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De un despacho de cuatro metros cuadrados a 70 países: IoT cumple 21 años

En 2010, IoT estableció su sede central para Norteamérica en el sur de California, en colaboración con Younger Optics. La relación con la compañía estadounidense se convirtió en una pieza importante para su expansión internacional

Foto tomada de laa web de IoT.

Por Modaengafas - 17/09/2026

Hay historias empresariales que empiezan con una gran inversión, una fábrica o un ambicioso plan de expansión. La de IoT comenzó de otra manera: entre universidades, investigación, conversaciones y una pequeña oficina de apenas cuatro metros cuadrados en las afueras de Madrid.

Veintiún años después, aquel proyecto tiene presencia en más de 70 países, trabaja con más de 400 socios en todo el mundo y su tecnología está detrás de la producción de 35 millones de lentes al año. La compañía cuenta además con tres oficinas globales, dos de ellas en Estados Unidos y una en Madrid.

El camino hasta aquí comenzó incluso antes de que existiera IoT. Los orígenes se remontan a 2001, cuando Daniel Crespo terminó su doctorado en óptica aplicada y puso en marcha una empresa especializada en software de cálculo y simulación. Cuatro años después, en 2005, tras superar numerosos retos científicos y técnicos, regresó al mismo departamento universitario donde había obtenido su doctorado.

Allí volvió a encontrarse con dos personas fundamentales en su trayectoria académica: José Alonso, profesor de óptica y optometría y director de su tesis, y Juan Antonio Quiroga, su antiguo mentor y colaborador en física.

Y entonces llegó una conversación que dio pie a la creación de IoT. No ocurrió en un laboratorio ni en una sala de reuniones. Fue en la cafetería de la universidad.

José Alonso llevaba tiempo pensando en la posibilidad de crear una empresa junto a Daniel Crespo y Juan Antonio Quiroga. El sector de las lentes oftálmicas estaba, además, ante un cambio tecnológico que abría nuevas posibilidades.

Hasta entonces, las lentes se desarrollaban sobre superficies esféricas con simetría rotacional. Pero Alonso puso sobre la mesa una tecnología que acababa de aparecer: la tecnología de forma libre, que permitía fabricar cualquier superficie.

La oportunidad estaba delante de ellos. Si eran capaces de desarrollar el software adecuado, podrían ofrecer por primera vez sus propias lentes personalizadas. Habían encontrado su nicho de mercado.

Del laboratorio a la empresa

Convertir una idea científica en una compañía exigía, sin embargo, atravesar una frontera desconocida para aquellos investigadores: la del mundo empresarial.

La Fundación Parque Científico de Madrid (FPCM), creada por la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad Complutense de Madrid, desempeñó un papel importante en aquella transición. Les ayudó a dar el salto desde el ámbito académico, a desarrollar el plan de negocio e incluso a obtener financiación.

El conocimiento científico estaba ahí. Ahora había que transformarlo en un modelo empresarial. Y aprendieron sobre la marcha. Con una experiencia limitada en el mundo de los negocios, decidieron escuchar. A los empleados. A los clientes. A quienes se incorporaban al equipo. Al propio mercado.

Tenían una visión y pusieron en ella entusiasmo, pasión y esfuerzo. En menos de tres años, la primera versión de IoT Freeform Designer estaba preparada para salir al mercado. A partir de ahí comenzó otra historia.

Los primeros años estuvieron muy lejos de la dimensión internacional que hoy tiene la compañía. La primera oficina de IoT se encontraba en las afueras de Madrid y apenas tenía cuatro metros cuadrados.

Es quizá la imagen que mejor permite medir el camino recorrido. De aquel diminuto espacio, la empresa pasó a instalarse en el centro de Madrid y a extender su actividad al otro lado del Atlántico.

En 2010, IoT estableció su sede central para Norteamérica en el sur de California, en colaboración con Younger Optics. La relación con la compañía estadounidense se convirtió en una pieza importante para su expansión internacional.

Y pensar que lo que es hoy IoT empezó con una pregunta relativamente sencilla: qué ocurriría si aprovechaban una nueva tecnología y eran capaces de desarrollar el software adecuado.

Etiquetas: IOT
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