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Gafasvan, la óptica de Tierra de Campos

Daniel Paniagua (izquierda) en Villalón.

Por Jaime Cevallos

Daniel emprende un viaje para llevar el cadáver de su padre al pueblo donde nació. Durante el trayecto, acompañado en el vehículo fúnebre por un chófer con ganas de hablar, evocará su propio pasado y se enfrentará con su presente. ¿Quién es de verdad Dani Mosca? Quizá, como sostiene él mismo, es solo un tipo que hace canciones, sobre todo canciones de amor. Pero es también el niño que creció en un barrio humilde bajo los valores eternos de sus padres, que encontró la amistad más profunda de esa manera accidental con la que uno encuentra las grandes cosas de la vida, que viajó y disfrutó de su oficio en la música, que se instaló en Japón y amó la vida, sostenido en un equilibrio precario pero resistente entre los deseos y la realidad…

Lo que acaba de leer es la sinopsis de Tierra de Campos, novela que David Trueba publicó en 2017.

Daniel Paniagua (que no Dani Mosca) volvió a Mayorga, en la comarca de Tierra de Campos, en 2020. Llegó procedente de Lima, una selva de cemento de 8,6 millones de habitantes, de cielos plomizos y una humedad irreductible.

Daniel va de un pueblo a otro en su furgoneta, que se ha convertido en su imagen de marca

Vivió en la capital peruana durante cinco años, ya que era uno de los directivos de una empresa de ambulancias. Aquella aventura le permitió conocer Perú de cabo a rabo, pues lo recorrió de norte a sur, de este a oeste.  También visitó otros países del entorno, como es el caso de Ecuador. El testimonio digital de ese viaje son las fotos que se tomó en Quito, cuyo casco viejo es el primer patrimonio cultural de la humanidad declarado por la Unesco, allá por 1979.

El día en que su esposa se embarazó, Daniel decidió volver a la tierra que le vio nacer. Volvió a su Mayorga que, con 1.000 habitantes, equivale solo a unas cuantas manzanas de la interminable Lima. ¿Qué podía hacer en su tierra? De inmediato, pensó en la óptica, pues se había sacado el grado de óptica y optometría en la Universidad de Valladolid.

Daniel olvió a su Mayorga que, con 1.000 habitantes, equivale solo a unas cuantas manzanas de la interminable Lima

Sin embargo, para que una óptica sea viable, necesita tener un establecimiento, como mínimo, un área de influencia de 7.000 personas. “No podía tener un solo centro en Mayorga, así que pensé en otros pueblos de Tierra de Campos”, dice Daniel, que también tiene un MBA por la Universidad de Barcelona.

Entonces, a Daniel de vino a la cabeza la idea de una óptica ambulante, que vaya de pueblo en pueblo. La idea era buena, pero tenía un “pero”: las leyes no permiten que una óptica funcione de esa manera, porque debe tener un local fijo, que cumpla con las ordenanzas municipales.

Para solventar el problema, Daniel Paniagua ha abierto cuatro ópticas en Mayorga, Villalón, Villada y Valderas (de esta última, el permiso aún está en trámite). Los lunes y viernes, Daniel atiende al público Mayorga, los martes en Villalón, los miércoles en Villada y los jueves en Villarramiel.

Daniel Paniagua ha abierto cuatro ópticas en Mayorga, Villalón, Villada y Valderas

Cada día, Daniel va de un pueblo a otro en su furgoneta, que se ha convertido en su imagen de marca. La idea ha trascendido tanto que muchos se creen que su óptica es el vehículo, de tal modo que, en varias ocasiones, le han llamado las autoridades sanitarias de Castilla y León para decirle que eso está prohibido.

Pero Daniel se ríe. Cómo no reírse, si ha vuelto a su tierra, a la tranquilidad del campo, donde ejerce la profesión y donde, en ocasiones, junto a su hija puede ver a los rebaños trashumantes yendo hacia el norte. En fin, eso es vida.