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Evolución del manejo de la miopía y estrategias actuales de control

Con el aumento de la miopía en la población infantil y la prevalencia de miopía más elevada a edades más tempranas, se hizo evidente la necesidad de intervenir sobre los mecanismos que regulan el crecimiento ocular

Una niña con miopía se prueba unas gafas en una óptica. FOTO: Getty Images

Esta artículo forma parte del Cuaderno de Salud Visual 2026 editado por Modaengafas.com.

La miopía se ha convertido en uno de los principales retos de la salud visual global. En las últimas décadas, su prevalencia ha aumentado de forma significativa, especialmente en la población infantil, lo que ha impulsado por necesidad, el desarrollo de nuevas estrategias clínicas orientadas no solo a corregir el error refractivo, sino también a controlar la progresión del crecimiento axial del ojo. Este cambio de enfoque ha marcado la evolución del área de gestión de la miopía: pasar de la corrección óptica convencional a la intervención preventiva basada en la evidencia científica.

De la corrección refractiva al control de la progresión

Durante gran parte del siglo XX, el manejo de la miopía se limitó a la compensación óptica mediante gafas o lentes de contacto. Estas soluciones permitían una visión nítida, pero no modificaban la progresión del defecto refractivo. Con el aumento de la miopía en la población infantil y la prevalencia de miopía más elevada a edades más tempranas, se hizo evidente la necesidad de intervenir sobre los mecanismos que regulan el crecimiento ocular.

En paralelo, las lentes oftálmicas experimentaron una evolución importante en materiales e índices de refracción, orientada esta evolución a mejorar la estética y el confort del usuario. La transición desde las lentes minerales hacia materiales orgánicos de índice medio y alto (1.60, 1.67, 1.74) permitió fabricar lentes más delgadas y ligeras, reduciendo el grosor del borde en miopías elevadas y mejorando la apariencia final de las gafas. Este avance tecnológico facilitó la aceptación de la corrección óptica, especialmente en usuarios jóvenes, aunque su objetivo principal fue siempre la optimización estética y la comodidad, más que la modificación de la progresión miópica.

La investigación sobre la fisiología visual (funcionamiento del sistema visual) y el desenfoque periférico, proporcionó posteriormente nuevas bases teóricas para el control de la miopía. Se planteó que la retina periférica desempeña un papel relevante en la regulación del crecimiento axial, lo que abrió la puerta a intervenciones ópticas más específicas.

Estos planteamientos iniciales se apoyaron en investigaciones experimentales previas sobre el desarrollo ocular. Investigadores como Smith, Harwerth, Crawford y von Noorden (1987) confirmaron que el alargamiento excesivo del globo ocular constituye la base estructural del aumento de la miopía, reforzando la idea de que la progresión miópica no depende únicamente de factores refractivos, sino de procesos de crecimiento ocular regulados por estímulos visuales. Estos trabajos contribuyeron a consolidar el concepto de la miopía como un proceso activo y modulable, y no simplemente como un defecto óptico estático.

Ortoqueratología

Uno de los métodos más consolidados es la ortoqueratología (orto-k), técnica que emplea lentes de contacto rígidas permeables al gas diseñadas para moldear temporalmente la córnea durante el sueño. Inicialmente concebida como una alternativa no quirúrgica para la compensación de la miopía, esta técnica demostró con el tiempo un potencial adicional en el control de la progresión miópica.

Parte de este avance surgió de la propia observación clínica. Durante años se utilizó un sistema de ortoqueratología cuyo objetivo principal era la compensación refractiva, no el control de la progresión de la miopía. Sin embargo, el seguimiento de pacientes pediátricos permitió comprobar que la miopía progresaba más lentamente de lo esperado. Aquello supuso un punto de inflexión: después de años buscando una forma de evitar que la miopía aumentara sin control, se observó que ya existía una herramienta clínica que estaba produciendo ese efecto. Esta constatación impulsó la investigación sobre los mecanismos ópticos implicados, especialmente el papel del desenfoque periférico miópico, y marcó el inicio de una nueva etapa en la gestión de la miopía.

Actualmente, múltiples estudios clínicos a nivel mundial han confirmado que la ortoqueratología reduce la velocidad de crecimiento axial, especialmente cuando se inicia en edades tempranas.

Tratamiento farmacológico: atropina a baja concentración

El uso de atropina tópica a bajas concentraciones representa uno de los avances más relevantes en el control de la miopía. Ensayos clínicos internacionales han demostrado que concentraciones bajas pueden disminuir significativamente la progresión miópica con efectos secundarios mínimos, lo que ha favorecido su incorporación progresiva a la práctica clínica.

Hoy en día, la atropina de baja dosis se considera una herramienta terapéutica complementaria dentro de los programas de control de la miopía infantil. Tras años de investigación, en general, el consenso actual es que la atropina en concentraciones bajas (0,01% – 0,05%) es una intervención segura y moderadamente eficaz para el control de la miopía en niños. Concentraciones más altas ofrecen mayor eficacia, pero se incrementan los efectos secundarios que pueden no ser bien tolerados por el paciente. Todos estos hallazgos tienen un gran respaldo científico con numerosos ensayos clínicos y metaanálisis.

Lentes de contacto para control de miopía

El desarrollo de lentes de contacto blandas con diseños específicos de desenfoque periférico ha ampliado las opciones disponibles. Estas soluciones buscan modificar la información visual periférica que recibe la retina para reducir el estímulo de crecimiento axial, consolidando el papel de la óptica fisiológica en la gestión activa de la miopía.

Lentes oftálmicas para control de miopía

Los diseños de lentes oftálmicas para control de miopía se basan en un principio común: además de corregir el error refractivo central, generan un desenfoque miópico periférico o una señal de control del crecimiento ocular que reduce el estímulo de elongación axial. Este desarrollo deriva de la evidencia experimental y clínica que demuestra que la retina periférica participa activamente en la regulación del crecimiento del ojo.

Terapias combinadas y personalización del tratamiento

La tendencia actual en la gestión de la miopía apunta hacia la combinación de tratamientos y la personalización terapéutica. La combinación de intervenciones ópticas y farmacológicas puede producir un efecto complementario en la reducción de la progresión axial, reflejando la transición desde protocolos muy uniformes hacia estrategias más abiertas y adaptadas al perfil de riesgo de cada paciente.

Perspectivas futuras

En los últimos años, la terapia con luz roja de baja intensidad ha comenzado a estudiarse como una posible estrategia para el control de la miopía. Los primeros resultados sugieren que podría ayudar a ralentizar el crecimiento del ojo en niños, aunque todavía se trata de una línea de investigación reciente y se necesitan más estudios para confirmar su eficacia y seguridad a largo plazo.

El futuro del control de la miopía se orienta hacia la detección precoz, la predicción de la progresión y el desarrollo de nuevas tecnologías ópticas y farmacológicas. La investigación en áreas como la inteligencia artificial, la genética y la biomecánica ocular podría permitir identificar a los pacientes con mayor riesgo y aplicar intervenciones más precisas y tempranas.

La realidad es que en la actualidad, el control de la miopía se entiende como un proceso continuo, de acompañamiento al paciente,  que combina prevención, seguimiento clínico y tratamiento activo, integrando optometría y oftalmología en un modelo de atención más preventivo que correctivo.

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María de Blas Alonso
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