En ocasiones, los conflictos de adaptación a las lentes progresivas pueden deberse a algo tan simple como un mal ajuste de las gafas sobre el rostro.
El discreto encanto del ajuste (detalles progresivos)
En casos en los que la visión de cerca no es satisfactoria, incrementar el ángulo pantoscópico unos grados puede permitir su mejora
FUENTE: Lluís Bielsa Elies
Así como el ángulo diédrico por el propio diseño de las gafas graduadas (otra cuestión son los diseños de ciertas monturas de sol) no suele ser crítico, el ángulo pantoscópico sí que lo es.
Generalment el conflicto no es tanto por exceso de inclinación de los lentes, lo es más por defecto.
En casos en los que la visión de cerca no es satisfactoria, incrementar el ángulo pantoscópico unos grados puede permitir su mejora.
Hay que tener en cuenta, eso sí, que dar inclinación implica subir la altura de centrado, cosa un poco más conflictiva en miopes, sobre todo si las alturas de lejos están justo sobre el centro de las pupilas.
Por esa razón es importante tomar las medidas, con el necesario ajuste de la montura sobre el rostro, en el momento de su elección.
Esperar a ajustarlas cuando se entregan, con los lentes ya montados, no es lo más acertado.
De esta manera, también podremos descartar, desde el principio, las monturas inadecuadas como, por ejemplo, las de varillas anchas.
Estas varillas no permiten variar el ángulo pantoscópico, por lo que ya sea por el propio diseño, por la altura de las orejas del usuario o por ambos aspectos, quedan con un ángulo pantoscópico nulo o casi nulo, imposible de modificar sin estropear las varillas a golpe de lima.
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