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De la indecisión universitaria al emprendimiento: el viaje profesional de Ubalda Medina

Hay proyectos que terminan, empresas que desaparecen, decisiones que llegan desde arriba y que alteran el rumbo de una compañía. Hay momentos de incertidumbre, de reinvención, de volver a empezar

Ubalda Medina es la fundadora de la óptica ‘La Autóctona’.

Por Modaengafas - 10/03/2026

Hay trayectorias que nacen de una llamada temprana, de esas certezas infantiles que anuncian lo que uno será algún día. Y luego están las otras, las que se construyen poco a poco, a base de curiosidad, de caminos inesperados y de decisiones que, en el momento de tomarse, parecen casi casuales.

La historia profesional de Ubalda Medina pertenece a este segundo grupo. Y quizá por eso resulta más humana.

Diplomada en Óptica y Optometría por la Universidad Complutense de Madrid, con un máster en Dirección de Comunicación por ESIC y un posgrado de Experto en Dirección Comercial por Deusto Business School, acumula más de veinte años de experiencia en el sector óptico. Durante ese tiempo ha transitado por empresas tecnológicas de lentes oftálmicas, ha dirigido áreas comerciales, ha participado en proyectos internacionales y, más recientemente, ha acompañado a empresas en procesos de marketing y comercio figital.

Pero cuando habla de sí misma, lo hace de otra manera. No desde los títulos ni desde los cargos, sino desde una inquietud constante: entender cómo funcionan las organizaciones, cómo se relacionan con las personas y cómo pueden crecer sin olvidar que detrás de cualquier negocio siempre hay seres humanos.

Ahora inicia una nueva etapa como fundadora y óptica La Autóctona, un proyecto que resume todo lo aprendido.

Y, como ocurre con muchas historias verdaderas, todo empezó con una decisión que en realidad no fue del todo suya.

“Yo no elegí estudiar óptica. Lo hizo la nota de corte”.

La frase podría parecer una broma, pero encierra algo más profundo: el desconcierto de los dieciocho años.

Su expediente de bachillerato era brillante. Sin embargo, la selectividad llegó sin demasiada preparación y el resultado fue un 4,6 que condicionó sus opciones. Cuando tuvo que rellenar la preinscripción universitaria, lo hizo sin una vocación clara que guiara la lista.

Había varias carreras de ciencias que le interesaban —Fisioterapia, Veterinaria, Biología— y también incluyó Derecho, casi como una red de seguridad.

La indecisión no era fruto de la falta de talento, sino todo lo contrario.

Desde pequeña se le daba bien casi todo

Durante años nadó en un club y acabó compitiendo y ganando medallas. En el colegio obtenía notables y sobresalientes con aparente facilidad. Las ciencias y las letras convivían sin conflicto en su expediente, los idiomas no se le resistían y la educación física tampoco representaba ningún obstáculo.

Ser buena en muchas cosas tiene su lado luminoso, pero también su paradoja. “Cuando se te da bien casi todo —dice— al final no eres excelente en nada”.

Y así llegó a la universidad: con talento, con curiosidad, pero sin una brújula clara.

Quizá por eso admira profundamente a quienes, desde niños, saben exactamente hacia dónde quieren ir. Aquellos que dicen con ocho años que serán pilotos, cocineros o deportistas profesionales.

Ella, en cambio, descubrió su camino caminando.

Mientras estudiaba la carrera decidió empezar a trabajar los fines de semana y durante los veranos en Grand Optical, dentro del grupo Grandvision. No era solo una forma de ganar experiencia. Era también una manera de acercarse a la realidad del sector, de entender qué ocurría más allá de las aulas.

Cuando terminó los estudios, sintió una inquietud que con el tiempo se volvería habitual en su trayectoria: la necesidad de mirar un poco más lejos.

La óptica, como centro, se le quedaba pequeña. Quería entender cómo nacían los productos que vendía, qué ocurría en el lado de los fabricantes, qué tecnología había detrás de las lentes.

Después vendrían responsabilidades en compañías vinculadas al universo técnico de la lente oftálmica. Más adelante conocería también el funcionamiento de las centrales de compra y cooperativas, y acabaría participando en el desarrollo de startups y pymes relacionadas con el comercio electrónico de gafas.

Su carrera, vista desde fuera, parece un mapa lleno de movimientos.

Pero en ese movimiento hay coherencia.

Porque cada paso ampliaba su mirada.

También enseñó durante un tiempo y publicó un libro dedicado a las claves de la gestión empresarial.

Fachada de Óptica La Autóctona en Arganda del Rey.

Sin darse cuenta, aquella joven que dudaba entre varias carreras estaba construyendo un perfil muy particular: el de alguien capaz de moverse entre la ciencia y la empresa con la misma naturalidad.

Ubalda Medina suele definirse como una profesional generalista. Y lo dice sin complejos. En un mundo obsesionado con la especialización extrema, ella ha construido su valor precisamente en la intersección entre disciplinas.

Es cierto que su experiencia se ha concentrado en el desarrollo comercial y operativo de las empresas en las que ha trabajado. Y también que ha llegado a dominar un producto tan técnico como la lente oftálmica.

Esa mirada amplia tiene ventajas evidentes. Permite adaptarse a contextos distintos, leer mejor los cambios y aportar soluciones transversales.

Pero también tiene un lado más íntimo.

Porque una carrera llena de cambios no siempre es cómoda.

Hay proyectos que terminan, empresas que desaparecen, decisiones que llegan desde arriba y que alteran el rumbo de una compañía. Hay momentos de incertidumbre, de reinvención, de volver a empezar.

Todo eso, con el tiempo, deja huella.

“Te hace más resiliente”, dice.
Más independiente.
Más humilde.

Y quizá también más consciente de lo que realmente importa.

La mentalidad de quien quiere crecer

Cuando se le pregunta qué distingue a un buen gerente, su respuesta no empieza por la estrategia ni por los números.

Empieza por algo más elemental.

Querer.

Querer crecer, querer mejorar, querer ir un poco más allá de la inercia cotidiana.

Hay muchos gerentes —explica— que simplemente buscan estabilidad: un negocio que funcione lo suficiente como para traer un sueldo a casa. Y ese camino es perfectamente legítimo.

Pero quien desea transformar una empresa necesita algo más.

Un cierto inconformismo.

A partir de ahí llegan otras cualidades: la capacidad de planificar acciones realistas, ejecutarlas con disciplina, pensar a largo plazo, escuchar al cliente y confiar en el talento del equipo.

Escuchar —insiste— incluso aquello que los clientes no dicen.

Y escuchar también a los colaboradores.

Mirar el sector con ojos críticos

Cuando observa el sector óptico desde la distancia que dan los años, detecta una carencia que se repite con frecuencia: falta de formación en gestión empresarial.

Ella misma estuvo a punto de abrir una óptica nada más terminar la universidad.

Hoy sabe que habría sido un error.

Habría emprendido sin estrategia, sin experiencia suficiente, sin una identidad clara para su negocio.

Antes de abrir una empresa, cree, hay que observar mucho. Trabajar por cuenta ajena, analizar a la competencia, aprender del entorno.

La intuición ayuda, pero la gestión también se aprende.

Ese mismo principio guía hoy su propio proyecto. Durante mucho tiempo no quiso ser empresaria. Sus primeros quince años trabajando por cuenta ajena fueron satisfactorios: buenos equipos, aprendizaje constante, estabilidad.

Pero con el paso del tiempo el panorama cambió.

Encontrar estabilidad se volvió cada vez más difícil, sobre todo cuando su perfil empezó a ser más senior y aspiraba a puestos directivos.

Entonces entendió algo.

Quizá el camino no era seguir buscando una estabilidad que no llegaba, sino construirla.

Así nació La Autóctona.

Una empresa que parte de una idea sencilla pero poderosa: apostar por marcas de gafas diseñadas o fabricadas en España y construir un negocio donde las personas —clientes y colaboradores— estén en el centro.

Ubalda cree que al sector óptico le falta ambición.

Muchos profesionales sueñan con abrir su propia óptica. Pero ella plantea otra pregunta.

¿Y si pensáramos en algo más grande?

¿En cadenas de centros especializados en terapia visual? ¿En redes de establecimientos centrados en diagnóstico avanzado?

Cuando muchos centros comparten una misma filosofía y una misma identidad, el impacto en la sociedad es mucho mayor.

Ese es también su sueño para La Autóctona: convertirla algún día en la primera cadena de ópticas basada en producto fabricado en España y marcas locales.

El camino es largo… pero las ideas ambiciosas siempre empiezan así, paso a paso.

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