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Gafas que oyen, mercado que despierta

Las gafas auditivas se comercializan en España desde septiembre de 2025 y están clasificadas como dispositivo médico de clase IIA, por lo que deben ser prescritas por un audioprotesista

Las ‘gafas auditivas’ están dirigidas a personas con pérdida auditiva leve y moderada. FOTO: Nuance Audio

Por Modaengafas - 13/05/2026

Este artículo forma parte del Cuaderno de Audiología 2026 editado por Modaengafas.

Hay innovaciones que irrumpen como un trueno y otras que llegan casi en silencio. Las gafas auditivas pertenecen a esta segunda categoría: discretas, híbridas y difíciles de encasillar. No son exactamente gafas, pero tampoco son audífonos. Son, más bien, un cruce entre ambos mundos, una tecnología que intenta resolver una paradoja muy humana: ver mejor es socialmente aceptado, pero oír mejor todavía arrastra cierto estigma.

Desde septiembre de 2025, este tipo de dispositivos se comercializa en España como una solución pensada para personas con pérdida auditiva leve o moderada. Integran micrófonos y pequeños altavoces en la montura para amplificar el sonido ambiente, aprovechando un objeto cotidiano que millones de personas ya llevan sobre la nariz. En la Unión Europea están clasificadas como dispositivo médico de clase IIA y en España su prescripción corresponde exclusivamente a audioprotesistas, aunque se comercializan a través de puntos de venta autorizados de audiología, entre ellos las ópticas.

La pregunta que flota sobre el sector es inevitable: ¿estamos ante un simple producto más o ante un elemento capaz de dinamizar el mercado de la audiología?

Un mercado amplio… y todavía poco atendido

Las cifras ayudan a entender el contexto. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, en España hay más de 13,2 millones de personas mayores de 60 años, una franja de edad en la que la pérdida auditiva —la hipoacusia— aparece con frecuencia creciente. A ello se suman los casos en edades más tempranas, cada vez más asociados a hábitos como el uso prolongado de auriculares a volúmenes elevados.

En total, alrededor de 5,5 millones de personas viven con pérdida auditiva en España. De ellas, 4,9 millones presentan pérdida leve o moderada, precisamente el segmento al que se dirigen las gafas auditivas.

Sin embargo, una parte significativa de estas personas no utiliza ninguna solución auditiva. Las razones son conocidas en el sector: estigma, incomodidad, coste o simple retraso en reconocer el problema. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva años advirtiendo sobre la necesidad de reforzar la detección temprana y facilitar el acceso a soluciones que eviten que la pérdida auditiva avance sin tratamiento.

En ese contexto, las gafas auditivas aparecen como una especie de “puente tecnológico”: un dispositivo que puede resultar menos intimidante que un audífono tradicional.

Un objeto cotidiano convertido en tecnología

La idea detrás del producto es sencilla: si muchas personas ya usan gafas, ¿por qué no aprovechar ese mismo soporte para integrar una ayuda auditiva?

La estrategia tiene algo de psicología social. Las gafas forman parte del paisaje cotidiano y apenas generan rechazo. Un audífono, en cambio, todavía se asocia para algunos a la edad avanzada o a una discapacidad visible. Integrar la amplificación sonora en una montura pretende diluir esa barrera.

Para Elena Guerra, fundadora de la consultora Audiología Inteligente, el valor de esta innovación no está tanto en sustituir soluciones existentes como en ampliar el acceso a ellas.

Según explica, las gafas auditivas “no vienen a quitar espacio a los audífonos tradicionales, sino a ensanchar el mercado y acelerar la entrada de nuevos usuarios”. En su opinión, el verdadero potencial reside en reducir las barreras de adopción entre quienes sufren pérdidas leves o moderadas y suelen retrasar durante años el uso de ayudas auditivas.

Integrar la tecnología en un objeto cotidiano, añade, contribuye a normalizar su uso y puede actuar como una puerta de entrada hacia soluciones más avanzadas. Guerra enmarca esta evolución en una tendencia más amplia: la convergencia entre óptica y audiología dentro de lo que denomina un nuevo paradigma de salud sensorial integrada.

Desde esta perspectiva, las gafas auditivas no compiten con los audífonos. Más bien amplían el ecosistema de soluciones disponibles y podrían ayudar a que más personas empiecen antes a cuidar su audición.

Entre la innovación y el escepticismo

No todos los profesionales del sector comparten el mismo entusiasmo. Algunos consideran que el alcance del producto es limitado.

Pedro Parra, director de Audiológica Centros Auditivos, reconoce que las gafas auditivas pueden desempeñar un papel como producto complementario o como primer paso hacia la adaptación profesional de audífonos. Sin embargo, advierte de sus limitaciones técnicas.

Según señala, se trata de “un producto muy limitado por la poca ganancia que aporta en altas frecuencias”, una característica clave para entender el habla con claridad. Por ese motivo, Parra no les augura un gran éxito en el mercado.

La observación apunta a un aspecto central en el debate: la diferencia entre amplificación sonora y rehabilitación auditiva. Mientras los audífonos están diseñados para adaptarse a la pérdida específica de cada paciente mediante una programación individualizada, las gafas auditivas funcionan como un sistema de amplificación más general.

Eso no significa que no puedan tener utilidad, pero sí delimita el tipo de usuario al que realmente pueden ayudar.

Un anzuelo para nuevos usuarios

Para otros actores del sector, el valor de estas gafas reside precisamente en su capacidad de atraer a quienes nunca han considerado usar un audífono.

Andrés Delgado, director general de Sonos Institutos Auditivos, cree que este tipo de soluciones puede contribuir a dinamizar el mercado. A su juicio, atraerá a un público que se muestra reacio al uso de audífonos tradicionales.

En sus palabras, “quizás detrás de un ‘no’ puedes adaptarte unas gafas auditivas”.

La metáfora es clara: cuando la puerta principal está cerrada, quizá haya que entrar por la ventana. O, en este caso, por las varillas de unas gafas.

Ese primer paso puede resultar decisivo. Una persona que comienza utilizando una solución sencilla podría estar más abierta en el futuro a acudir a un profesional y explorar opciones más avanzadas.

La óptica entra en escena

El lanzamiento de estos dispositivos también refleja un movimiento estratégico más amplio dentro del sector de la óptica.

Durante años, las ópticas han ido incorporando servicios de audiología en sus establecimientos. Las gafas auditivas encajan de forma natural en esa convergencia entre visión y audición.

En febrero, la cadena Multiópticas dio un paso más en esa dirección al comenzar a comercializar gafas auditivas en los puntos de venta de su red. La compañía, integrada en Mó Global, las presenta como una solución dirigida a las fases iniciales de la pérdida auditiva leve.

Aunque la empresa no ha detallado si se trata de un desarrollo propio o de un producto fabricado por un proveedor externo, sí ha subrayado que responde a una estrategia clara: integrar salud visual y auditiva en una misma propuesta de valor y ofrecer alternativas discretas a los audífonos tradicionales.

Para Javier Cottet, presidente de Cottet Óptica y Audiología, el potencial es evidente. A su juicio, las gafas auditivas representan una ayuda impresionante para que el sector de la óptica consolide sus posiciones en el mercado de la audiología”.

Su descripción resume bien el carácter híbrido del producto: no es una gafa, no es un audífono, es un producto, y hay que aprovecharlo”.

Más allá del debate tecnológico o comercial, la expansión de estas soluciones está ligada a un problema cultural: la escasa cultura preventiva en torno a la audición.

Un estudio encargado por Essilorluxottica —fabricante de las Nuance Audio— a Ipsos revela que el 38% de los españoles afirma que nunca se ha revisado la audición, mientras que solo el 36% lo hace una vez al año. En contraste, el 60% revisa su vista con esa frecuencia.

La percepción de la pérdida auditiva también resulta llamativa. Aunque solo el 15% de los encuestados califica su audición como regular o mala, casi la mitad reconoce tener dificultades para oír en ambientes ruidosos y más de una cuarta parte en conversaciones con varias personas.

Las consecuencias van más allá de la simple dificultad para escuchar. El 67% admite haber sentido frustración o aislamiento en alguna ocasión por no poder seguir una conversación. Además, el 42% señala impacto en sus relaciones sociales y familiares, el 37% en sus actividades de ocio y el 34% en su estado de ánimo.

El estudio muestra además que el estigma sigue siendo un freno relevante: el 76% percibe que existe algún grado de prejuicio social hacia las personas con pérdida auditiva y un 31% afirma haber evitado —o conocer a alguien que ha evitado— el uso de audífonos por vergüenza.

En ese contexto, dispositivos que se integran en objetos cotidianos podrían actuar como un antídoto contra ese estigma.

Un cambio silencioso

La historia de las gafas auditivas aún está empezando a escribirse. Como ocurre con muchas innovaciones híbridas, su éxito dependerá menos de la tecnología que de la aceptación social.

Puede que no sustituyan a los audífonos. Puede que tampoco transformen radicalmente la audiología. Pero sí podrían cumplir una función más sutil: hacer que la ayuda auditiva deje de percibirse como un dispositivo médico y empiece a verse como una extensión natural de la vida cotidiana.

En cierto modo, las gafas auditivas intentan algo muy humano: convertir un problema invisible en algo manejable sin tener que explicarlo. Como si escuchar mejor pudiera ser tan sencillo como ponerse unas gafas antes de salir de casa.

Si lo consiguen, el verdadero cambio no estará en la montura ni en los micrófonos, sino en el gesto cotidiano de quien decide usarlas. Porque a veces la innovación no consiste en inventar algo completamente nuevo, sino en encontrar una forma distinta de empezar a escuchar.

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