Esta artículo forma parte del Cuaderno de Salud Visual 2026 editado por Modaengafas.com.
La orto-k en España: una técnica consolidada rodeada de incógnitas
España es hoy uno de los países con mayor peso en ortoqueratología a nivel internacional, tanto por la oferta comercial de diseños como por el nivel clínico de sus adaptadores
Una óptica hace un examen visual a un niño. FOTO: Getty Images
La ortoqueratología forma parte del día a día de muchos profesionales en España. No es una novedad técnica ni una moda reciente. Se adapta en consultas de óptica, se discute en congresos y se enseña en múltiples cursos de formación continuada. Sin embargo, cuando intentamos mirar la ortoqueratología desde una perspectiva estructural dentro del país, aparece una paradoja clara: es una técnica muy presente en la práctica clínica, pero de la que, como colectivo sabemos sorprendentemente poco.
No existe una fecha oficial que marque el inicio de la ortoqueratología en España, pero su implantación clínica real puede situarse entre finales de los años noventa y los primeros años de este siglo, coincidiendo con la consolidación de los diseños de geometría inversa y la mejora de los materiales permeables. Su difusión no fue tanto académica como profesional, impulsada por clínicos que incorporaron la técnica y la transmitieron a otros colegas. Entre las figuras que contribuyeron de forma temprana a su divulgación se encuentra el optometrista César Villa, referencia para muchos profesionales que nos iniciábamos en esa área.
Si observamos la formación universitaria, la situación es más amplia de lo que a veces se percibe. En los grados de Óptica y Optometría se imparten bases sólidas de contactología, topografía y fisiología corneal, pero la ortoqueratología no suele aparecer como materia troncal claramente definida. Sin embargo, sí está presente con peso específico en distintos másteres ofrecidos por universidades españolas, algunos oficiales —que permiten acceso a estudios de doctorado— y otros títulos propios. En estos programas, la técnica se aborda de forma más profunda, clínica y aplicada. También es habitual encontrar tesis doctorales relacionadas con ortoqueratología. Yo mismo desarrollé mi tesis doctoral estudiando su efecto en la biomecánica corneal, y no soy un caso aislado. Esto indica que la técnica sí ha penetrado en el ámbito académico, aunque de forma más visible en las formaciones de posgrado que en los grados de Óptica y Optometría.
En paralelo, la industria sí ha respondido con fuerza. En España hay, como mínimo, ocho laboratorios que ofrecen diseños de ortoqueratología. La disponibilidad de lentes no se limita a la compensación de la miopía: existen diseños para hipermetropía, astigmatismo y, en algunos casos hasta presbicia. Hay lentes esféricas, tóricas y diseños específicamente orientados al control de la progresión miópica. Desde el punto de vista de oferta tecnológica, el profesional español dispone de herramientas comparables, o incluso mejores, a las de cualquier país de nuestro entorno. A esto se suma un hecho relevante: hoy es habitual encontrar topógrafos corneales en ópticas españolas, especialmente en aquellas que trabajan la contactología avanzada. La infraestructura diagnóstica ha dejado de ser una barrera. Lo que no tenemos es una visión global de cómo se utilizan estas herramientas, con qué criterios y con qué resultados agregados.
Tampoco sabemos cuántos profesionales adaptan ortoqueratología en España. Hasta donde conoce el autor, no hay registros, censos ni estudios sectoriales públicos que permitan estimar su implantación real. Pudiera existir información parcial en ámbitos concretos, pero o no es fácilmente accesible o no se ha podido localizar. Desconocemos si se trata de una práctica concentrada en un grupo reducido de clínicos muy activos o si está ampliamente distribuida con volúmenes bajos por centro. Esta ausencia de datos limita la planificación formativa, la elaboración de protocolos comunes y la posibilidad de analizar resultados a gran escala.
A pesar de ello, la presencia española en el ámbito internacional es evidente. Es habitual encontrar ponentes españoles en congresos de ortoqueratología, tanto europeos como globales. Nombres como Laura Batres, Vicente Berbegal, Juan Bolívar, Gonzalo Carracedo, Diego López, Jaume Pauné, David Piñero o Jacinto Santodomingo forman parte habitual de los programas científicos (perdón si me dejo el nombre de algún colega en el tintero). Varios de ellos desarrollan además actividades docentes dirigidas a profesionales. Yo mismo participo activamente desde hace años en iniciativas formativas en este campo, habiendo ofrecido formación especializada a más de 600 optometristas, sin contar los que han pasado por mis aulas en la universidad . Este nivel de visibilidad no es casual. España es hoy uno de los países con mayor peso en ortoqueratología a nivel internacional, tanto por la oferta comercial de diseños como por el nivel clínico de sus adaptadores.
Sin embargo, no todo es fortaleza. En no pocas ocasiones, la adaptación de lentes de ortoqueratología se apoya de forma casi exclusiva en las guías y cálculos de los laboratorios. Esta colaboración es valiosa y necesaria, y la implicación industrial ha sido clave para que muchos tratamientos se realicen con seguridad. Pero existe un riesgo claro: confundir saber adaptar un diseño con dominar la técnica. La lente de ortoqueratologia no es una lente de contacto normal. La ortoqueratología es una disciplina con bases ópticas, geométricas y fisiológicas propias. Cuando se comprenden, el profesional puede trabajar con cualquier diseño del mercado. No todos los adaptadores están en ese punto, en parte porque la formación ha dependido en gran medida de la propia industria, que puede ser un magnífico punto de partida, pero que inevitablemente introduce un sesgo hacia el producto concreto.
En el entorno oftalmológico, la ortoqueratologia está presente, pero de forma desigual. Según conocimientos del autor, algunos centros la integran como parte de su cartera de servicios, siempre realizada por ópticos-optometristas, mientras que en otros su presencia es testimonial o depende de profesionales concretos. No existe un mapa claro de su implantación en consultas médicas ni estudios que analicen su integración real en equipos multidisciplinares. Lo mismo ocurre con la opinión de los oftalmólogos: convivimos clínicamente, pero no disponemos de datos que reflejen de forma sistemática su percepción sobre la técnica.
Como herramienta de control de miopía, la ortoqueratologia ocupa una posición relevante en España. La disponibilidad de diseños específicos y la experiencia acumulada la sitúan como una de las estrategias más utilizadas en niños y adolescentes. A su alrededor, además, existe toda una industria de soluciones de mantenimiento y lágrimas artificiales que actúan como socios inseparables de las lentes. También en este ámbito hay laboratorios con sello nacional y proyección internacional que contribuyen de forma decisiva a la seguridad y al éxito del tratamiento. Sin embargo, tampoco aquí contamos con registros nacionales de resultados, tasas de progresión o perfiles de respuesta.
Existe además un uso particular, conocido en la clínica diaria, relacionado con aspirantes a oposiciones que buscan cumplir requisitos visuales sin corrección diurna. Es una situación habitual, pero exige un ejercicio claro de responsabilidad profesional. La ortoqueratología puede ser una opción legítima siempre que se respeten las normas establecidas en cada convocatoria. El papel del profesional no es buscar atajos, sino actuar dentro del marco reglamentario y ético.
En el ámbito científico, hay autores españoles participando en publicaciones sobre ortoqueratología y control de miopía, lo que confirma la implicación académica del país. Pero, de nuevo, no disponemos de un recuento nacional que nos permita dimensionar esa producción de forma objetiva.
España cuenta con profesionales formados, laboratorios activos, infraestructura diagnóstica y presencia docente internacional. La ortoqueratología está consolidada en la práctica clínica y bien posicionada a nivel mundial. Aun así, seguimos sin una radiografía clara de nuestra propia realidad. Y yo, que la practico diariamente en consulta, echo en falta esa visión global. Tal vez el siguiente paso para la ortoqueratología en España no sea desarrollar nuevos diseños, sino generar datos, compartirlos y entender mejor cómo estamos trabajando como colectivo. Sin esa información, trabajamos con solvencia clínica, pero con una visión incompleta de nosotros mismos.
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