A raíz de la pandemia aparecieron las ventajas del teletrabajo.
Sin duda, en actividades profesionales en las que la presencialidad no es necesaria (en principio) permite ahorro de costes por parte de la empresa y de los trabajadores, optimiza el tiempo de trabajo (salvo excepciones), evita la pérdida de tiempo, de dinero y de contaminación por transporte y da la opción de trabajar desde lugares donde la vivienda es más económica y el entorno más saludable.
Poco después de la pandemia, aparece la inteligencia artificial a gran escala y con ello el riesgo para todas aquellas profesiones que no dependen tanto del trato personal.
Recientemente, una directiva de administración de una multinacional farmacéutica me comentaba que habían despedido a una tercera parte de su departamento de informática porque ya no era necesario; en cambio, habían incrementado el equipo de visitadores médicos.
También me comentaba que un buen comercial, de su empresa, podría duplicar el sueldo del miembro mejor pagado del departamento de administración.
Entonces pensé en aquellas actividades como la sanitarias, en las que la proximidad del trato humano es fundamental y en aquellos que se empeñan en trivializarlas a través de cepillarse la presencialidad (véase telerrefracción).
Una consulta a distancia a un profesional de la salud, como orientación previa o entre profesionales como cribado o interconsultas, tiene su razón de ser por agilidad y operatividad, pero a partir de aquí, la visita presencial, para el usuario de los servicios de salud, tiene un valor y una utilidad indiscutible.
Por esa razón, conviene tener presente el aviso a navegantes: cualquier profesión que prescinda del trato humano, en poco tiempo acabará por ser absorbida por la inteligencia artificial si no tomamos medidas.
Como todo, el mejor modelo es el que incorpora lo mejor de cada casa.
Unas profesiones podrán dar más peso al teletrabajo, otras menos y otras ninguno, pero incluso en las primeras, la calidez del trato entre las personas siempre debería prevalecer, aunque sea a distancia y con la opción de presencialidad, aspecto que pasa a inexcusable si se trata de servicios de salud.
La relación personal siempre estará por encima del robot que te pide el DNI, la grabación del motivo de llamada y un operador no humano que te contesta desde no sabemos dónde, después de una música impersonal para dirigirte a otra extensión, con otra musiquita, mientras la IA te avisa que: “todos nuestros operadores (se supone que humanos) están ocupados (quizá porque han despachado una tercera parte), por favor manténgase a la espera”.
Por eso, aunque recurramos a la IA, no podemos olvidar ni perder de vista que la IN (inteligencia natural) aflora, en todo su rico esplendor, con el trato humano en general y en particular, para las profesiones sanitarias, con el necesario añadido del trato humano presencial.
IA + Teletrabajo = Tele – trabajo (salvo que espabilemos)
Una consulta a distancia a un profesional de la salud, como orientación previa o entre profesionales como cribado o interconsultas, tiene su razón de ser por agilidad y operatividad, pero a partir de aquí, la visita presencial, para el usuario de los servicios de salud, tiene un valor y una utilidad indiscutible
FOTO: Markus Winkler (Unsplash)
Compartir:
Lo + visto
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Newsletter
Suscríbete a la newsletter de modaengafas.com


