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Rita Piedrafita: “Decidí ‘sacrificar’ el gabinete y escoger la parte más clínica de la profesión”

Rita Piedrafita cuenta con una experiencia de más de 30 años en la profesión. En la actualidad, tiene un establecimiento en Barbastro, donde la terapia visual se ha convertido en una especialidad

Rita Piedrafita.

Por Jaime Cevallos - 02/03/2026

Esta entrevista forma parte del Cuaderno de Salud Visual 2026 editado por Modaengafas.com.

Pregunta: ¿Qué opinas del papel que los profesionales del sector desempeñan en el Plan VEO?

Respuesta: Me parece que el Plan VEO no solo es un plan necesario para cubrir las necesidades visuales que ayudan a evitar el fracaso escolar, sino que coloca al óptico optometrista en el lugar que le corresponde. Somos imprescindibles para conseguir que las revisiones visuales lleguen al máximo número de niños posible. La población hace mucho tiempo que ha entendido que estamos capacitados para desempeñar esa función, y con el plan veo se consolida y revaloriza nuestra labor como sanitarios.

P. ¿Qué cambios has observado en las demandas visuales de los pacientes en los últimos años?

R. Con el desarrollo de la tecnología ha aumentado la demanda visual en visión próxima desde la infancia. Como consecuencia he notado un aumento de disfunciones binoculares en consulta que antes podían pasar desapercibidos. Me preocupa de manera especial el aumento de problemas acomodativos en la adolescencia y juventud. Tenemos que concienciarnos de que la evolución de la tecnología nos lleva a más horas de uso de pantallas y que estas disfunciones, que antes eran esporádicas, ahora se nos presentan con más frecuencia y es necesario revisar y actualizar nuestras capacidades de diagnóstico. Como profesionales debemos vigilar de manera continuada estas alteraciones.

P. ¿Qué avances tecnológicos han transformado más tu forma de trabajar?

R. Fui plenamente consciente del impacto de la tecnología en mi consulta cuando falló la fibra y tuve que anular citas marcadas en mi agenda, tanto de diagnóstico como de terapia. En la óptica hace muchísimo tiempo que introduzco tecnología que mejora mis diagnósticos, centrado de lentes e incluso, mis terapias visuales.

P. ¿Por qué te has decantado por la terapia visual como especialidad?

R. Podría contestar que es por los niños. Me gustan los niños, me encanta trabajar con ellos. Soy lectora y en la terapia visual vi una forma no solo de detectar problemas visuales que impidiesen una lectura correcta sino también una vía de trabajo que ayudase a los más pequeños a mejorar su aprendizaje. Reconozco que estar en consulta con ellos me proporciona un confort laboral del que disfruto muchísimo, así que poco a poco, me he ido formando y adaptando mi proceso para que tanto ellos como yo nos lo pasemos pipa durante la consulta.

P. ¿En qué medida las familias acogen la terapia visual como un método para ayudar a los niños?

R. Nosotras preguntamos antes de la primera consulta: ¿cómo nos ha conocido? La respuesta siempre es similar: por una amiga que ha usado el servicio, me lo han recomendado en el patio del colegio, o bien: por sugerencia de la profesora/orientadora. Eso responde perfectamente a tu pregunta. Las familias están dispuestas a todo por ayudar a sus hijos si tienes la experiencia y la solvencia necesaria. Es un campo que exige formación continuamente, pero si sabes lo que haces, el boca oreja es la única publicidad que necesitas

P. ¿Haces terapia visual con adultos? ¿Puede contarme un caso específico?

R. Sí hago terapias con adultos, y cada vez más. El motivo de consulta es diferente, el niño viene porque no se incorpora con normalidad a la lectura, el adulto, por sintomatología (dolores de cabeza, imposibilidad de mantener el trabajo en cerca, visión doble). A veces me llegan derivados del osteópata por un problema postural, pero curiosamente uno de los casos más bonitos trabajado fue el de un hombre que había llegado a los 50 sin leer con soltura y acudió a mi óptica a ver qué podíamos hacer. Tras resolver su disfunción binocular, su lectura era espectacular. Su vida dio tal cambio que nos envió un audio precioso que nos hizo llorar.

P.  ¿La inteligencia artificial y el análisis de datos tendrán un papel relevante en la optometría clínica?

R. La inteligencia artificial ya impacta en todas las áreas de la vida cotidiana y aunque está sustituyendo a expertos en diferentes profesiones, en nuestro caso, la necesidad de instrumentos específicos para la valoración y experiencia en la evaluación y diagnóstico, impiden por ahora la sustitución de los profesionales por sistemas automáticos. En un futuro distópico podríamos imaginar al público atendido por máquinas operadas por personal sin nivel profesional y esperemos que no tengamos que saber de público que encarga sus lentes usando el chat de moda.

Por otra parte, a los profesionales nos puede ayudar en la fase de diagnóstico y en el análisis de los resultados en las terapias, además de ser una ayuda perfecta para aprender las novedades y reforzar los conocimientos adquiridos con los últimos avances. Sinceramente, creo que ya tienen un papel relevante y que debemos formarnos para aprovechar los muchos beneficios que nos aportan.

P. En tu carrera, has trabajado en Madrid y luego en Barbastro. ¿Cuál es la diferencia de trabajar en una ciudad grande con una ciudad pequeña?

R. Trabaje en Madrid, en Oporto y en Barbastro. El ejercicio de óptica en las grandes ciudades, supongo que también por el tipo de centro, me impedía desarrollar todo mi potencial, todo lo que quería hacer dentro de la consulta. Teníamos demasiados pacientes al día y había que ir rápido. En Barbastro el centro es mío y me permito el lujo de dedicar a cada paciente el tiempo que necesita. Tomé la decisión de “sacrificar” el gabinete. A veces hay que elegir, y yo escogí la parte más clínica de la profesión, aunque eso signifique vender menos.

P. Según tu experiencia, ¿cómo ha cambiado la profesión en estos últimos 20 años?

R. Llevo más de treinta años ejerciendo y la óptica ha cambiado, sí, pero creo que aún le queda mucho recorrido. Las personas empiezan a reconocer la labor que hacemos y ya no somos “vende gafas”. Estamos más preparados, tenemos muchísima formación, desempeñamos un papel fundamental en el cribado y derivación de patología.

A día de hoy, somos parte de la solución, complementando el sector sanitario gracias a la mayor proximidad con el público. Sin embargo, esta labor está enturbiada por la mercadotecnia de las grandes firmas, que publicitan más la marca de la montura, las ofertas, los regalos y el complemento de moda, que la precisión y calidad de las lentes que, en definitiva, van a mejorar la visión.

Los establecimientos que siempre nos hemos dedicado a la salud visual, podemos ofrecer los últimos diseños y diferenciarnos de las tiendas más orientadas a la venta por volumen.

P. ¿Y en qué segmento de producto (contacto, lente oftálmica…) se han producido las mayores evoluciones? ¿Puedes darme un ejemplo?

R. Todas ellas han experimentado una evolución brutal, tanto las oftálmicas como las lentes de contacto, incluso los líquidos de mantenimiento… Si tengo que elegir una, me quedo con las lentes de control de miopía, que nos permiten frenar el avance de la misma. Hace unos años era impensable y los resultados que estamos obteniendo en nuestras consultas son espectaculares. Jugamos un papel fundamental ante esa “pandemia” y eso es gracias a los diferentes laboratorios y fabricantes que están invirtiendo mucho en crear nuevas soluciones.

P. ¿Qué retos afrontan actualmente los centros ópticos independientes?

R. Un centro pequeño e independiente se enfrenta a miles de retos cada día:  formación continuada para no quedarse atrás, tendencias de marketing, toma de decisiones que nos diferencien, etc. Los centros independientes no tenemos un equipo detrás que nos haga marque las pautas, que nos diga cómo va a ir el mercado o nos prepare la creatividad para comunicarnos con nuestros clientes. Tenemos que aprender un poco de todo para ofrecer un buen servicio. Aún así, creo que poseemos algo de mucho valor, elegimos cómo hacer las cosas, y nos podemos sentar a hablar con las personas que forman nuestro equipo, que suelen ser muy pocas, para marcar entre todos las pautas a seguir.

P. En los últimos años se está produciendo un descenso de estudiantes de óptica en las universidades. ¿Qué le dirías a un joven para que decida apostar por la carrera?

R. Para mí la carrera de óptica y optometría es una carrera preciosa que tiene muchas salidas laborales. Me sorprende que siga siendo un grado universitario tan desconocido. El día a día en una óptica es mucho más de lo que parece. El diagnóstico en gabinete, las terapias visuales, la adaptación de lentes de contacto, o sentarte con el paciente para elegir qué tipo de lente le conviene más. Es un trabajo muy gratificante y divertido. Trabajar de cara al público hace que acabes siendo uno más de la familia, una persona en la que confían y eso te da momentos únicos. Además, puedes elegir otras salidas como laboratorios de contactología, clínicas especializadas, etc.

A la gente joven le diría que yo, sí tuviera que elegir de nuevo una carrera, volvería a estudiar óptica, porque soy feliz cada día en mi trabajo, y eso suma mucho.

P. ¿Qué competencias deberían reforzar los nuevos optometristas para el futuro?

R. Soy de las que piensa que la óptica debería “especializarse” menos. Diversificar. No podemos pretender ayudar a todas las personas que cruzan nuestra puerta. Necesitaríamos tres vidas para abarcar toda esa formación. Creo que hay que elegir y, si se escapa de tu especialidad, tener la humildad suficiente para decir: yo no te puedo ayudar, pero mi colega X sí. Y mandarlo a la competencia. ¿Por qué no? Tenemos demasiadas competencias actualmente, así que yo reforzaría la especialización en determinados campos, según gustos o intereses, más que añadir competencias que no podamos asumir.

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Jaime Cevallos
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