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16/02/2026

La visión de cerca existe para todos (y sus disfunciones también)

No se contempla que una buena vista no implica necesariamente una buena visión a todas las distancias

FOTO: Adam Winger vía Unsplash

Una de las asignaturas pendientes, ligadas al mundo en el que vivimos, caracterizado por el uso y abuso de la visión de cerca (pantallas de todo tipo y tamaño, lecto escritura…), son las disfunciones acomodativas y binoculares de cerca.

La tendencia a dar por supuesto que un niño o niña emétropes (o levemente hipermétropes), ortofóricos (o levemente exofóricos), con los ojos, vías ópticas y áreas visuales sanas disponen de una visión eficiente, parece determinar que no tengan derecho a padecer problemas de cerca, con lo que el examen visual a esta distancia queda relegado a otra dimensión.

La presencia de déficits acomodativos y de heteroforias, como reacción de sistemas poco preparados para responder a las demandas intensas y extensas a distancias cortas, obliga a la necesidad universal de la evaluación visual próxima, no sólo para descartar conflictos y buscar soluciones, sino también como parte de las estrategias efectivas de prevención de la miopía.

Desgraciadamente como lo que no se evalúa no existe, muchos niños y niñas pasan con estas disfunciones desapercibidas, por unos protocolos de examen restringidos a la agudeza visual a distancias y a los estrabismos evidentes.

No se contempla que una buena vista no implica necesariamente una buena visión a todas las distancias.

Tampoco que la miopía no deja de ser la respuesta a una situación de alta exigencia visual próxima que puede minimizarse, actuando sobre aquellos aspectos tensionales que favorecen su aparición y su incremento, como los derivados de vivir en un mundo de distancias cortas.

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