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12/01/2026

Talleres de negocio natural

Un sentido común que nos dice que si estas estrategias funcionasen, la mayoría de los ópticos optometristas y médicos oftalmólogos nos dedicaríamos a ponerlas en práctica en nuestras consultas

FOTO: Getty Images vía Unsplash

El gran negocio de la pseudoterapias visuales no son los beneficios obtenidos por los tratamientos en sí, sino por los obtenidos a través de los talleres y cursos de formación para ponerlos en práctica, entre otras cosas porque los primeros » funcionan» en muy pocos casos.

Ponemos las comillas porque las supuestas mejoras, sin explicación razonada, se deben a la fe ciega o al efecto placebo.

Si a un miope informático, de poca graduación y no conductor por ejemplo, se le recomienda que abandone totalmente sus gafas después de unas cuantas sesiones de terapia alternativa, seguirá sin tener problemas en su entorno habitual.

Si por la calle tiene que ir con los ojos, como si tuviera estreñimiento, para no confundir a su compañera de trabajo con el maniquí de la tienda de modas de la acera de enfrente, tampoco le resulta demasiado problema porque no le afecta en su día a día; sin embargo su miopía sigue estando ahí.

Lo mismo podrá suceder en una persona miope sobregraduada que, después de sugerirle un menor uso de las gafas, recupera su estado de miopía real y lo que se hubiera resuelto con un buen examen visual en media hora, se convierte en una larga estrategia devoradora de dinero, constancia y tiempo.

Si además, resulta que concurren circunstancias coincidentes con el seguimiento pseudoterápeutico visual, como la aparición de una catarata que determina la miopización de un ojo por el efecto de densificación del cristalino, la persona présbita descubre que puede ver de cerca sin gafas sin ser consciente que usa el ojo miope.

Finalmente encontramos la persona que, sin padecer ninguna disfunción refractiva, binocular, motriz o perceptiva, acaba convencida de una mejora visual extraordinaria que le abre la mente y el espíritu: creer para ver. Sin duda son los y las mejores apóstoles de las pseudoterapias visuales porque realmente se lo creen.

Estos casos excepcionales, por obra y arte de un marketing millonario tan hábil como poco escrupuloso, se convierten en habituales a través de la redes y de la mano se supuestos expertos, algunos y algunas presumiendo de doctorados en ámbitos que nada tienen que ver con las Ciencias de la Visión y que ya procuran no especificar.

Un cóctel para los potenciales devotos de las soluciones mágicas que está servido en toda su gloria y esplendor.

Añadimos la guinda final del discurso de fondo, sobre los grandes núcleos de poder, promovidos por el contubernio formado por los profesionales colegiados de la visión y sus oscuros intereses, capaces de desprestigiar y ocultar unas estrategias de tratamiento que acabarían con todos los problemas visuales de la humanidad.

Por suerte no acabarían con el sentido común (esperemos).

Un sentido común que nos dice que si estas estrategias funcionasen, la mayoría de los ópticos optometristas y médicos oftalmólogos nos dedicaríamos a ponerlas en práctica en nuestras consultas, o bien nos dedicaríamos a otras cosas.

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