Una de las asignaturas pendientes, ligadas al mundo en el que vivimos, caracterizado por el uso y abuso de la visión de cerca (pantallas de todo tipo y tamaño, lecto escritura…), son las disfunciones acomodativas y binoculares de cerca.
La tendencia a dar por supuesto que un niño o niña emétropes (o levemente hipermétropes), ortofóricos (o levemente exofóricos), con los ojos, vías ópticas y áreas visuales sanas disponen de una visión eficiente, parece determinar que no tengan derecho a padecer problemas de cerca, con lo que el examen visual a esta distancia queda relegado a otra dimensión.
La presencia de déficits acomodativos y de heteroforias, como reacción de sistemas poco preparados para responder a las demandas intensas y extensas a distancias cortas, obliga a la necesidad universal de la evaluación visual próxima, no sólo para descartar conflictos y buscar soluciones, sino también como parte de las estrategias efectivas de prevención de la miopía.
Desgraciadamente como lo que no se evalúa no existe, muchos niños y niñas pasan con estas disfunciones desapercibidas, por unos protocolos de examen restringidos a la agudeza visual a distancias y a los estrabismos evidentes.
No se contempla que una buena vista no implica necesariamente una buena visión a todas las distancias.
Tampoco que la miopía no deja de ser la respuesta a una situación de alta exigencia visual próxima que puede minimizarse, actuando sobre aquellos aspectos tensionales que favorecen su aparición y su incremento, como los derivados de vivir en un mundo de distancias cortas.
La visión de cerca existe para todos (y sus disfunciones también)
No se contempla que una buena vista no implica necesariamente una buena visión a todas las distancias
FOTO: Adam Winger vía Unsplash
Etiquetas:
Disfunción bonocular
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09/02/2026
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