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Kafka en la óptica española: un sector de 1.820 millones en riesgo por el estado de alarma

FOTO: Hush Naidoo (Unsplash)

La pandemia del coronavirus se expande en España desde hace un mes y lo ha colapsado todo. Son más de 10.000 muertos (y los que vendrán), más de 110.000 contagiados  y un batacazo económico de proporciones bíblicas.

La tragedia ya está dibujada, la vivimos y palpamos cada día, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Lo estamos pasando mal. Pero, si a una situación de esta naturaleza se le añade la sinrazón, las consecuencias pueden adquirir tintes de un dramatismo nunca visto.

Tras la declaración del estado de alarma y el confinamiento, todos los establecimientos cerraron, incluso las ópticas (aunque algunas mantienen servicios de emergencia) con el fin de precautelar la salud de sus empleados y clientes y, por ende, evitar más muertes.

Sí, por fuerza mayor, las ópticas han tenido que bajar sus persianas para evitar que sus trabajadores enfermen

Sí, por fuerza mayor, las ópticas han tenido que bajar sus persianas, a pesar de que figuran en una orden del Ministerio de Sanidad como establecimientos que prestan un servicio esencial y, por ello, cuentan con autorización para funcionar.

Por las características intrínsecas de la profesión, los ópticos necesitan estar muy cerca del usuario. Pero, en las actuales circunstancias, ¿cómo hacerlo? Los profesionales del sector no cuentan con equipos de protección individual a pesar de que la situación es extremadamente delicada y de alto riesgo.

Con muy buen juicio, el Consejo General de Colegios de Ópticos Optometristas solicitó al gobierno que declaré el cierre obligatorio de las ópticas, salvo para situaciones de urgencias, porque, en la práctica, los establecimientos están cerrados.

el Consejo General de Colegios de Ópticos Optometristas solicitó al gobierno que declaré el cierre obligatorio de las ópticas

Con una facturación cero, las ópticas grandes y pequeñas  se han visto forzadas a solicitar ERTEs para garantizar su supervivencia y, de esa manera, velar por los empleos del futuro. Son más de 10.000 ópticas las que hay en España y de ellas dependen igual número de familias. Son establecimientos que  generaron una facturación de 1.800 millones de euros en 2018 y que, por vez primera en una década, creían haber superado los efectos nefastos de la crisis de 2008.

La administración está obligada a conceder los ERTEs a las ópticas. Cada actividad tiene sus sus peculiaridades que la hacen diferente a otras (el óptico no es un dependiente de tienda). No entra en la cabeza de nadie del sector que alguien no dé paso a los expedientes (por más que el Ministerio de Trabajo haya hecho unas recomendaciones a sus inspectores) porque, de ser así, a la tragedia del Covid-19 se sumará otra: la del desempleo.