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El melanoma ocular puede avanzar sin síntomas y detectarse en una revisión rutinaria

El diagnóstico requiere una evaluación oftalmológica completa apoyada en pruebas de imagen como ecografía ocular, OCT y otras técnicas que permiten valorar tamaño, localización y características de la lesión

Un profesional de la salud visual realiza un examen a un paciente.

Por Redacción - 21/05/2026

El Instituto Oftalmológico Fernández-Vega pone el foco en la detección precoz del melanoma ocular. Coincidiendo con el Día del Melanoma (23 de mayo) el centro ha recordado la importancia de las revisiones oftalmológicas completas, incluyendo exploración del fondo de ojo con dilatación pupilar, para diagnosticar de forma temprana este tipo de tumor intraocular.

El melanoma ocular, también conocido como melanoma uveal, es el tumor maligno intraocular primario más frecuente en adultos, aunque representa menos del 5% del total de melanomas, lo que lo convierte en una enfermedad rara.

En Europa, su incidencia se sitúa entre dos y ocho casos por millón de habitantes al año y afecta principalmente a personas mayores de 60 años.

“El melanoma ocular es una enfermedad poco frecuente, pero clínicamente muy importante ya que puede crecer sin causar molestias al inicio y detectarse en una revisión rutinaria”, explicó Álvaro Fernández-Vega, oftalmólogo del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega.

“Los objetivos del tratamiento son mantener el ojo y la visión útil siempre que sea posible. Por eso insistimos en que una exploración completa del fondo de ojo, con la pupila dilatada, puede marcar la diferencia en el tratamiento”, añadió.

La mayoría de estos tumores se originan en la úvea —la capa media del ojo formada por iris, cuerpo ciliar y coroides—, siendo el melanoma de coroides el subtipo más habitual.

Aunque no se considera una enfermedad hereditaria, el IOFV señala que el melanoma ocular puede relacionarse con mutaciones en los genes GNAQ y GNA11, además de ciertos factores de riesgo como piel clara, ojos claros o melanocitosis ocular conjuntival.

Uno de los principales desafíos clínicos es que el tumor suele desarrollarse en zonas internas del ojo que no son visibles externamente y puede evolucionar sin síntomas durante fases iniciales.

Cuando aparecen manifestaciones clínicas, estas pueden incluir visión borrosa, pérdida de visión, aparición de moscas volantes, destellos o alteraciones del campo visual.

“En ocasiones el paciente consulta por un síntoma inespecífico y encontramos el tumor, otras veces lo detectamos en un control”, señaló Álvaro Fernández-Vega.

“Si se nota un cambio visual llamativo conviene revisar, y si existen factores de riesgo también se realizan seguimientos fotográficos y mediante OCT y ecografía, porque la ausencia de molestias no garantiza que esté todo bien”.

El diagnóstico requiere una evaluación oftalmológica completa apoyada en pruebas de imagen como ecografía ocular, OCT y otras técnicas que permiten valorar tamaño, localización y características de la lesión.

En función de cada caso, el tratamiento puede incluir radioterapia localizada, cirugía u otras modalidades terapéuticas, siempre bajo un abordaje multidisciplinar.

“Hoy podemos tratar muchos melanomas oculares intentando conservar el ojo y, cuando es posible, la visión”, concluyó Álvaro Fernández-Vega. “Afortunadamente la investigación prosigue y hoy existen centros específicos que profundizan en la inmunología y metabolismo del tumor para desarrollar nuevos tratamientos”.

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