A lo largo de la vida profesional de cualquier óptico-optometrista llega un momento de pausa y reflexión. Tras años de formación universitaria, prácticas clínicas, primeras experiencias en gabinete y horas atendiendo pacientes… aparece una pregunta que no siempre se formula en voz alta, pero que está muy presente: ¿sigo desarrollándome por cuenta ajena o doy el paso de emprender mi propio proyecto? No es una decisión sencilla ni inmediata, porque implica analizar el estilo de vida que se quiere construir.
El gran dilema del óptico-optometrista: trabajar por cuenta ajena o emprender
Emprender es, para muchos ópticos-optometristas, una aspiración profunda. Abrir tu propia óptica o poner en marcha un proyecto personal permite alinear la profesión con tus valores
Un óptico revisa la vista a una paciente. FOTO: Getty Images vía Unsplash
E implica considerar desde una perspectiva más profunda no solo el aspecto económico, sino también el profesional, el personal y el emocional. Ambos caminos tienen ventajas claras, pero también renuncias que conviene conocer antes de tomar partido.
Este dilema no aparece igual para todos. Influyen el momento vital, la edad, las responsabilidades económicas y la propia personalidad. Hay profesionales con mayor tolerancia al riesgo y otros que priorizan la estabilidad. Ninguna opción es mejor que la otra si no encaja con el contexto de quien la toma.
Trabajar por cuenta ajena: una escuela imprescindible
Para muchos ópticos-optometristas, trabajar por cuenta ajena es la puerta de entrada natural al mercado laboral. Y, en la mayoría de los casos, una etapa muy necesaria. La principal ventaja es el aprendizaje continuo. El contacto diario con pacientes reales, con patologías diversas y situaciones clínicas complejas, permite consolidar conocimientos y ganar seguridad profesional.
Además, trabajar en diferentes ópticas o cadenas facilita descubrir qué tipo de profesional quieres ser: más clínico o comercial, más orientado a la contactología, a la baja visión o a la gestión. También permite observar distintos modelos de negocio, protocolos de trabajo, estrategias de venta y formas de liderar equipos. Todo ese conocimiento, aunque no siempre se valore en el momento, construye una base muy sólida.
La estabilidad económica es otro punto a favor. Contar con una nómina mensual aporta tranquilidad, facilita la planificación personal y reduce la presión financiera. Para muchos profesionales jóvenes, esta estabilidad es clave para independizarse, seguir formándose o simplemente ganar confianza.
Sin embargo, el trabajo por cuenta ajena no está exento de dificultades. La inestabilidad laboral sigue siendo una realidad en el sector: contratos temporales, cambios constantes, objetivos de venta cada vez más exigentes o falta de proyección a largo plazo. A ello se suma la posibilidad de no encajar con la filosofía de la empresa, no sentirse escuchado a nivel clínico o trabajar en entornos donde prima más el volumen que la calidad asistencial.
También aparece, con el tiempo, la sensación de estancamiento: hacer siempre lo mismo, tener poco margen de decisión o sentir que tu implicación no se traduce en reconocimiento ni crecimiento profesional.
Emprender: construir tu propio camino
Emprender es, para muchos ópticos-optometristas, una aspiración profunda. Abrir tu propia óptica o poner en marcha un proyecto personal permite alinear la profesión con tus valores. Decidir cómo atender, cuánto tiempo dedicar a cada paciente, qué tecnología incorporar y qué tipo de experiencia ofrecer es una fuente enorme de satisfacción.
Ser tu propio jefe implica autonomía, creatividad y propósito. Construir algo desde cero, ver cómo evoluciona y cómo impacta positivamente en la vida de las personas refuerza el sentido de pertenencia y realización profesional. Además, emprender fomenta el desarrollo de competencias clave: liderazgo, gestión de equipos, comunicación, estrategia y visión empresarial.
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No obstante, el emprendimiento también tiene un lado menos visible. El riesgo económico, especialmente en las primeras etapas, es real. Los recursos suelen ser limitados, los ingresos irregulares y la presión constante. A ello se suma la carga administrativa, la toma de decisiones en soledad y el miedo al fracaso, que puede paralizar si no se gestiona bien.
Emprender exige resiliencia, paciencia y una mentalidad a largo plazo. No todos los meses son buenos, no todo depende del esfuerzo personal y el éxito rara vez es inmediato.
Diferentes perfiles y distintas decisiones
El sector óptico-optométrico es diverso, y también lo son los profesionales que lo conforman. No todos viven el dilema entre trabajar por cuenta ajena o emprender desde el mismo punto de partida. Existen ópticos-optometristas jóvenes que priorizan la estabilidad, el aprendizaje y la seguridad económica, conscientes de que aún están construyendo su identidad profesional y necesitan tiempo para ganar experiencia y confianza.
Conviven con ellos profesionales con una trayectoria consolidada que, tras años trabajando para otros, comienzan a sentirse estancados. No por falta de capacidad, sino por la ausencia de nuevos retos, de reconocimiento o de margen para aplicar su propio criterio. En estos casos, el deseo de emprender no nace tanto de la ambición económica como de la necesidad de recuperar la motivación y el sentido de pertenencia a la profesión.
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También están quienes siempre tuvieron una vocación emprendedora. Para ellos, montar su propio proyecto no es una huida, sino un objetivo claro desde el inicio. Suelen asumir el riesgo con mayor naturalidad y entienden el emprendimiento como una forma de expresión profesional. Y, por último, existen quienes emprenden por necesidad, empujados por la falta de oportunidades laborales, la precariedad o el cansancio de un mercado que no siempre ofrece estabilidad a largo plazo.
Ninguno de estos perfiles es mejor que otro. Cada decisión está profundamente condicionada por el momento vital, la situación personal y las circunstancias del entorno. Comprender esta diversidad ayuda a normalizar el dilema y a aceptar que no existe un único camino correcto, sino decisiones coherentes con cada perfil o etapa profesional.
¿Elegir o combinar?
Plantear este dilema como una elección definitiva puede ser un error. En realidad, trabajar por cuenta ajena y emprender no son caminos opuestos, sino etapas que pueden complementarse. De hecho, muchos de los proyectos más sólidos nacen tras años de experiencia previa trabajando para otros.
Primero aprender, observar, equivocarse y crecer dentro de estructuras ya creadas. Después, con mayor madurez profesional y personal, dar el salto con más criterio y menos impulsividad. No es casualidad que diversos estudios indiquen que los proyectos empresariales más duraderos suelen estar liderados por fundadores en torno a los 40 años. No por la edad en sí, sino por la experiencia, la estabilidad y la visión realista que suele acompañarla.
En definitiva, no existe una respuesta universal. El verdadero reto no es elegir entre uno u otro camino, sino saber en qué momento vital te encuentras y qué necesitas ahora. Porque tanto trabajando por cuenta ajena como emprendiendo, el éxito profesional no se mide solo en cifras, sino en coherencia entre lo que haces vs lo que eres, satisfacción y sentido.
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