Hay vocaciones que se manifiestan pronto y otras que necesitan tiempo, dudas y algún que otro desvío para encontrar su lugar. La de Lorena Martín, socia y codirectora del Centro de Terapia Visual Skeffington, pertenece a las segundas. Su historia profesional no comenzó con una certeza, sino con una búsqueda que acabaría conduciéndola hacia la óptica y la optometría, una disciplina en la que encontró algo que siempre había perseguido: la posibilidad de unir la ciencia con el trato humano. Hoy, especializada en terapia visual y rehabilitación tras daño cerebral, su trayectoria representa una manera de ejercer la profesión que trasciende el modelo convencional de establecimiento óptico.
Lorena Martín: una vocación que tardó en llegar y encontró en la terapia visual su razón de ser
Lorena Martín descubrió en la óptica un equilibrio que no había encontrado en las otras disciplinas
Lorena Martín.
Cuando terminó sus estudios preuniversitarios, Lorena Martín sabía hacia dónde quería dirigir sus pasos, aunque todavía desconocía el destino exacto. Le atraían las ciencias de la salud, la naturaleza, el medio ambiente y el comportamiento biológico. La medicina figuraba entre sus primeras opciones, pero la nota de corte cerró aquella puerta. Tampoco consiguió acceder a Enfermería.
Su siguiente parada fue Químicas. Se matriculó en la carrera mientras preparaba nuevamente la selectividad, con la esperanza de mejorar su calificación. Sin embargo, aquel intento tampoco dio los frutos esperados y su paso por la facultad apenas duró un año. Había demasiada teoría y muy poco de aquello que realmente buscaba: una profesión práctica, cercana a las personas y con capacidad para ayudarlas de manera directa.
Fisioterapia y Podología tampoco terminaron de convencerla. Hasta que apareció Óptica y Optometría. Y lo que hasta entonces había sido una sucesión de intentos comenzó a tomar forma.
El encuentro entre la ciencia y las personas
Lorena Martín descubrió en la óptica un equilibrio que no había encontrado en las otras disciplinas. Por un lado, la precisión técnica y los conocimientos científicos; por otro, la práctica clínica y el contacto cotidiano con los pacientes. Dos mundos que, lejos de competir entre sí, se complementaban.
Tras finalizar sus estudios, comenzó a trabajar en distintos establecimientos ópticos. Fue precisamente en uno de ellos, con una orientación más clínica, donde comprendió que su futuro profesional podía ir más allá de la actividad habitual de una óptica.
Entonces, Lorena Martín decidió ampliar sus conocimientos mediante cursos especializados en contactología, optometría y terapia visual. Esta última disciplina terminaría convirtiéndose en uno de los grandes ejes de su trayectoria.
Desde hace cerca de dos décadas desarrolla su labor en el Centro de Terapia Visual Skeffington, donde trabaja en terapia visual y rehabilitación tras daño cerebral. Allí ha encontrado un espacio profesional en el que la especialización ocupa un lugar central.
Su recorrido demuestra que la óptica tiene caminos menos visibles, pero igualmente importantes. Caminos que no siempre se descubren durante los estudios y que pueden transformar la manera de entender y ejercer la profesión.
Una profesión con muchas puertas abiertas
Pese a su dedicación al ámbito clínico, Lorena Martín nunca ha dejado de sentirse atraída por otras vertientes de la óptica. Le gusta la moda, disfruta con el visagismo y reconoce tener una especie de sexto sentido para descubrir qué montura favorece a cada rostro. Esa convivencia entre lo sanitario, lo técnico y lo estético es, precisamente, una de las riquezas que encuentra en su profesión.
Por eso, cuando habla con quienes se plantean estudiar Óptica y Optometría, insiste en que no deben quedarse únicamente con la imagen más conocida del sector. Existen centros especializados en lentes de contacto, unidades de terapia visual, departamentos de investigación y desarrollo de lentes oftálmicas y oportunidades en formación y asesoramiento profesional.
“Los estudios de óptica son muy bonitos y las salidas están muy ramificadas”, explica.
Le preocupa, sin embargo, que buena parte de la sociedad siga identificando al óptico-optometrista casi exclusivamente con la venta y adaptación de gafas. Una imagen que, a su juicio, deja fuera numerosas posibilidades profesionales.
Especializarse para dejar de competir únicamente en precio
La mirada de Lorena Martín sobre el sector combina la experiencia clínica con una reflexión sobre el modelo de negocio. Considera que demasiadas ópticas se parecen entre sí y que la especialización puede ser una de las mejores herramientas para construir una identidad propia.
En un mercado donde el precio ocupa con frecuencia el centro de la conversación, defiende que los profesionales deben aprender a poner en valor sus conocimientos y los servicios que prestan.
Su planteamiento no se limita a una cuestión comercial. También tiene que ver con el reconocimiento de la óptica y la optometría como profesión sanitaria.
“Todos los sectores sanitarios cobran por sus servicios, ¿por qué no hacerlo nosotros?”, se pregunta.
Para Lorena, una evaluación visual completa no puede reducirse a una simple comprobación de la graduación. Detrás de una valoración integral del sistema visual hay formación, experiencia, tecnología y, sobre todo, tiempo dedicado a comprender las necesidades de cada paciente.
Si un profesional emplea una hora en realizar ese trabajo, considera razonable que el servicio tenga una remuneración acorde con su valor.
Además, entiende que esa atención individualizada puede convertirse en una poderosa herramienta de fidelización. Porque cuando el paciente comprende lo que se ha hecho por su salud visual, también aprende a valorar el trabajo que hay detrás.
Cuidar a quienes cuidan de la visión
Pero el futuro de la profesión no depende únicamente de la especialización. También exige, según Lorena Martín, prestar atención a quienes la ejercen.
La escasez de ópticos-optometristas es una de sus preocupaciones. Y considera que parte del problema está relacionado con determinadas condiciones laborales: jornadas demasiado largas, dificultades para conciliar la vida personal y profesional o modelos de gestión que no siempre saben cuidar el talento.
En esas circunstancias, advierte, algunos profesionales cualificados terminan buscando su futuro fuera del sector.
A esta realidad se suma otra asignatura pendiente: explicar mejor a la sociedad qué hace realmente un óptico-optometrista.
Lorena Martín considera necesario reforzar la divulgación sobre las competencias de estos profesionales y su contribución a la salud visual. No se trata únicamente de conseguir que los pacientes conozcan más servicios, sino de que comprendan el alcance sanitario de una profesión que todavía tiene mucho por mostrar.
El valor de encontrar un camino propio
La historia de Lorena Martín comenzó entre dudas universitarias, puertas que no se abrieron y disciplinas en las que no terminó de reconocerse. Lo que entonces pudo parecer un recorrido lleno de rodeos acabó conduciéndola hacia una profesión en la que encontró su lugar.
Casi dos décadas después, su experiencia en terapia visual y rehabilitación tras daño cerebral refleja hasta qué punto la especialización puede transformar una trayectoria profesional.
Su mensaje al sector es también una invitación a mirar más lejos: diferenciarse, cuidar el talento, reconocer el valor del trabajo clínico y explicar mejor a la sociedad todo lo que la optometría puede ofrecer.
Porque, al final, la óptica no se agota en unas gafas ni en una graduación. Detrás hay una profesión con múltiples caminos por recorrer. Y, como demuestra la trayectoria de Lorena Martín, algunos de los más interesantes son precisamente aquellos que no se habían previsto al comenzar el viaje.
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