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Mujeres en optometría: liderazgo y visibilidad en una profesión sanitaria

En España hay 19.711 ópticos-optometristas colegiados, y el 68,7% son mujeres, tres puntos más que en 2015

Mujeres en optometría: liderazgo y visibilidad en una profesión sanitaria

El 68,7% de ópticos-optometristas en España es mujer. FOTO: Getty Images

Por Jaime Cevallos - 06/02/2026

Este artículo forma parte del Dossier elaborado por Modaengafas.com, con el patrocinio del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas para impulsar la profesión en España.

Cada mañana, en miles de consultas repartidas por toda España, una mujer se inclina hacia un paciente y le pregunta cómo ve el mundo. Ajusta una lente, calibra una prueba, escucha una historia. Ese gesto —aparentemente pequeño— sostiene una profesión entera. La optometría española tiene rostro de mujer, aunque no siempre tenga su voz en los espacios donde se decide su futuro.

Los datos lo confirman: el sector no deja de crecer. Según el informe de Profesionales Sanitarios Colegiados 2024 del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España hay 19.711 ópticos-optometristas colegiados, y el 68,7% son mujeres, tres puntos más que en 2015. La feminización de la profesión no es una tendencia, es una realidad consolidada. Y, sin embargo, la visibilidad, el liderazgo y el reconocimiento no avanzan al mismo ritmo.

¿Por qué, siendo mayoría, las mujeres siguen siendo minoría en los espacios de poder? ¿Qué necesita cambiar para que la presencia se convierta en influencia? Cinco optometristas, cinco trayectorias y cinco miradas diferentes ayudan a entender el presente y, sobre todo, a imaginar el futuro.

Cuando ser mayoría no basta

“La visibilidad no se logra por cantidad, sino por calidad”. La frase de Begoña Gacimartín, optometrista y doctora en Ciencias de la Visión, resuena como una advertencia y como una invitación. Para ella, el gran problema no está en la consulta, donde las mujeres son protagonistas, sino en los lugares donde se construye el relato profesional.

“Somos mayoría en la práctica clínica, pero minoría en los foros de decisión, en la investigación y en la narrativa de la optometría”, explica. Habla de liderazgo, de evidencia científica, de voz propia. De ocupar espacios sin pedir permiso. De construir una “habitación propia” —como escribió Virginia Woolf— desde la ciencia, la autonomía clínica y la autoexigencia.

Una idea que atraviesa generaciones. Elisa Aribau, con más de cuatro décadas de experiencia, lo ha visto todo: la evolución de la profesión, sus logros y sus silencios. “Aunque somos mayoría numérica, la visibilidad no siempre acompaña”, afirma. Y apunta a un cambio cultural profundo: dejar de minimizar lo que se sabe, lo que se hace, lo que se aporta cada día. “La visibilidad no es solo individual, es colectiva. Cuando una avanza, abre camino a otras”.

Dar el paso al frente: liderazgo desde dentro

Para Almudena Porras, ese paso al frente es literal. Optometrista y empresaria, representa a una generación que entiende que el cambio no llega solo. “Hay que pasar de la presencia a la relevancia institucional”, defiende. Su decisión no es solo personal: es una apuesta por estar donde se toman las decisiones.

Su mirada se amplía más allá de la ciudad. Habla del medio rural como un espacio clave para el futuro de la optometría: cercano, vertebrador, humano. Allí, donde muchas veces faltan recursos sanitarios, la figura de la optometrista es esencial. “Tenemos un papel que va mucho más allá de la venta de unas gafas”, recuerda.

El futuro: femenino, sí… pero también influyente

Todas coinciden en algo: el futuro será femenino. Pero no basta con que lo sea en número. Laura Batrés, doctora por la Universidad Complutense de Madrid, lo expresa con claridad: “El reto no es el acceso, es el reconocimiento”. Las mujeres llenan las aulas, los laboratorios, las consultas, pero aún no ocupan en la misma proporción los cargos académicos, institucionales o científicos.

Para Elisa Aribau, el futuro debe ser también más humano: una profesión que reconozca el valor del cuidado, la conciliación y la mirada biopsicosocial. Valores que durante años se han considerado secundarios, cuando en realidad son esenciales en la atención sanitaria.

Begoña Gacimartín lanza una advertencia: la profesión está en plena revolución, pero puede quedarse estancada si no se impulsa la formación continuada, la investigación y la innovación. “El reto no es ser más, es ser más influyentes”, insiste.

Desde otra perspectiva, Elisa Aragó, vicepresidenta de la Sociedad de Optometría y Contactología de la Comunidad Valenciana, percibe una realidad más optimista: “Ya no hay techos de cristal”, afirma, recordando que muchas empresas importantes del sector tienen mujeres como CEO. Pero también sueña con una optometría más sanitaria y menos comercial, con horarios y reconocimiento similares a los de otros profesionales de la salud.

Un mensaje para quienes empiezan: no pedir permiso

Si algo emociona al escuchar a estas mujeres es la fuerza de los mensajes dirigidos a las estudiantes. Todas, sin excepción, hablan de valentía.

“Que no sea conformista”, dice Gacimartín. “Que decida desde el primer día qué tipo de profesional quiere ser”. Porras anima a emprender, a ocupar espacios, a pedir ayudas, a apoyarse en quienes ya han recorrido el camino. Aribau habla de especializarse y de no ponerse límites antes de tiempo.

Batrés insiste en la importancia de la formación continua, del pensamiento crítico, de buscar referentes femeninos y de confiar en el propio criterio.

El mensaje es claro: la ambición no es un defecto, es una herramienta para transformar la profesión.

Diez años para cambiarlo todo

Las entrevistadas coinciden en sus deseos: más reconocimiento sanitario, más presencia en atención primaria, más investigación liderada por optometristas, más mujeres en juntas de gobierno y espacios de decisión. Y una palabra que se repite como un susurro urgente: conciliación.

“En diez años, un 30% de los profesionales se habrá retirado”, recuerda Gacimartín. “Si no cambia el modelo, el problema no será de género, será de supervivencia profesional”. Aribau añade otro deseo: hablar más de bienestar y menos de autoexigencia silenciosa. Porque cuidar la visión de los demás también exige cuidarse a una misma.

En este contexto, Elisa Aragó sostiene que la optometría es una carrera apasionante, con muchas especialidades y con tasas altas de empleo.

Ser mujer y profesional de la salud hoy

Las respuestas se vuelven más íntimas, más profundas. Ser mujer y profesional de la salud significa estar en primera línea, escuchar, acompañar, sostener. Significa ciencia y empatía. Técnica y humanidad. Compromiso y conciencia.

“No pidáis permiso para saber y aprender”, dice Gacimartín.
“Nuestro trabajo importa”, insiste Batrés.
“Compartir y apoyarnos no resta, suma”, recuerda Aribau.

La optometría española ya es femenina. Ahora necesita ser visible, influyente, reconocida y liderada por quienes la sostienen cada día con rigor, conocimiento y vocación. Porque ver bien no es solo una cuestión de lentes: es también una forma de mirar el mundo y decidir cómo queremos transformarlo.

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Jaime Cevallos
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