La fatiga visual digital podría dejar de diagnosticarse únicamente a partir de los síntomas que describen los pacientes. Un equipo de investigadores de la Universidad de Granada y de la Universidad Estatal de Nueva York ha identificado cinco biomarcadores en la lágrima que aumentan tras la exposición a pantallas electrónicas, un hallazgo que abre la puerta al desarrollo de pruebas objetivas para detectar esta alteración, cada vez más frecuente en una sociedad dominada por el uso de dispositivos digitales.
La lágrima abre una nueva vía para diagnosticar la fatiga visual provocada por las pantallas
El trabajo, publicado en la revista científica Contact Lens and Anterior Eye, supone un paso adelante en la comprensión del denominado síndrome visual informático
FOTO: Thomas Claeys vía Unsplash
El trabajo, publicado en la revista científica Contact Lens and Anterior Eye, supone un paso adelante en la comprensión del denominado síndrome visual informático, una condición que provoca síntomas como sequedad ocular, visión borrosa, picor, escozor, dificultad para enfocar, cefalea y cansancio visual, pero cuyo diagnóstico continúa basándose principalmente en cuestionarios subjetivos.
Para llevar a cabo la investigación, los científicos analizaron a 24 adultos jóvenes, de entre 18 y 30 años, que realizaron varias sesiones de lectura durante 30 minutos en pantalla y en papel, con distintos niveles de exigencia cognitiva. Tras cada prueba recogieron muestras de lágrima mediante un procedimiento no invasivo y analizaron doce biomarcadores relacionados con procesos inflamatorios, además de evaluar los síntomas experimentados por los participantes.
Los resultados mostraron que la lectura en dispositivos electrónicos provocó un aumento significativo de cinco moléculas: IL-1α, IL-6, IL-8, TGF-α y TNF-β, todas ellas implicadas en procesos de inflamación, respuesta inmunitaria y reparación tisular. Además, los niveles de IL-8 y TNF-β aumentaron especialmente cuando la tarea requería una mayor concentración, lo que indica que la carga cognitiva también influye en la respuesta fisiológica del ojo.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que la concentración de algunos de estos biomarcadores se relacionó directamente con la intensidad de las molestias descritas por los participantes. Cuanto mayor eran las alteraciones detectadas en la composición de la lágrima, más intensos resultaban síntomas como la visión borrosa, la dificultad para reenfocar o el cansancio ocular.
Los investigadores apuntan que esta respuesta inflamatoria podría estar relacionada con la disminución de la frecuencia del parpadeo durante el uso de pantallas. Parpadear menos y de forma incompleta favorece la evaporación de la película lagrimal y la irritación de la superficie ocular. A ello se suman otros factores como el brillo, el contraste, la iluminación ambiental y la elevada demanda visual que exigen muchas tareas digitales.
El estudio adquiere especial relevancia en un contexto en el que el tiempo de exposición a ordenadores, teléfonos móviles y tabletas continúa aumentando en todas las franjas de edad. Para los autores, disponer de marcadores biológicos objetivos permitirá comprender mejor la fisiología de la fatiga visual digital, mejorar su diagnóstico y facilitar el desarrollo de nuevas estrategias preventivas y terapéuticas.
Aunque serán necesarios nuevos estudios con muestras más amplias para validar estos resultados, la investigación representa uno de los avances más prometedores de los últimos años en un problema que afecta de forma creciente a estudiantes, trabajadores y usuarios intensivos de dispositivos electrónicos.
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