Este aartículo forma parte del Cuaderno de Audiología 2026 editado por Modaengafas.
España envejece… y el silencio avanza
En apenas cuatro años, la población de entre 60 y 85 años ha pasado de unos 12,5 millones de mayores a más de 13,6 millones, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE)
FOTO: Matthew Bennett (Unsplash)
España crece. Al menos en número de habitantes. Durante el cuarto trimestre de 2025 la población aumentó en 81.520 personas y el país alcanzó los 49.570.725 residentes el 1 de enero de 2026, la cifra más alta registrada hasta ahora. Pero detrás de ese crecimiento hay una transformación silenciosa: España no solo es más grande, también es más mayor.
Los datos demográficos de los últimos años dibujan con claridad esa tendencia. Entre 2021 y 2025 el número de personas en edades avanzadas ha aumentado de forma constante. En apenas cuatro años, la población de entre 60 y 85 años ha pasado de unos 12,5 millones de mayores a más de 13,6 millones, según el dato de población continua del Instituto Nacional de Estadística (INE). Un incremento superior al 9 % que confirma algo que ya se percibe en calles, centros de salud y plazas de barrio: cada vez vivimos más años.
Las razones son conocidas. Por un lado, la esperanza de vida sigue creciendo gracias a los avances médicos, a mejores condiciones de vida y a sistemas sanitarios más eficaces. Por otro, nacen menos niños. Y cuando las generaciones jóvenes se reducen y las mayores crecen, la balanza demográfica se inclina inevitablemente hacia la longevidad.

Este envejecimiento trae consigo muchas consecuencias visibles —la presión sobre las pensiones, el aumento de la demanda sanitaria—, pero también otras más discretas, casi cotidianas, que pasan desapercibidas hasta que se instalan en la vida diaria. Una de ellas es la presbiacusia, la pérdida progresiva de audición asociada al paso de los años.
A menudo empieza de forma imperceptible. Un sonido que antes se distinguía con claridad ahora parece más lejano. Una conversación en un restaurante se vuelve difícil de seguir. Alguien repite una frase y uno se sorprende preguntando: “¿Cómo dices?”. No ocurre de golpe. Llega poco a poco.
Según el Libro Blanco de la Salud Auditiva 2026, editado por Anfia, la presbiacusia es muy frecuente: la mayoría de los adultos mayores de 60 años presenta algún grado de pérdida auditiva relacionado con la edad, aunque sea leve. El motivo está en el desgaste natural del sistema auditivo. Con el tiempo, las células del oído interno que captan los sonidos se deterioran, y el cerebro recibe señales cada vez menos nítidas.
Por eso, la presbiacusia es uno de los trastornos auditivos más comunes entre las personas mayores. Afecta especialmente a los sonidos de alta frecuencia y suele hacerse evidente en situaciones cotidianas: entender una conversación en un ambiente con ruido, distinguir ciertas palabras o seguir el hilo de una charla animada.
En una sociedad que envejece, el número de personas que conviven con este tipo de pérdida auditiva también crece. Y sus efectos no se limitan al oído. La dificultad para oír puede alterar la comunicación, reducir la participación social y, con el tiempo, afectar al bienestar emocional de quienes la padecen.
Además, el proceso suele pasar desapercibido durante años. Como la pérdida auditiva es gradual, muchas personas tardan en reconocer que algo ha cambiado. Sin embargo, los especialistas insisten en la importancia de detectarla a tiempo. Cuando el cerebro deja de recibir estímulos sonoros claros durante mucho tiempo, las conexiones neuronales relacionadas con la audición pueden debilitarse por falta de uso.
La dimensión del problema va mucho más allá de España. Las previsiones apuntan a un aumento notable en las próximas décadas. En términos generales, para 2050 se estima que cerca de 2.500 millones de personas —una de cada diez en el planeta— vivirán con algún nivel de pérdida auditiva, y al menos 700 millones necesitarán atención audiológica especializada.
El envejecimiento de la población explica parte de ese crecimiento, pero no es el único factor. El ruido constante de la vida moderna también tiene su papel. La OMS advierte de que más de 1.000 millones de jóvenes entre 12 y 35 años corren el riesgo de desarrollar pérdida auditiva evitable debido a prácticas de escucha poco seguras: auriculares a volumen excesivo o exposiciones prolongadas a entornos recreativos muy ruidosos.
Porque la pérdida auditiva no tratada afecta mucho más que a la capacidad de oír. Puede dificultar el aprendizaje, complicar la comunicación en el trabajo, reducir la productividad e incluso aumentar el riesgo de aislamiento social.
En un país que envejece, la presbiacusia se convierte así en una realidad cada vez más presente, aunque a menudo invisible. No aparece en titulares ni transforma las estadísticas de un día para otro. Pero está ahí, creciendo al mismo ritmo que la esperanza de vida. Y entenderla es también una forma de prepararse para una sociedad donde vivir más años será, cada vez más, lo normal.
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