Esta entrevista forma parte del Dossier elaborado por Modaengafas.com, con el patrocinio del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas para impulsar la profesión en España.
Andrés Gené: “Los ópticos-optometristas somos la puerta de entrada natural a la salud visual”
Andrés Gené, presidente del Coocv, habla de la importancia de la óptica y optometría, que es una profesión sanitaria con un impacto directo y muy visible en la vida de las personas, y ofrece salidas muy diversas a quienes hacen la incursión en ella: clínica, contactología, baja visión, investigación, industria, salud pública y docencia
Andrés Gené, presidente del Colegio de Ópticos-Optometristas de la Comunitat Valenciana
Pregunta: Como presidente del Colegio de Ópticos-Optometristas de la Comunitat Valenciana (Coocv). ¿Cuál diría que es hoy el mayor reto al que se enfrenta la profesión en nuestra comunidad?
Respuesta: El mayor reto es consolidar, con hechos y con reconocimiento institucional, un modelo en el que el óptico-optometrista sea profesional sanitario de referencia en la atención primaria visual, también dentro de lo público. Nuestra función no se limita a graduar: evaluamos la visión, prevenimos, detectamos signos de alarma, hacemos seguimiento y derivamos cuando procede, además de impulsar la educación sanitaria visual.
Tenemos una capilaridad única para llegar a toda la ciudadanía; pero para que ese potencial se traduzca en más salud y más equidad hacen falta protocolos compartidos, circuitos de derivación claros y una coordinación estable con sanidad y educación. La visión no es un accesorio: es salud, aprendizaje y autonomía. Desde el COOCV trabajamos a nivel autonómico en estándares, formación y diálogo institucional para hacerlo posible, y cada vez está más cerca.
P. ¿Cree que la sociedad es realmente consciente del papel sanitario que desempeñan los ópticos-optometristas, más allá de la venta de gafas o lentes de contacto?
R. Ha mejorado, pero todavía existe una percepción incompleta. Es lógico que la ciudadanía nos asocie a gafas o lentes de contacto, porque forman parte del resultado final, pero detrás hay una intervención sanitaria: evaluamos la función visual, detectamos señales de alerta, hacemos seguimiento y derivamos a atención primaria u oftalmología cuando corresponde. Y eso ocurre gracias al trabajo diario de miles de compañeras y compañeros en las ópticas: escuchan, exploran, explican, hacen seguimiento y, cuando toca, derivan con criterio.
Además, los datos disponibles indican que la gran mayoría de las revisiones visuales se realizan en establecimientos sanitarios de óptica, por accesibilidad y confianza. Esto nos convierte, para muchas personas, en el primer punto de contacto ante un problema visual, con un impacto directo en calidad de vida, seguridad al conducir y rendimiento escolar. Somos la puerta de entrada natural a la salud visual.
P. ¿Qué aportan los ópticos-optometristas al sistema sanitario que a veces pasa desapercibido para la ciudadanía y para las administraciones?
R. Aportamos tres cosas clave. Primero, prevención y detección precoz: identificamos problemas refractivos, alteraciones binoculares, signos compatibles con patología y necesidades de derivación. Segundo, seguimiento: controlamos la evolución y la adherencia a soluciones ópticas o planes de tratamiento visual. Tercero, accesibilidad y proximidad: estamos presentes en todo el territorio, con tiempos de acceso muy cortos. Ese valor no lo dan las estructuras: lo da el trabajo cotidiano del profesional en consulta, resolviendo la mayoría de las demandas frecuentes de forma segura, y orientando al paciente en cada decisión. Esto reduce carga asistencial evitable y evita que problemas sencillos se cronifiquen. La proximidad sanitaria también se mide en visión y en una buena salud visual.
La red de ópticos-optometristas, en el marco de nuestro ejercicio sanitario privado, realiza cada año millones de revisiones y consultas resolutivas, de forma cotidiana, sin listas de espera, contribuyendo así a descongestionar otros niveles asistenciales. El COOCV, en el ámbito autonómico, y el Consejo General, a nivel nacional, trabajan para que las administraciones comprendan y aprovechen plenamente este valor.
P. La salud visual está directamente relacionada con el rendimiento escolar, la productividad laboral y la calidad de vida. ¿Qué consecuencias tiene no contar con una atención optométrica accesible y de calidad?
R. Las consecuencias son muy concretas y, a menudo, evitables. En escolares, una visión no corregida o un problema binocular puede traducirse en dificultades de lectura, menor concentración y peor rendimiento. En adultos, aumenta la fatiga visual, los errores en tareas de precisión y el riesgo en conducción o en el entorno laboral. Y en mayores, una visión insuficiente se asocia a más caídas, pérdida de autonomía e incluso aislamiento.
Cuando la atención optométrica no es accesible o no llega a tiempo, se retrasa la detección de casos que requieren derivación y se incrementa la presión sobre otros niveles asistenciales. Además, en enfermedades crónicas como la diabetes, las revisiones periódicas son clave para identificar señales precoces de complicaciones oculares y derivar cuando procede. La buena noticia es que muchas de estas situaciones se previenen o se corrigen con intervención temprana y seguimiento.
P. ¿Qué papel están desempeñando los ópticos-optometristas en la implementación del Plan VEO?
R. El Plan VEO es una medida de salud pública del Ministerio de Sanidad, que cuenta con la colaboración del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, orientada a reducir barreras económicas y facilitar que niños y adolescentes accedan a una compensación visual adecuada en una etapa clave para el aprendizaje. En la Comunitat Valenciana, la adhesión de más de 780 ópticas y 1.500 ópticos-optometristas aporta una cobertura territorial amplia para llegar a más familias. Ese despliegue se traduce en atención real visual positiva porque hay profesionales concienciados ‘a pie de consulta’ que aplican criterios homogéneos, explican opciones a las familias y garantizan seguimiento.
Detectar y actuar a tiempo es invertir en aprendizaje y bienestar. Desde todos los Colegios de Ópticos-Optometristas, en coordinación con el Consejo General, acompañamos la iniciativa del Ministerio de Sanidad con soporte técnico, formación y mensajes basados en evidencia para que el plan sea eficaz y sostenible.
P. Desde el Consejo, ¿cómo se está coordinando el trabajo de los profesionales con la administración educativa y sanitaria para que el Plan VEO tenga un impacto real?
R. Nuestra prioridad es que el Plan VEO tenga estándares, trazabilidad y continuidad, no solo intención. Por eso se trabaja con la administración para armonizar criterios de actuación, definir canales de comunicación claros con centros y familias y asegurar un marco de calidad y seguridad asistencial que pueda mantenerse en el tiempo. La coordinación sirve para que el profesional, en su día a día, tenga criterios claros y un marco seguro para actuar igual de bien en cualquier punto de España.
En paralelo, impulsamos formación continuada y buenas prácticas para que la intervención sea homogénea, basada en evidencia y centrada en el alumno. Y defendemos un modelo de colaboración optometría–oftalmología: el óptico-optometrista resuelve muy bien las necesidades funcionales, que son la inmensa mayoría, y deriva con rapidez los casos que requieren atención médica especializada. Cuando educación y sanidad se coordinan, el niño gana. Además, desde el COOCV participamos en este enfoque impulsado por el Consejo General, junto con el resto de los Colegios, para alinear mensajes y reforzar la deontología profesional.
P. ¿Qué primeros resultados o aprendizajes destacaría tras la puesta en marcha del Plan VEO en la Comunitat Valenciana?
R. Con los datos disponibles y a falta de una evaluación consolidada, el principal aprendizaje es que la salud visual infantil necesita acceso temprano: retrasar la compensación visual en edades clave no es neutro, impacta en aprendizaje y bienestar. También se confirma algo que ya sabíamos: muchas dificultades de aprendizaje o de rendimiento se benefician de una evaluación visual adecuada y temprana. Otro aprendizaje es la necesidad de medir: no basta con actuar, hay que recoger indicadores (cobertura, tiempos, derivaciones, adherencia, resultados) para mejorar este novedoso programa de salud pública. A nivel nacional, el volumen de atenciones realizadas hasta la fecha confirma la necesidad y la idoneidad de la implantación del Plan VEO. Desde el COOCV, una vez recopilados estos indicadores, los trasladaremos al ámbito autonómico para tener unos indicadores referentes.
P. ¿Cree que iniciativas como esta refuerzan la idea del óptico-optometrista como profesional sanitario de proximidad?
R. Sin duda. La proximidad no es solo geográfica, es capacidad de dar respuesta temprana, con calidad y con continuidad. La proximidad se construye cada día en la consulta: con tiempo de calidad, seguimiento y educación sanitaria adaptada a cada familia. Programas como el Plan VEO demuestran que el óptico-optometrista a pie de calle puede integrarse en soluciones colectivas de salud pública: detectar precozmente, orientar a las familias, intervenir a tiempo y, cuando proceda, coordinar las derivaciones necesarias. Esto mejora resultados y reduce desigualdades, porque acerca la atención visual a quien más la necesita. Además, refuerza una visión moderna del sistema sanitario: equipos multidisciplinares donde cada profesional aporta, desde su independencia, su competencia específica sin solapamientos ni confrontación.
Además, sabemos que la red de establecimientos sanitarios de óptica es una puerta de entrada de referencia para la ciudadanía, por cercanía y confianza. El modelo correcto es complementario y necesario: la optometría no sustituye a oftalmología, la optimiza.
P. En un momento en el que muchas profesiones sanitarias compiten por atraer vocaciones, ¿por qué un joven debería plantearse estudiar Óptica y Optometría?
R. Porque es una profesión sanitaria con un impacto directo y muy visible en la vida de las personas. Sirva de ejemplo que ayudamos a que un niño lea y aprenda mejor, a que un adulto trabaje y conduzca con mayor seguridad o a que una persona mayor mantenga su autonomía. Aprender, rendir y envejecer con calidad depende, en gran medida, de ver bien. Mejorar la visión es mejorar las oportunidades de las personas.
Además, es una disciplina con una base científica, tecnológica y clínica que evoluciona rápido: instrumentación diagnóstica avanzada, nuevas soluciones ópticas y un enfoque cada vez más integral. Hoy la optometría va mucho más allá de “graduar”: incluye lentes de contacto, rehabilitación visual (baja visión y terapia visual) y educación sanitaria.
Y ofrece salidas muy diversas: clínica, contactología, baja visión, investigación, industria, salud pública y docencia. También tiene un valor social claro: contribuir a reducir desigualdades por causa visual, especialmente en infancia y colectivos vulnerables.
P. ¿Piensa que existe un desconocimiento general sobre el contenido real de la carrera y las salidas profesionales que ofrece?
R. Sí, existe y es un reto que debemos abordar. Lo veo también desde mi experiencia como docente en la Universitat de València: aún hay estudiantes y familias que desconocen el componente sanitario y clínico real del grado. Muchas personas no saben que Óptica y Optometría es un grado universitario sanitario con una formación sólida en anatomía y fisiología ocular, evaluación de la función visual, lentes de contacto, visión binocular, rehabilitación visual (baja visión y terapia visual) y criterios de detección y derivación cuando hay señales que requieren atención médica.
Tampoco se conoce la amplitud de salidas: además del ejercicio clínico mayoritario en establecimientos sanitarios de óptica, hay investigación, docencia, industria y desarrollo de producto, salud pública, gestión clínica, prevención y educación sanitaria, así como participación en programas escolares. Desde el Consejo General y todos los Colegios de Ópticos-Optometristas trabajamos en la divulgación y orientación vocacional para que los jóvenes decidan con información completa y se entienda el valor diferencial de ser profesionales de primera línea en salud visual.
P. ¿Qué mensaje le daría a un estudiante que duda entre varias carreras sanitarias y todavía no conoce el valor diferencial de la optometría?
R. Le diría que piense en el tipo de impacto que quiere generar. Si le motiva la prevención, el contacto directo con las personas y ver resultados concretos en su día a día, la optometría es una opción excelente. Estamos en un punto clave de la atención primaria visual: evaluamos la función visual, prevenimos, detectamos precozmente, hacemos seguimiento y, cuando aparecen signos que requieren otra atención, derivamos al circuito correspondiente con criterio.
Eso se traduce en beneficios muy tangibles: un niño que lee y aprende mejor, un adulto que trabaja o conduce con mayor seguridad o un mayor que mantiene autonomía. Además, es un ámbito donde la tecnología y la evidencia avanzan rápido, lo que abre puertas a especialización (contactología, control de miopía, terapia visual, baja visión) y exige un aprendizaje continuo que es, precisamente, parte del atractivo de la profesión.
P. ¿Cómo imagina la profesión dentro de 10 o 15 años en un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de problemas visuales?
R. La imagino más integrada, más protocolizada y orientada a resultados en salud. Desde la universidad ya vemos ese cambio: más tecnología, más evidencia y más necesidad de integrar la optometría en equipos asistenciales, y en potenciar el papel sanitario de las ópticas. El envejecimiento incrementará la demanda de controles visuales, baja visión, ayudas ópticas y seguimiento continuado, y el entorno digital consolidará retos como la fatiga visual y la necesidad de educación sanitaria para un uso más saludable de pantallas.
También tendrá más peso la cronicidad: en enfermedades como la diabetes, la prevención y la detección precoz de complicaciones oculares exigen un trabajo coordinado y ágil entre profesionales. Veremos más herramientas de diagnóstico funcional, más apoyo digital en determinados procesos y circuitos de derivación más fluidos.
Pero el núcleo seguirá siendo el mismo: atención primaria visual de proximidad, prevención, seguimiento y derivación cuando corresponda. El gran reto será la equidad, y ahí el papel del Consejo y de los Colegios será aún más relevante para garantizarla.
P .Para terminar, ¿qué necesitaría la óptica y la optometría —a nivel social, institucional y académico— para ocupar el lugar que realmente merece dentro del sistema sanitario?
R. Necesitamos tres palancas. Social, más alfabetización en salud visual: entender que revisarse la visión es prevención sanitaria, no solo “ponerse gafas”, y que muchos problemas se pueden detectar antes de dar síntomas o condiciones que afecten al aprendizaje, al trabajo o a la autonomía. Institucional, reconocimiento operativo: integrar al óptico-optometrista en programas y circuitos asistenciales, con colaboración estable con sanidad y educación, protocolos de coordinación y evaluación con indicadores para medir impacto y mejorar. Y académica, una formación continua alineada con las necesidades reales poblacionales: envejecimiento, digitalización, cronicidad y práctica clínica basada en evidencia. En salud pública, llegar tarde es perder oportunidades. La salud visual es una inversión inteligente para el sistema, nuestra sociedad y para la ciudadanía. Todos los Colegios, respaldados por el Consejo General, seguiremos impulsando la deontología, la ética, la calidad y el diálogo institucional para que la profesión pueda aportar todo su potencial en salud. Todo ello, siempre con el objetivo de situar a las personas y la mejor atención visual en el centro de nuestra actuación profesional.
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