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Vivir con baja visión: el día a día de casi un millón de españoles que ven el mundo a medias

El aumento de casos y la necesidad de atención especializada están transformando el papel de los optometristas

La Fundación ONCE estructura su mapa de la baja visión con una red óptica certificada

FOTO. Levi Meir Clancy (Unsplash)

Por Jaime Cevallos - 26/02/2026

Leer el móvil, reconocer una cara en la calle o distinguir el número del autobús pueden convertirse en retos diarios cuando la vista falla. En España, entre 800.000 y un millón de personas conviven con baja visión, una condición que limita seriamente la capacidad visual incluso con gafas o cirugía. Sin embargo, solo uno de cada cinco afectados recibe tratamiento especializado.

Detrás de estas cifras hay historias de adaptación, esfuerzo y, muchas veces, incertidumbre. Quienes acceden a atención profesional logran mantener mayor autonomía y calidad de vida, pudiendo continuar con su rutina cotidiana con cierta normalidad. Pero muchos otros desconocen que existen recursos que pueden ayudarles.

Ernesto Marco, miembro de la Sociedad Española de Especialistas en Baja Visión, advierte de que esta realidad constituye una situación crítica, no solo por su impacto en la vida de los pacientes, sino también por el escaso conocimiento social que existe sobre ella. Para visibilizar el problema, la entidad impulsó que el 26 de febrero se conmemore el Día de la Baja Visión, una jornada destinada a recordar que ver mal no es simplemente “llevar gafas más fuertes”, sino convivir con una limitación visual permanente.

La baja visión en España

En muchos casos, la pérdida visual llega de forma progresiva. La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es la principal causa de baja visión, especialmente entre personas mayores, y afecta a la visión central, dificultando tareas tan cotidianas como leer o conducir. Otras enfermedades como la retinosis pigmentaria o la retinopatía diabética también pueden deteriorar la vista de forma irreversible.

El diagnóstico precoz es clave. Detectar estas patologías a tiempo permite ralentizar su avance y preparar estrategias de rehabilitación visual que ayuden al paciente a conservar su independencia.

Una nueva mirada profesional

El aumento de casos y la necesidad de atención especializada están transformando el papel de los optometristas. Cada vez más profesionales se dedican a la rehabilitación visual, tanto en la sanidad pública como en la privada, acompañando a los pacientes en el aprendizaje de nuevas formas de ver y desenvolverse.

Hace no tantos años, las personas con baja visión solo eran derivadas a estos servicios cuando los tratamientos médicos ya no podían hacer más. Hoy, el enfoque comienza a cambiar: la intervención temprana, la tecnología y la formación especializada ofrecen nuevas oportunidades para mejorar la vida de quienes viven con visión limitada.

Etiquetas: Baja visión
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Jaime Cevallos
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