La medición de la longitud axial del ojo se está consolidando como una de las herramientas más relevantes para el manejo de la miopía infantil. Así lo sostiene el profesor Andrzej Grzybowski en una entrevista concedida a Myopia Profile, en la que analiza cómo las nuevas tecnologías de diagnóstico están cambiando la práctica clínica en oftalmología.
La longitud axial gana peso en el control de la miopía
El oftalmólogo Andrzej Grzybowski defiende el uso de biomarcadores estructurales para detectar antes la progresión de la miopía infantil y personalizar los tratamientos
FOTO: Getty Images vía Unsplash
Grzybowski explica que basar el seguimiento únicamente en la graduación puede llevar a infravalorar la progresión de la enfermedad. En su opinión, la medición de la longitud axial permite detectar el alargamiento del globo ocular incluso cuando apenas existen cambios refractivos, facilitando una intervención más temprana y ajustada al riesgo de cada paciente

Andrzej Grzybowski. FOTO: RRSS
El especialista señala que disponer de datos objetivos sobre la evolución estructural del ojo permite identificar a los niños con una progresión más rápida e iniciar en el momento adecuado tratamientos como la atropina a baja concentración, soluciones ópticas específicas, terapias con luz roja o recomendaciones relacionadas con el estilo de vida.
Como ejemplo, relata el caso de un niño cuya graduación permanecía prácticamente estable durante un año. Sin embargo, las mediciones seriadas de la longitud axial mostraban un crecimiento significativo del ojo. Esa información llevó al oftalmólogo a prescribir lentes para el control de la miopía e incrementar las recomendaciones de actividad al aire libre. En las revisiones posteriores, el ritmo de crecimiento axial disminuyó, lo que confirmó la eficacia de la intervención.
Grzybowski considera que estas herramientas también mejoran la comunicación con las familias. Mostrar gráficamente la evolución de la longitud axial ayuda a que los padres comprendan que la miopía es una enfermedad progresiva y no solo un problema de graduación, lo que favorece la adherencia a los tratamientos y facilita una toma de decisiones compartida
En la entrevista, el profesor destaca además que los dispositivos de diagnóstico más útiles son aquellos capaces de ofrecer mediciones precisas y repetibles, registrar la evolución longitudinal e integrar parámetros como topografía corneal y queratometría. Estas funciones resultan especialmente valiosas para el seguimiento de tratamientos como la ortoqueratología y para adaptar las estrategias terapéuticas a cada paciente.
En su práctica clínica, Grzybowski incorpora estas pruebas tanto en la primera evaluación como en todas las revisiones de los niños con riesgo de desarrollar miopía o con diagnóstico confirmado. El objetivo, afirma, es que las decisiones clínicas se apoyen en datos objetivos y en un seguimiento continuo de la progresión de la enfermedad, en lugar de reaccionar únicamente cuando la graduación ya ha aumentado.
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