y de reinventarse. Y hay una idea que atraviesa su testimonio con claridad: es una disciplina viva, en evolución permanente, donde el aprendizaje no se detiene nunca. A esa base científica en movimiento se suma, además, una recompensa difícil de cuantificar: trabajar sobre la visión es trabajar sobre la autonomía, el rendimiento, la vida cotidiana de las personas.

Laura Batrés.

Laura Batrés, doctora por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y máster en Optometría y Visión, continúa esa misma línea, pero introduce un matiz especialmente revelador: el papel del optometrista como primer agente de detección y prevención. Su discurso desplaza la mirada hacia lo que ocurre antes de que aparezca el problema evidente, hacia ese terreno donde una intervención a tiempo puede cambiar un desarrollo académico o laboral. A la vez, insiste en el carácter profundamente científico de la profesión, en su necesidad de actualización constante: desde el diseño de lentes oftálmicas cada vez más sofisticadas hasta su implicación en el ámbito oftalmológico, con cálculos de lentes intraoculares o participación en cirugías refractivas. También menciona la evolución de las lentes de contacto, que ya no son soluciones estándar, sino respuestas específicas a problemas como la presbicia, el ojo seco o la miopía.

Pero su relato no se queda en la técnica. Hay un hilo humano que lo atraviesa: la relación directa con pacientes de todas las edades, desde niños con dificultades de aprendizaje vinculadas a la visión hasta personas mayores con patologías oculares. En ese contacto, dice, se producen algunos de los momentos más significativos de la profesión. Pocas disciplinas permiten mejorar la vida de alguien en cuestión de minutos, y ese hecho, repetido día tras día, termina por definir el sentido del trabajo. A ello suma otro argumento: la tecnología. La optometría avanza al ritmo de la innovación, con instrumentación de alta precisión, imagen avanzada e inteligencia artificial aplicada al diagnóstico. No es un campo estático, sino un terreno fértil para quien busca cambio y desarrollo. Y, sin evitar lo práctico, subraya la empleabilidad: múltiples salidas, una demanda creciente impulsada por el envejecimiento de la población y el uso intensivo de dispositivos digitales. Su conclusión adopta forma de pregunta: si se busca una profesión que combine ciencia, tecnología y trato humano, con un impacto visible cada día, la respuesta parece clara.

Eduardo Ladrón de Guevara.

Eduardo Ladrón de Guevara, óptico-optometrista y empresario, recoge ese mismo espíritu, pero lo ordena en torno a tres ejes muy concretos: impacto, estabilidad y futuro. Habla de una profesión sanitaria real, donde el objetivo no es vender, sino mejorar la calidad de vida. Donde el profesional no solo corrige, sino que detecta y, en muchos casos, es el primero en identificar problemas de mayor alcance. Esa responsabilidad, señala, tiene un valor difícil de igualar. A ello suma una realidad poco frecuente: una empleabilidad muy alta, casi estructural, que garantiza oportunidades en distintos ámbitos. Pero no se detiene ahí. Insiste en la capacidad de crecimiento: especialización clínica, gestión, emprendimiento, creación de un propio centro. La optometría no es un camino único, sino un recorrido con bifurcaciones. Y en todas ellas permanece un equilibrio singular entre ciencia y trato humano. No es una disciplina fría; exige escuchar, comprender, acompañar. Finalmente, vuelve a una imagen sencilla pero poderosa: pocas cosas se comparan con ese instante en el que alguien, tras una corrección adecuada, dice por primera vez “ahora sí veo bien”.

Joan Pérez.

Joan Pérez, experto en oto-k y profesor en la Facultad de Óptica y Optometría de Terrassa, aporta una visión directa, casi sin adornos, que refuerza la idea de diversidad. Enumera especialidades —contactología, baja visión, optometría pediátrica, visión deportiva— como quien describe un abanico abierto. Su mensaje es claro: hay múltiples caminos y todos ellos tienen recorrido. Asegura que el trabajo no falta, que la movilidad es amplia —se puede ejercer prácticamente en cualquier lugar— y que existe una remuneración acorde. Añade, además, la posibilidad de emprender, de abrir un negocio propio, o de inclinarse hacia el ámbito sanitario, académico o investigador. Su testimonio introduce una dimensión pragmática que completa las anteriores: libertad de elección dentro de la profesión.

Gonzalo Carracedo.

Gonzalo Carracedo, catedrático en la Facultad de Óptica y Optometría de la Universidad Complutense de Madrid y director del Grupo de investigación Ocupharm Diagnostics, resume, con brevedad pero con precisión, una idea que atraviesa todos los discursos: el futuro. Habla de una profesión con amplias salidas tanto en el ámbito sanitario como en la óptica física, en crecimiento continuo. Y es precisamente ese crecimiento lo que la hace estimulante. Lejos de ser repetitiva, se presenta como un campo dinámico, lleno de retos, donde la motivación surge de la constante transformación.

Zoraida Marquès, óptico-optometrista que ha trabajado en muchas empresas del sector, cierra el conjunto de opiniones con una mirada que se desplaza hacia horizontes menos visibles. Reconoce que muchos se acercan a la carrera con una idea limitada, pero insiste en que la realidad es mucho más amplia. Para ella, el núcleo está en el impacto directo sobre la calidad de vida: ver bien no es un lujo, es una necesidad básica, y mejorarla tiene consecuencias inmediatas. Sin embargo, lo más significativo aparece después, en los caminos que se abren: clínica, industria, desarrollo de producto, innovación. Su propia experiencia la ha llevado a trabajar en estrategia y producto, colaborando con equipos internacionales y participando en el diseño de soluciones que se utilizan en todo el mundo. Ese tipo de recorrido, señala, rara vez se imagina al inicio.

Zoraida Marquès.

Además, sitúa la profesión en un momento clave. El aumento de la miopía es solo una parte de un cambio más amplio, en el que la tecnología —gafas inteligentes, realidad aumentada— sitúa la visión en el centro de nuevas formas de interacción. En ese contexto, quienes comprendan el sistema visual tendrán un papel cada vez más relevante. Su conclusión no es grandilocuente, pero sí firme: es una carrera con mucho más potencial del que parece, capaz de adaptarse a perfiles diversos y de crecer con quien la ejerce.

Al reunir todos estos testimonios, lo que emerge no es una definición cerrada, sino una imagen en movimiento. La óptica y optometría aparece como una profesión que combina ciencia y humanidad, estabilidad y cambio, especialización y apertura. Una profesión que permite elegir caminos distintos sin perder su esencia, y que ofrece, como hilo común, la posibilidad de mejorar la vida de las personas de manera directa y visible. No se trata solo de ver mejor, parecen decir todos ellos, sino de entender mejor lo que significa ver.

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Jaime Cevallos
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