Baviera ha informado del aumento de las consultas relacionadas con el ojo seco, una alteración de la superficie ocular puede afectar de manera significativa al bienestar visual y a la calidad de vida de quienes la padecen, provocando síntomas como escozor, sensación de arenilla, enrojecimiento o visión borrosa.
Baviera alerta sobre el aumento de casos de ojo seco
Aunque puede aparecer en cualquier momento del año, determinados factores relacionados con el estilo de vida, algunas enfermedades y ciertas condiciones ambientales pueden favorecer su aparición o agravar sus síntomas
El ojo seco es un problema de salud visual en crecimiento. FOTO: Unsplash
Aunque puede aparecer en cualquier momento del año, determinados factores relacionados con el estilo de vida, algunas enfermedades y ciertas condiciones ambientales pueden favorecer su aparición o agravar sus síntomas. Durante el verano, además, el uso continuado del aire acondicionado y la exposición a ambientes secos pueden intensificar las molestias.
Los especialistas insisten en la importancia de identificar estos factores y adoptar medidas preventivas para preservar la salud de la superficie ocular.
Aire acondicionado y contaminación ambiental
Uno de los factores que más contribuyen a la evaporación de la lágrima es la baja humedad ambiental. El uso prolongado del aire acondicionado en verano o de la calefacción durante los meses fríos reduce la humedad del ambiente, favoreciendo la aparición o el empeoramiento del ojo seco.
Esta situación es especialmente habitual en oficinas, viviendas o vehículos, donde la exposición suele prolongarse durante varias horas.
Asimismo, la exposición al humo del tabaco y a ambientes contaminados puede irritar la superficie ocular y agravar los síntomas.
El impacto de las pantallas
El uso intensivo de dispositivos digitales constituye otro de los principales desencadenantes del ojo seco.
Cuando una persona permanece durante largos periodos frente a un ordenador, un teléfono móvil o una tableta, la frecuencia de parpadeo disminuye, dificultando la correcta distribución de la película lagrimal sobre la superficie ocular.
Como consecuencia, los ojos pueden resecarse con mayor facilidad y aparecer síntomas como escozor, sensación de cuerpo extraño o visión fluctuante.
Enfermedades sistémicas y alergias
Determinadas enfermedades sistémicas, especialmente las de origen autoinmune, pueden afectar directamente a la producción y calidad de la lágrima.
Entre ellas destacan el síndrome de Sjögren, la artritis reumatoide o el lupus, patologías que pueden provocar sequedad ocular persistente.
Las alergias también pueden desempeñar un papel relevante. Aunque de forma puntual, los procesos alérgicos pueden inflamar la superficie ocular y empeorar los síntomas de ojo seco, especialmente en determinadas épocas del año.
Menopausia y medicamentos
Los cambios hormonales constituyen otro factor de riesgo importante, especialmente en las mujeres.
Durante la menopausia, las alteraciones hormonales pueden afectar a la estabilidad y producción de la lágrima, incrementando la prevalencia del ojo seco.
Además, algunos medicamentos pueden contribuir al desarrollo de esta patología. Entre ellos figuran determinados antihistamínicos, antidepresivos y anticonceptivos, capaces de disminuir la producción lagrimal o modificar la composición de la lágrima.
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