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02/02/2026

Los diez mandamientos del examen optométrico

Por esa razón no pueden existir visitas básicas y visitas “premium”, solo una y completa

Una niña pasa por un examen visual. FOTO: Getty Images vía Unsplash

En un mundo de distancias cortas los conflictos visuales de cerca pueden estar presentes a todas las edades. Es un error pensar que solo los présbitas tienen derecho a padecer problemas acomodativos o que solo son relevantes las disfunciones binoculares evidentes.

Podemos encontrar jóvenes estudiantes con salud ocular, de vías ópticas y áreas visuales buena, con agudeza visual unidad o superior, emétropes y ortofóricos con una baja amplitud acomodativa que, a su vez, reduce el arrastre de la convergencia asociada, provocando una visión de cerca incómoda y poco eficiente.

No manifiestan diplopía ni necesariamente expresan visión borrosa o inestable, simplemente pierden sus hábitos lectores y acaban dejando de estudiar a la mínima de cambio.

Por esa razón no pueden existir visitas básicas y visitas “premium”, solo una y completa, porque de lo contrario se escaparán condiciones con un agravante importante: una visita básica podrá enterrar anomalías que cerrarán la puerta a su presencia como disfunción visual, extendiendo la normalidad de una parte a la del conjunto.

¿Cuántas veces un examen visual infantil incompleto (solo refracción de lejos y con un poco de suerte cover test rápido) determina que el niño o niña, con problemas de lectura, se vea (nunca mejor dicho) obligado a pasar por un largo peregrinaje entre pedagogos, psicólogos logopedas y propuestas pseudocientíficas, hasta volver al origen y tener la fortuna de ir a un especialista visual que, gracias a aplicar los protocolos de examen completos, descubre que cierra un ojo para leer?

Etiquetas: Examen optométrico
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