¿Qué hacemos cuando los valores obtenidos, al evaluar una disfunción binocular con presencia de mínimas reservas fusionales (heteroforia), fluctúa de un lado a otro como un péndulo?
No hace falta repetir cuarenta veces las pruebas de manera compulsiva mientras recitamos un mantra tibetano, tampoco poner una vela a Santa Lucía esperando a que nos inspire para tomar la decisión más sabia o sacrificar mascotas tóxicas en un altar con forma de prisma.
Solo hemos de recordar tres cosas:
La primera es que, con el permiso del sistema nervioso simpático, la relajación es el estado natural del sistema visual.
La segunda, en consecuencia, es que si las fluctuaciones de una heteroforia siempre van de la relajación a la tensión, esto es, de la exoforia a la endoforia, igual que una ametropía va de la hipermetropía a la miopía, tendremos clara la perspectiva.
Hemos de partir del valor menos tensional, esto es, el valor prismático más nasal o menos temporal, igual que en la ametropía contemplamos el valor más positivo o menos negativo, salvo ajustes posteriores a la evaluación binocular.
La tercera es que, cuando esta tensión es intensa, extensa y continuada, el sistema visual se estructura para minimizarlo al máximo, pasando de la tensión funcional a la readaptación estructural para buscar el mínimo gasto energético pero, eso sí, con concesiones: la naturaleza no da nada a cambio de nada.
Estas concesiones tributarán en forma de visión borrosa de lejos en la miopía o en forma de incomodidad en la endoforia básica, por el esfuerzo de divergencia para mantener estable la fusión de las imágenes monoculares.
El aviso a navegantes es que, en el paso desde la tensión a la respuesta adaptativa, hay una fase inicial en la que nuestra intervención puede ser más eficaz, invirtiendo la tendencia o al menos controlando mejor su evolución, para que el sistema no se desmadre en su lucha contra las altas exigencias visuales de nuestro mundo próximo.
La visión fluctuante
El sistema visual se estructura para minimizarlo al máximo, pasando de la tensión funcional a la readaptación estructural para buscar el mínimo gasto energético
FOTO: Allison Saeng vía Unsplash
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Lluís Bielsa
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