Este artículo forma parte del Cuaderno de Audiología 2025, editado por Modaengafas.com.
Historia de la venta de audífonos en España: de los Sonotone hasta nuestros días
La comercialización de los audífonos en España empezó hace casi un siglo y comenzó ha dinamizarse con la entrada de la nueva centuria, que es cuando las empresas de óptica han decido apostar por este servicio

El concepto de comercialización de los audífonos ha cambiado tanto que ahora puede ser un proceso asociado a imágenes de este tipo. FOTO: Anastasiya Badun vía Unsplash
España, 1919. El país atravesaba un periodo de grandes tensiones sociales, políticas y económicas. En Barcelona, por ejemplo, los trabajadores de la empresa eléctrica La Canadiense se declararon en huelga demandando la jornada laboral de ocho horas, evidenciando el descontento de toda una sociedad que experimentaba una profunda crisis económica tras la finalización de la Primera Guerra Mundial.
Ese año, Castor Ulloa abrió un establecimiento en el número 14 de la calle Carmen de Madrid con el objeto de dispensar productos de óptica. En ese momento —aunque él no lo sabía— estaba creando una empresa, y la marca Ulloa Ópticos, que se convertiría en una de las grandes protagonistas del sector.
Castor Ulloa no solo era un hombre hecho a sí mismo; quienes lo conocieron destacan su espíritu emprendedor y una visión empresarial que no parecía tener límites, tanto así que ha pasado a la historia como el precursor de la venta de audífonos en España.
En 1934, Ulloa importó de Estados Unidos los audífonos Sonotone y comenzó a comercializarlos en su empresa. Aquellos dispositivos eran grandes y voluminosos, con tecnología analógica y funcionamiento a pilas, pero su popularidad hizo que en el país se produjera uno de los fenómenos de lexicalización más conocidos: la gente llama Sonotone a todos los audífonos, independientemente de la marca que sean.
En esos tiempos, los problemas de audición ya afectaban a parte de la población, sobre todo a las personas mayores. En 1949, José María Espoy y Juan Gassó, dos jóvenes nacidos en Barcelona, viajaron a Londres y, al volver, trajeron consigo un aparato auditivo: habían visto una gran oportunidad de negocio y fundaron Gaes.
En 1953, con el fin de ampliar su negocio, Espoy y Gassó consiguieron la representación de Telex, una marca estadounidense de aparatos auditivos, y cinco años después impulsaron la fundación de Microson con el objetivo de fabricar sus propios audífonos.
Poco a poco, el negocio de la audiología comenzó a extenderse en España. En 1976, el ingeniero industrial Juan Martínez Sanjosé cofundó la Asociación Nacional de Audioprotesistas (ANA), donde fue su primer presidente.
Dos años más tarde, Martínez Sanjosé creó la empresa Widex Audífonos en sociedad con Erik Westermann, el fundador del grupo danés. La proporción de las acciones era del 70 % y 30 %, respectivamente.
Sin embargo, Juan Martínez Sanjosé hizo algo más que eso, porque en 1983 promovió la creación de la primera escuela oficial de audioprótesis en España, en el barrio de El Clot, en Barcelona, lo que dio un impulso al sector.
Para ese entonces, su empresa distribuía los audífonos de Widex a través de centros de audiología colaboradores, hasta que en 1990 decidió crear la marca Aural para abrir puntos de venta monomarca, como ya lo habían hecho otras empresas, por ejemplo, Gaes.
En este contexto, la empresa lanzó los Aural Premium Partner, que son centros audiológicos integrados en negocios de retail sanitario preexistentes que desean mantener los valores de su propia identidad y marca. Se trata de un concepto que ha calado en el sector de la óptica.
“Los Aural Premium Partner son un puntal referencial de Aural, los más numerosos, pues cronológicamente fueron los primeros centros Aural en existir, lo cual expresa claramente la vocación histórica de la firma hacia el B2B”, explican fuentes de la empresa.

Centro experiencial de Aural en Barcelona. FOTO: Aural
El siglo XXI
A partir de la llegada del siglo XXI, el sector adquirió más notoriedad en la sociedad. En los primeros años de esta nueva centuria, Gaes decidió lanzarse con fuerza hacia el consumidor final mediante la publicidad en televisión. De paso, y gracias a la tecnología, las prestaciones y el tamaño de los audífonos mejoraron ostensiblemente y la conciencia sobre la salud auditiva empezó a arraigar en la sociedad.
Así, el sector de la audiología entró en ebullición, producto de un recorrido de muchos años. En 2008, Juan Gassó Bosch, fundador de Gaes y uno de los precursores de este negocio, falleció tras haber logrado abrir 500 centros auditivos por todo el mundo.
Por ese entonces, la óptica ya había puesto sus ojos en los audífonos y la competencia crecía con la llegada de nuevos operadores. En 2014, Audika, cadena de retail del grupo Demant, entró en el mercado español con un plan de expansión muy bien establecido, que se aceleró a partir de 2020 con la apertura de puntos de venta de gestión propia y la adquisición de centros ya existentes, como los de Cottet Óptica, o la compra de cadenas, como pasó con el grupo Audifon.
La multinacional italiana Amplifon también atisbó grandes oportunidades en el país y, en 2018, protagonizó una de las operaciones corporativas más importantes que se han producido en este siglo, tanto a nivel europeo como mundial: adquirió Gaes por una cifra de 528 millones de euros, según las informaciones que circularon en esa época. Tras la adquisición, la marca Gaes ha continuado operando en algunos mercados bajo su nombre, pero dentro de la estructura de Amplifon.
En este proceso de cambio, los gabinetes de audiología también comenzaron a cambiar la manera de presentarse al gran público. Antes eran unos sitios cerrados, en cambio hoy son establecimientos con grandes escaparates, diáfanos y claros. Un ejemplo de esto son los centros experienciales Aural, espacios diseñados para ofrecer una mejor atención al cliente, permitiéndole probar audífonos en entornos simulados que imitan situaciones cotidianas y que ayudan a reducir el estigma asociado a la pérdida auditiva.
Desde el año 2020, las cadenas y grupos de óptica decidieron apostar por la audiología en el marco de un proceso de diversificación: primero lo hicieron de manera algo tímida, pero luego han otorgado a los audífonos una dimensión estratégica, tanto que la palabra “audiología” se ha incorporado a los rótulos.
“La integración de la audiología en la óptica me parece un paso lógico y natural. Ambas disciplinas comparten público objetivo y, bien trabajadas, pueden complementarse a la perfección. Sin embargo, en muchos casos, esta incorporación se ha quedado a medio gas”, dice Txell Valls, especialista en marketing para el sector óptico.
“Algunas ópticas han apostado fuerte por el audio, dándole el protagonismo que merece, pero en otras sigue siendo un servicio secundario, un ‘extra’ más que una verdadera área de especialización. Y ahí está el error”, afirma.
De hecho, Txell Valls sostiene que “las posibilidades de cross-selling entre ambos mundos son enormes, pero para que funcione de verdad hay que creer en ello, formarse y trabajar la audiología con la misma dedicación y estrategia que la óptica. No basta con ‘tener el servicio’, hay que integrarlo en el ADN del negocio”.
Según los datos del Libro Blanco de la Visión 2024, el audio es uno de los segmentos que más crece en las ópticas. En 2023, los audífonos generaron una cifra de negocio de 103,5 millones de euros, un 8 % más que en 2022. En comparación con 2021, el aumento es casi del 20 %.
La previsión es que los audífonos sigan ganando espacio en la óptica, ya que las empresas están desplegando planes de expansión no solo a través de puntos de venta propios —como lo hace Óptica y Audiología Universitaria, que ya cuenta con 110 centros a escala nacional—, sino mediante la apertura de franquicias —como lo hace Alain Afflelou, que dentro de poco alcanzará los 200 espacios de audiología—.
Y, yendo más allá de la óptica, lo previsible es que el mercado de los audífonos siga en alza por el envejecimiento de la población y la mayor conciencia sobre la salud auditiva. En paralelo, los audífonos serán cada vez más discretos, con inteligencia artificial y funciones avanzadas de procesamiento del sonido.

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