Inicio SALUD VISUAL La miopía, una pandemia apuntalada por otra pandemia (la de la covid-19)

La miopía, una pandemia apuntalada por otra pandemia (la de la covid-19)

El uso intensivo de dispositivos digitales está poniendo en riesgo la salud visual de los niños. FOTO: Igor Starkov (Unsplash)

Este artículo forma parte del Cuaderno de la óptica, salud visual de audiología, un monográfico editado por Modaengafas.com, que está centrado en la miopía, una de las pandemias del siglo XXI.

Marzo de 2020. El Sars-COV-2 ha traspasado las fronteras de China y avanza por el mundo a una velocidad inusitada, dejando a su paso miles de muertos y unas economías colapsadas. Parece el argumento de una novela de ciencia ficción, una distopia en toda la extensión de la palabra escrita por George Orwell, Paolo Bacigalupi o el mismísimo Philip K. Dick.

Por aquellos días, nadie sospechaba el alcance que tendría la crisis sanitaria provocada por la covid-19 (en ese momento solo lo llamábamos “coronavirus”, así, a secas). El gobierno de España decretó un confinamiento de 15 días que después, como suele suceder con las pesadillas, se prolongó por más tiempo.

Entonces, el teletrabajo y las clases online se convirtieron en el pan nuestro de cada día. Y, ante la prohibición de salir a las calles, las tablets y los móviles también se transformaron en nuestra principal diversión para matar las horas. Sí, llovía sobre mojado (trabajábamos con dispositivos digitales y después, cuando plegábamos, nos entreteníamos con ellos).

El teletrabajo y las clases online se han intensificando con la pandemia de la covid-19. FOTO Anna Spratt (Unplash)

ANTES DE LA COVID-19

Antes de la covid-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) había advertido, a través de un informe, de que la miopía es una de las pandemias que azotarán a la humanidad en el siglo XXI y que, para 2050, más de la mitad de la población tendrá problemas de salud visual.

A escala global, por lo menos 2.200 millones de personas tienen deficiencia visual o ceguera, de las cuales al menos 1.000 millones tienen una deficiencia visual que podría haberse evitado o que aún no ha sido tratada.

A escala global, por lo menos 2.200 millones de personas tienen deficiencia visual o ceguera

“La carga de enfermedades oftalmológicas y deficiencias visuales no afecta a todas las personas por igual: a menudo afecta mucho más a las personas que viven en zonas rurales, a aquellas con bajos ingresos, a las mujeres, a las personas mayores, a las personas con discapacidad, a las minorías étnicas y a las poblaciones indígenas”, dice el informe.

Si nos referimos a la miopía de manera concreta, su prevalencia es mayor en los países de ingresos altos de la región de Asia y el Pacífico (53,4%), seguidos de cerca por Asia oriental (51,6%), mientras que en las estimaciones de los países entre los adolescentes de las zonas urbanas de China y Corea del Sur se han registrado tasas de hasta el 67% y el 97%, respectivamente.

PROBLEMAS VISUALES Y FINANZAS

De hecho, la crisis mundial de la salud visual demanda ingentes recursos para tratar a los grupos de población afectados. En concreto, se necesitan 14.300 millones de dólares para atender las necesidades de atención insatisfechas de las personas que viven con deficiencia visual o ceguera debido a la miopía, la hipermetropía y las cataratas.

Una de las principales causas de la ceguera es la miopía, que va en incremento debido a los nuevos hábitos de la población

La deficiencia visual también supone una enorme carga financiera a escala mundial, tal como quedó demostrado en una investigación -divulgada también por la OMS- que estimó los costes de la pérdida de productividad. Por ejemplo, el coste anual de la deficiencia visual moderada a grave variaba entre 100 millones de dólares en Honduras y 16.500 millones de dólares en los Estados Unidos, mientras que los costes anuales mundiales de la pérdida de productividad vinculada únicamente con la deficiencia visual por miopía y presbicia no corregidas se estimaron en 244.000 millones de dólares y 25.400 millones de dólares, respectivamente. Cabe destacar, en particular, que la carga económica de la miopía no corregida en las regiones de Asia oriental, Asia meridional y Asia sudoriental es más del doble que la de otras regiones y equivale a más del 1% del producto interno bruto.

LA GRAVEDAD DE LA MIOPÍA

Una de las principales causas de la ceguera es la miopía, enfermedad que va en incremento debido a los nuevos hábitos de la población. La gente, cada vez más, realiza sus actividades en espacios interiores, provocando que la miopía vaya en franco crecimiento.

La situación es grave a pesar de que, gracias a las medidas que se han adoptado en los últimos 30 años, se han logrado avances en muchos ámbitos. En 1999, la Iniciativa Mundial para la Eliminación de la Ceguera Evitable, Visión 2020: El derecho a ver, intensificó los esfuerzos globales de promoción, fortaleció los programas nacionales de prevención de la ceguera y contribuyó a la elaboración de planes nacionales de atención oftalmológica.

Sin embargo, tras los confinamientos decretados por diversos gobiernos para frenar la pandemia de la covid-19, la salud visual de las personas se quebrantó todavía más.

En el caso concreto de España, un informe de Visión y Vida señala que la vista del 23,9% de la población española empeoró durante la cuarentena.

Este cuadro refleja refleja cómo ha afectado la cuarentena en la visión de la población.

“Tres de cada cuatro (77,4%) adolescentes y seis de cada diez (63,3%) personas de entre 40 y 50 años (jóvenes présbitas) han sido diagnosticados por su óptico-optometrista con un empeoramiento de su visión tras el confinamiento”, dice en el informe de Visión y Vida.

Durante el confinamiento, “prácticamente todos los adultos de España (94,6%) han incrementado el tiempo destinado a pantallas en este tiempo. Concretamente, siete de cada diez adultos han duplicado el tiempo pasado ante ordenador, tablet o móvil (77,2%”).

La problemática no se queda ahí, sino que más de la mitad de los niños de España (50,3%) ha estado entre cuatro y ocho horas ante pantallas en estos cien días y que dos de cada diez (22,1%) han estado más de ocho horas. Este dato preocupa sobremanera a la comunidad de profesionales de la salud visual.

De esta manera, queda un largo trecho por recorrer para frenar la pandemia que, probablemente, echará raíces más profundas sin la población no cambia sus hábitos y los confinamientos, aunque sea parciales, continúan en marcha.