La sanidad pública española mejora ligeramente su nota, pero continúa teniendo una asignatura pendiente que condiciona la percepción de los ciudadanos: las listas de espera. La primera oleada del Barómetro Sanitario 2026 dibuja un sistema que mantiene una elevada valoración entre quienes utilizan sus servicios, pero que sigue encontrando importantes dificultades cuando el paciente intenta acceder a ellos.
Las listas de espera erosionan la sanidad pública: el 69% rechaza las demoras para ver al especialista
El 53,5% de los españoles valora positivamente su funcionamiento, mientras que casi siete de cada diez consideran poco o nada aceptables los tiempos de espera para acceder a un especialista. La inteligencia artificial también encuentra resistencias entre los pacientes
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El estudio, elaborado por el Ministerio de Sanidad en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se basa en 2.602 entrevistas realizadas en marzo a personas mayores de 18 años. Se trata de la primera de las tres oleadas previstas para este año, por lo que el propio Ministerio advierte de que sus resultados deben considerarse provisionales.
La satisfacción de la población con el funcionamiento del sistema sanitario público alcanza 6,16 puntos sobre diez, frente a los 5,89 registrados en la tercera oleada de 2025. Además, el 53,5% de los encuestados considera que el sistema funciona bastante bien o bien, aunque necesite algunos cambios. Por el contrario, el 24,9% reclama cambios fundamentales y alrededor del 20,3% considera que funciona mal y necesita reformas profundas.
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Los servicios de urgencias del 061 y 112 son los mejor valorados, con 7,38 puntos, seguidos por la asistencia a pacientes ingresados en hospitales públicos, con 7,13 puntos. En el extremo contrario aparecen las consultas de atención especializada y las urgencias hospitalarias.
El muro de las listas de espera
El principal problema aparece cuando se analiza el acceso a la atención sanitaria. El 38,3% de los ciudadanos considera que las listas de espera han empeorado durante los últimos doce meses y otro 43,1% cree que continúan igual. Solo el 10% percibe una mejoría.
La percepción es especialmente negativa en la atención especializada. El 69,4% considera poco o nada aceptables los tiempos de espera para las consultas con especialistas, mientras que el porcentaje alcanza el 62,4% en las pruebas diagnósticas y el 55,4% en las intervenciones quirúrgicas programadas.
También existen dificultades en atención primaria. El 21,8% de los pacientes consiguió ser atendido el mismo día o al siguiente de solicitar una cita con su médico de familia. Sin embargo, el 71,2% tuvo que esperar más de un día porque no había disponibilidad anterior. Para estos últimos, la espera media alcanzó los 10,27 días, frente a los 8,78 días registrados en la primera oleada de 2025, según muestra el gráfico de evolución incluido en el informe.
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El problema termina trasladándose a otros niveles asistenciales. El 22,8% de la población afirma haber tenido problemas para consultar con su médico de familia de la sanidad pública durante los últimos doce meses y, entre ellos, el 51,7% terminó recurriendo a urgencias.
Las pruebas diagnósticas tampoco escapan de las demoras. El mayor tiempo medio de espera recogido por el Barómetro corresponde a las colonoscopias, con 129 días, mientras que las ecografías presentan el menor, con 65 días.
Los usuarios aprueban la atención recibida
La paradoja del sistema aparece al analizar lo que ocurre una vez que el ciudadano consigue acceder al profesional sanitario.
El 84% de los usuarios de atención primaria pública valora positivamente la asistencia recibida. La confianza y seguridad transmitidas por enfermería obtiene una puntuación de 8,16 sobre diez, mientras que el personal médico alcanza 7,98 puntos.
La situación se repite en los hospitales. El 81,9% de quienes han utilizado las consultas hospitalarias especializadas valora positivamente la atención, mientras que el porcentaje asciende hasta el 88,3% entre las personas ingresadas en hospitales públicos.
En otras palabras, los datos dibujan una diferencia clara entre acceder al sistema y ser atendido dentro de él: las mayores críticas se concentran en las demoras, mientras que la experiencia asistencial recibe valoraciones considerablemente mejores.
La sanidad privada gana presencia
El Barómetro también ofrece una fotografía del peso de los seguros privados. El 22,4% de los entrevistados dispone de un seguro médico privado contratado personalmente o por algún miembro de su familia, mientras que otro 7,1% cuenta con un seguro contratado por su empresa.
Sin embargo, disponer de cobertura privada no implica necesariamente una mayor confianza en ella cuando aparecen problemas importantes. El 60,7% de estas personas considera que, ante un problema grave de salud, la sanidad pública podría proporcionarles un mejor tratamiento.
La inteligencia artificial todavía genera recelos
El Barómetro vuelve a poner también el foco sobre la transformación tecnológica del sistema sanitario. El 61,3% de la población ha oído hablar de herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la salud o los servicios sanitarios.
El conocimiento de la tecnología, sin embargo, no equivale a confianza. Casi la mitad de los encuestados, el 48,1%, se declara totalmente incómodo ante la posibilidad de hablar con una inteligencia artificial durante una consulta médica. La valoración media de esta posibilidad se sitúa en solo 3,28 puntos sobre diez.
La resistencia también aparece ante la posibilidad de realizar el seguimiento de una enfermedad mediante un asistente virtual: el 41,1% se sentiría totalmente incómodo y la aceptación media se queda en 3,49 puntos.
La percepción mejora cuando la IA abandona la interlocución directa con el paciente y se convierte en una herramienta de apoyo clínico. La interpretación de radiografías mediante sistemas de inteligencia artificial obtiene una valoración media de 4,45 puntos, mientras que la cirugía robótica alcanza 4,26.
El primer Barómetro Sanitario de 2026 deja así una fotografía con dos caras. La atención que reciben los pacientes una vez dentro del sistema conserva niveles elevados de aprobación, pero las dificultades para llegar hasta ella continúan erosionando la percepción de la sanidad pública. La tecnología promete abrir nuevas puertas, aunque los ciudadanos parecen dejar claro que, cuando se trata de su salud, todavía quieren encontrar a una persona al otro lado.
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