La corrección de la presbicia mediante monovisión puede alterar la percepción de la distancia de los objetos en movimiento. Un equipo internacional con participación del Instituto de Óptica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IO-CSIC) ha dado ahora un nuevo paso para comprender este fenómeno y avanzar hacia soluciones ópticas personalizadas.
Una investigación abre la puerta a correcciones personalizadas para la presbicia
El nuevo estudio introduce el denominado “índice de visibilidad de la ilusión”, que permite estimar qué personas pueden percibir el efecto y en cuáles puede pasar desapercibido
FOTO: Unsplash
La investigación continúa una línea de trabajo iniciada en 2019 por científicos del IO-CSIC y de la Universidad de Pensilvania, que descubrieron un efecto inesperado asociado a la monovisión, una de las estrategias utilizadas para corregir la presbicia o vista cansada.
Esta técnica, según ha explicado el CSIC en un comunicado, consiste en corregir un ojo para la visión lejana y el otro para la visión próxima. El problema es que el cerebro no procesa a la misma velocidad las imágenes que recibe de ambos ojos.
Y el comportamiento resulta contrario a lo que podría parecer intuitivo: la imagen borrosa se procesa más rápidamente que la imagen nítida.
Aunque la diferencia se mide en milisegundos, puede provocar que un objeto en movimiento se perciba a una distancia distinta de aquella a la que realmente se encuentra.
Un fenómeno conocido desde hace un siglo
El efecto constituye una variante del denominado efecto Pulfrich, una ilusión óptica y neurológica conocida desde hace aproximadamente un siglo por la que un objeto que se desplaza horizontalmente puede percibirse con una falsa sensación de profundidad.
El trabajo publicado en 2019 estuvo liderado por Johannes Burge, del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania, y contó con la participación de Carlos Dorronsoro y Víctor Rodríguez-López, del Instituto de Óptica del CSIC.
Los investigadores no solo describieron el fenómeno, sino que también estudiaron sus posibles consecuencias.
Una de ellas aparece en situaciones como la conducción. Según los resultados de aquella investigación, un objeto en movimiento puede llegar a percibirse a una distancia equivocada de varios metros.
El equipo planteó entonces una posible forma de compensarlo: incorporar un filtro oscuro en la lente correspondiente al ojo que recibe la imagen borrosa. La reducción de luminosidad ralentiza su procesamiento y permite compensar la diferencia temporal existente entre los dos ojos.

FUENTE: CSIC
El estudio llega ahora a la población présbita
Siete años después, el equipo ha avanzado en esa línea con un nuevo trabajo publicado en Investigative Ophthalmology&Visual Science, en el que vuelven a participar Johannes Burge y Víctor Rodríguez-López.
La investigación se ha realizado con más de medio centenar de participantes, entre personas con y sin presbicia, y confirma uno de los principales resultados obtenidos en 2019: prácticamente en todos los individuos estudiados, la imagen borrosa se procesa más rápidamente.
La nueva investigación muestra además que el fenómeno también está presente entre las personas con presbicia.
Uno de los datos más relevantes es que, aunque el efecto aparece de manera prácticamente generalizada desde el punto de vista neurológico, alrededor del 30% de las personas experimenta la ilusión con una intensidad suficiente para que resulte perceptible y potencialmente relevante.
Los investigadores han identificado asimismo un grupo reducido de personas cuyas respuestas se sitúan muy por encima del umbral perceptivo.
La diferencia, por tanto, no reside únicamente en la existencia del fenómeno, sino en la intensidad con la que acaba trasladándose a la percepción de cada individuo.
Hacia una corrección diferente para cada paciente
Este comportamiento individual abre una vía para personalizar las correcciones de la presbicia.
El nuevo estudio introduce el denominado “índice de visibilidad de la ilusión”, que permite estimar qué personas pueden percibir el efecto y en cuáles puede pasar desapercibido.
El equipo ha validado además un dispositivo portátil diseñado para medir la ilusión y estimar de manera rápida y precisa la corrección que podría necesitar cada persona.
Los resultados refuerzan la posibilidad de compensar el desfase mediante modificaciones en la cantidad de luz que recibe cada ojo, pero añaden un elemento importante: no todos los usuarios necesitarían la misma corrección.
El trabajo abre asimismo la puerta a soluciones más avanzadas capaces de modificar dinámicamente las condiciones de la imagen que recibe cada ojo dependiendo de factores como la distancia o la iluminación. Estas posibilidades todavía se encuentran en una fase conceptual.
Una tecnología protegida mediante patente
La investigación desarrollada desde 2019 pone de manifiesto que diferencias de apenas unos milisegundos en el procesamiento de las imágenes de ambos ojos pueden pasar inadvertidas para muchas personas y, al mismo tiempo, provocar errores perceptivos relevantes en otras.
Esta variabilidad plantea la posibilidad de incorporar nuevas mediciones a la evaluación de determinadas correcciones de la presbicia y avanzar hacia soluciones adaptadas al funcionamiento visual de cada usuario.
Los avances realizados y la aproximación de esta tecnología hacia aplicaciones clínicas han llevado a Víctor Rodríguez a recibir el Premio Transferencia y Emprendimiento del CSIC, en la categoría novel de la modalidad de Transferencia de Tecnología.
La tecnología desarrollada dentro del proyecto cuenta además con una patente que protege tanto la nueva corrección óptica como la herramienta destinada a estimarla.
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