Este artículo forma parte del Cuaderno de Innovación 2025 editado por Modaengafas.com.
Una perspectiva de la terapia visual actual
En décadas recientes, la terapia visual ha evolucionado hacia enfoques más personalizados basados en la utilización de software interactivo, realidad virtual y aumentada y soluciones basadas en inteligencia artificial
Víctor J. G. Molina hace terapia visual es su óptica.
La terapia visual se ha consolidado como una herramienta clínica que ofrece soluciones más allá de la corrección óptica a toda una suerte de problemas relacionados con la visión. Este artículo propone una reflexión sobre su papel actual, considerando tanto la evidencia científica disponible como los retos que enfrenta en su implementación. Opinar sobre este ámbito no solo implica valorar su eficacia y las diferentes opciones que tenemos para practicarla, sino también comprender su impacto en la práctica profesional. Pretendemos con ello ofrecer una reflexión crítica sobre un asunto de interés común, con el propósito de estimular el diálogo. Porque opinar, lejos de ser un ejercicio superficial, implica responsabilidad y apertura hacia la construcción colectiva del conocimiento de cualquier disciplina clínica.
Al ser un artículo de opinión, no hemos indexado la bibliografía en el texto, en un intento de facilitar su lectura; sin embargo, una selección de las referencias utilizadas aparece al final del artículo.
Historia de la Terapia Visual para DBYANE
Desde las máscaras faciales para corregir el estrabismo propuestas por Pablo de Aegina en el siglo VII d. C. en su Epítome de Medicina hasta las soluciones actuales basadas en inteligencia artificial y realidad virtual, la terapia visual –TpV– ha recorrido un largo camino.
Tal y como la conocemos y realizamos hoy, la terapia visual empezó a practicarse a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando diferentes oftalmólogos –pioneros como Javal, Worth o Wells– y optometristas comenzaron a aplicar ejercicios oculares para corregir estrabismos, en un intento de evitar cirugía y también para mejorar la coordinación binocular –en concreto para la insuficiencia de convergencia– y la acomodación.
Inicialmente, estos métodos eran empíricos y carecían de respaldo científico firme. Así, durante décadas, la terapia visual fue objeto de controversia por cierta falta de evidencia científica sólida que permitiese protocolizar tratamientos según la disfunción presente, además de dudas sobre su efectividad. Sin embargo, tanto el desarrollo de la optometría como disciplina clínica –especialmente en Estados Unidos– como un conocimiento más profundo de los mecanismos vinculados a la binocularidad y a la acomodación permitió consolidar paulatinamente un cuerpo teórico-práctico que ha dado lugar a protocolos específicos para tratar las diferentes disfunciones binoculares y acomodativas no estrábicas –DBYANE– o bien a través únicamente de la terapia visual o bien combinada con técnicas quirúrgicas, ortópticas o farmacológicas.
En efecto, la publicación de trabajos con un nivel de evidencia clínica aceptable, junto con la sistematización del diagnóstico de las DBYANE –a partir de autores como Scheiman y Wick– basado en pruebas estandarizadas y particulares, ha permitido, a lo largo del siglo XX, primero, establecer rutinas de examen clínico adecuadas y específicas y, segundo, la realización de programas y enfoques terapéuticos según la DBYANE y la casuística particular de cada caso, mediante la realización de diversos ejercicios, técnicas y herramientas clínicas cuyos resultados han sido validados en estudios clínicos adecuadamente diseñados y controlados.
En décadas recientes, la terapia visual ha evolucionado hacia enfoques más personalizados basados en la utilización de software interactivo, realidad virtual y aumentada y soluciones basadas en inteligencia artificial. Abriéndose, además, el abanico de condiciones que pueden ser abordadas, no solo DBYANE o problemas oculomotores –condiciones diana típicas de la TpV– sino también relacionadas con la lectura, ambliopía, problemas neurofisiológicos y también para entrenamiento deportivo.
En cuanto a su aceptación clínica, la terapia visual todavía se enfrenta a cierto grado de escepticismo en algunos sectores sanitarios, especialmente por cierta falta de consenso sobre la validez de determinados métodos o su eficacia frente a tratamientos farmacológicos o quirúrgicos. No obstante, revisiones recientes han reforzado su plena utilidad clínica, demostrando además mejoras significativas en la estabilidad y permanencia de los resultados pos tratamiento con los métodos más actuales frente a otros abordajes clínicos, si bien con posibles diferencias entre los formatos “en consulta” –in office en la literatura clínica en inglés– o en casa (volveremos sobre este punto más adelante), además de señalar que no se trata, en ningún caso, de excluir ningún tipo de enfoque terapéutico, sino de utilizar todas aquellas herramientas clínicas que permitan una mejor y más duradera resolución de cada caso en particular.
En resumen, la historia de la terapia visual para DBYANE refleja una transición y evolución desde prácticas empíricas hacia un enfoque clínico basado en evidencia. Aunque aún existen desafíos en cuanto a su estandarización y aceptación universal, los avances en investigación y tecnología han permitido consolidarla como una herramienta eficaz en el manejo de disfunciones visuales funcionales…
En este enlace puede seguir leyendo el documento, a partir de la página 34.
Suscríbete a la newsletter de modaengafas.com
Noticias relacionadas


