Este artículo forma parte del Dossier dossier “Ópticos-optometristas: a las puertas del Sistema Nacional de Salud”
De la óptica al sistema: el cambio estructural que transformará la Atención Primaria
La ministra de Sanidad, Mónica García, tiene el objetivo de que los ópticos-optometristas sean parte del Sistema Nacional de Salud (SNS) antes de 2027
La misistra de Sanidad, Móniuca García, con los presidentes de los co,egios de ópticos-optometristas de España y los miembros del comité científico de Optom. FOTO: Modaengafas
“El obstáculo es el nuevo camino”. La frase de Marco Aurelio no es solo una reflexión filosófica sobre la adversidad: es, en este contexto, una descripción casi literal de la trayectoria de los ópticos-optometristas en España. Durante décadas, su ausencia en el Sistema Nacional de Salud (SNS) ha sido el obstáculo. Y, sin embargo, esa exclusión ha marcado el rumbo de una reivindicación persistente que hoy se encuentra en su punto más cercano a resolverse.
La historia no es la de una irrupción repentina, sino la de una integración largamente postergada.
El anuncio llegó en un escenario cargado de simbolismo profesional. El 10 de abril de 2026, en la inauguración de Optom 2026, la ministra de Sanidad, Mónica García, situó la incorporación de los ópticos-optometristas en el SNS antes de 2027. No como una promesa vaga, sino como una línea de acción inscrita en el Plan de Acción de Atención Primaria y Comunitaria 2025-2027.
Ese matiz es decisivo. Porque no se trata de una concesión, sino de una reconfiguración del sistema.
El plan propone algo más ambicioso que una simple ampliación de plantillas: plantea redefinir las competencias y roles de todos los perfiles que operan en Atención Primaria. Médicos de familia, pediatras, enfermeras, fisioterapeutas, trabajadores sociales, nutricionistas, farmacéuticos… y ópticos-optometristas pasan a formar parte de un mismo ejercicio de revisión estructural.
La clave está en la redistribución. En desplazar el foco desde quién puede hacer algo a quién debe hacerlo para que el sistema funcione mejor. En asignar cada necesidad al profesional más adecuado, optimizando recursos, reduciendo tiempos y mejorando la calidad asistencial.
En ese mapa, la salud visual deja de ser un apéndice para convertirse en una pieza estratégica.
Porque, en realidad, los ópticos-optometristas ya están en la primera línea. No en el organigrama del SNS, pero sí en la práctica cotidiana de la población.
Youssef Abidi, óptico-optometrista por la Universidad de Murcia, lo describe desde su experiencia en Almería con una claridad que desarma cualquier abstracción: el paciente acude primero a la óptica. Antes que a otros dispositivos sanitarios, antes que a listas de espera, antes incluso que a la percepción de enfermedad. La óptica es el punto de entrada más inmediato, más accesible, más cotidiano.
Y, sin embargo, esa realidad convive con una sensación de infravaloración.
La misma idea resuena en las palabras de Jeymi Bernabé Ramos, también optometrista por la Universidad de Murcia, quien define al óptico como la primera puerta de referencia de la salud visual. No como un complemento, sino como un inicio. La primera línea, en el sentido más literal del término.
Esa dualidad —ser imprescindibles en la práctic, pero periféricos en la estructura— ha definido durante años la posición del colectivo.
La pregunta que emerge, entonces, es inevitable. Y la formula con contundencia Angels Ferrero, óptico-optometrista con más de 30 años de expertiencia: ¿por qué todavía no forman parte efectiva del sistema público?

Youssef Abidi y Jeymi Bernabé, ópticos-optometristas por la Universidad de Murcia. FOTO: Modaengafas
La respuesta no puede encontrarse en la formación ni en las competencias. Los ópticos-optometristas son profesionales sanitarios universitarios con habilitación regulada.
“Estamos capacitados para realizar cribajes visuales, detectar defectos refractivos y derivar patología ocular sospechosa, por lo que nuestra incorporación al SNS puede ayudar mejorar las revisiones pediátricas, ampliar volumen de cribajes, reducir derivaciones evitables…”, afirma Angels Ferrero.
Es decir, los profesionales del sector ya desempeñan funciones que encajan de manera natural en la lógica de la Atención Primaria. Su incorporación en la SNS permitiría reducir derivaciones innecesarias y aliviar las listas de espera en oftalmología. No como hipótesis, sino como una realidad ya observada en algunas comunidades autónomas y en otros sistemas sanitarios internacionales.
Pero el argumento no es únicamente funcional. Es también estructural.
El sistema sanitario español enfrenta retos que trascienden lo coyuntural: el envejecimiento de la población, el aumento de patologías crónicas y, de manera creciente, la llamada epidemia de miopía. Problemas que no pueden abordarse únicamente desde los niveles más especializados, sino que requieren una red más amplia, más preventiva, más distribuida.
En ese contexto, la salud visual se convierte en un indicador clave de bienestar y calidad de vida.
La integración de los ópticos-optometristas en el SNS abre, además, una dimensión menos visible pero igualmente relevante: la científica.
Su presencia en el sistema público permitiría ampliar la producción científica en optometría, reforzar su participación en investigación, docencia y divulgación, y elevar el nivel científico y asistencial de la profesión. No se trata solo de atender mejor, sino de conocer mejor, de investigar más, de generar evidencia desde dentro del propio sistema.
Es, en definitiva, una cuestión de madurez profesional y de desarrollo sanitario.
El Plan de Acción elaborado por el Gobierno no se limita a reconocer esta necesidad. Exige a las comunidades autónomas que diseñen planes de implantación concretos en cada zona básica de salud, junto con modelos de gestión por competencias y mecanismos de evaluación continua.
La integración, por tanto, no será simbólica. Será operativa, medible, sujeta a resultados.
Y en ese despliegue, el valor aportado por los ópticos-optometristas adquiere una dimensión múltiple. Aportan salud visual accesible y detección precoz, sí, pero también equidad —al acercar la atención a toda la población— y eficiencia —al optimizar el uso de los recursos sanitarios—.
Más allá de lo clínico, su impacto se extiende a lo educativo, lo laboral y lo económico. Porque la visión no corregida no es un problema aislado: afecta al aprendizaje, condiciona el rendimiento en el trabajo y limita la calidad de vida.
Durante años, el obstáculo ha sido la ausencia de reconocimiento institucional. Pero ese mismo obstáculo ha evidenciado una necesidad que ya no puede ignorarse.
Hoy, el sistema parece dispuesto a recorrer ese camino.
Y en ese tránsito, la frase de Marco Aurelio deja de ser una cita lejana para convertirse en una descripción precisa del presente: el obstáculo no solo ha marcado el recorrido, sino que ha señalado, con claridad, la dirección del cambio.
La incorporación de los ópticos-optometristas al Sistema Nacional de Salud no es el final de una reivindicación. Es el comienzo de una nueva forma de entender la Atención Primaria.
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