Esta entrevista forma parte del Cuaderno de Innovación editado por Modengafas.com.
Begoña Gacimartín: “Las herramientas nuevas solo son útiles cuando encajan dentro de un razonamiento clínico sólido”
Begoña Gacimartín, una de las fundadoras de OptometrIA al Cubo³, cree de manera firme en la tecnología, la que debe guiar, pero nunca sustituir el vínculo entre el profesional y el paciente
Begoña Gacimartín, una de las fundadoras de OptometrIA al Cubo³.
Pregunta: Usted empezó su formación en óptica y optometría hace mucho tiempo. ¿Qué le impulsó inicialmente a entrar en esta profesión y cómo fue ese primer momento de su carrera?
Respuesta: Llegué a la optometría por una carambola del destino. Por circunstancias familiares tenía que cursar una carrera corta. A los 18, yo quería estudiar imagen y sonido, y dirigir películas… no era una opción para mis padres, y entre química, veterinaria y óptica, opté por la última. Creo que el sistema te hace elegir demasiado pronto, no hay la suficiente madurez, o al menos en mi caso en aquel momento. Siempre he criticado que primero de óptica alejaba en aquel tiempo a muchos estudiantes de la optometría… física, matemáticas, óptica geométrica, química, dibujo, biología… ya veníamos de un COU muy similar y si seguí fue por la tenacidad de mi madre y por no abandonar lo que había empezado… eso cambió de modo radical cuando empezamos a estudiar la optometría.
P. Con el paso de los años, ¿cuál considera que ha sido el cambio más significativo en la profesión de óptico-optometrista?
R. El cambio más grande ha sido, pese a la discrepancia que existe en este sentido, que la optometría dejó de ser percibida como algo solo relacionado con “me hago unas gafas” y empezó a consolidarse como una profesión sanitaria con identidad propia. Hoy hablamos de protocolos clínicos, evidencia científica, neurociencia, evaluación funcional de la visión y tecnología de altísimo nivel. Esa evolución ha sido apasionante, aunque todavía queda camino por recorrer para que la sociedad entienda todo lo que aporta la optometría, y que una óptica no es una “tienda”, sino un establecimiento sanitario.
P. Con la irrupción de nuevas tecnologías (IA, realidad aumentada, wearables) en la salud visual, ¿qué recomendaciones daría a los profesionales que quieren estar al día y no quedarse atrás?
R. Que pierdan el miedo a lo desconocido. La tecnología no viene a sustituirnos, viene a ampliar nuestras capacidades. Les diría que se formen, pero con criterio, y que no intenten adoptar cada tendencia que aparece. Las herramientas nuevas solo son útiles cuando encajan dentro de un razonamiento clínico sólido. Sin eso, son solo una herramienta más.
P. Desde la óptica práctica, ¿qué implicaciones tiene para su consulta la adopción de IA/RA en baja visión?
R. Son cambios necesarios, estamos ante un cambio de paradigma. La consulta se vuelve más digital, los protocolos de exploración se enriquecen, y el profesional necesita entender cómo funcionan estas nuevas habilidades para explicárselas al paciente sin crear falsas expectativas. Lo más importante es que la interacción humana no se pierde: el paciente sigue necesitando acompañamiento, soluciones y empatía.
P. Para los profesionales que trabajan con baja visión, ¿qué consejo les daría para empezar a incorporar estas herramientas sin perder de vista los aspectos humanos?
R. Que empiecen poco a poco y que no olviden que cada paciente tiene una carga emocional distinta. La tecnología ayuda, pero la rehabilitación visual funciona cuando el profesional entiende al paciente, le dedica tiempo y adapta cada estrategia a las actividades de la vida diaria. La IA y la RA pueden guiar, pero nunca sustituir el vínculo entre el profesional y el paciente.
P. ¿Cómo puede la colaboración entre optometristas, ingenieros de IA/RA y rehabilitadores potenciar mejores resultados?
R. Los avances reales ocurren cuando dejamos de trabajar por separado. Cuando un optometrista y un ingeniero se sientan juntos, los problemas clínicos se traducen en soluciones técnicas más tangibles. Y cuando un rehabilitador opina y pide, ese diseño acaba aterrizando en la vida del paciente en forma de calidad visual. Ya existen equipos multidisciplinares que funcionan así, y cada vez veremos más. No solo para la baja visión y la optometría geriátrica: existen muchas más opciones, desde optometría deportiva hasta conducción y disfotopsias.
P. ¿Qué valora de la docencia y por qué decidió ese camino?
R. Valoro el impacto. Creo que el conocimiento es de todos y hay que compartirlo, igual que lo hicieron quienes nos precedieron. La consulta permite ayudar a una persona; la docencia a muchas, que ayudarán a otras muchas más. Me atrajo la idea de mejorar la profesión desde dentro: formar a estudiantes no solo en habilidades clínicas, sino en pensamiento crítico, ética y rigor. Ver cómo crecen como profesionales con criterio es una de mis mayores motivaciones.
P. ¿Cómo nació OptometrIA al Cubo³ y qué necesidad cubre?
R. Nació de una conversación con una profesora del claustro y las socias: “la formación que tenemos ya no responde del todo a la realidad que la profesión está viviendo”. El sector necesitaba algo más ágil, más transversal y conectado con la nueva normalidad clínica. OptometrIA al Cubo³ es nuestra respuesta: ciencia, tecnología y práctica clínica integradas de forma disruptiva.
P. ¿Qué innovación tecnológica tendrá más impacto en la formación optométrica?
R. No será una sola, sino la combinación de todas. Los simuladores permiten explorar decisiones reales sin riesgos; la realidad aumentada permite evaluar función visual del paciente; la gamificación aumenta motivación; la monitorización remota y la IA personalizan aprendizaje y rehabilitación. La IA será el motor, pero su fuerza está en potenciar al resto.
P. ¿Cómo será la optometría “phygital” de los próximos 20 años?
R. La veo como una consulta donde lo digital acompaña a lo humano. Exploraciones más precisas con IA, seguimiento remoto en patologías crónicas con home devices, realidad aumentada para explicar y evaluar, plataformas de rehabilitación individualizadas… sin perder el contacto humano. Ya está pasando. Pero Europa va muy por detrás de Estados Unidos y China, y ese desfase puede pasar factura. No basta con ser usuarios: debemos generar conocimiento.
P. ¿Cuáles son los mayores retos para el futuro de la profesión?
R. El principal reto es que sociedad e instituciones entiendan que la optometría es una profesión sanitaria clave, sobre todo en un mundo que envejece como nunca. Necesitamos regulación clara, formación alineada con el Diploma Europeo y presencia real en equipos multidisciplinares. En baja visión y geriatría debemos invertir en formación y servicios especializados. Lo que no se visibiliza, no existe.
P. ¿Qué consejo da a los jóvenes optometristas?
R. Que estudien con rigor, que sean curiosos, que no acepten explicaciones a medias y que aprovechen los Erasmus para conocer otras realidades. Esta profesión exige ciencia, empatía y criterio clínico. Que se formen en tecnología, que aprendan a pensar por sí mismos y que entiendan que la excelencia es una responsabilidad que exige dedicación y sacrificio.
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