BERLÍN. – Hay comercios que ocupan una dirección y otros que terminan ocupando un lugar en la memoria de una ciudad. Sobreviven al paso de los años, adquieren personalidad propia y llega un momento en que resulta difícil imaginar la calle sin su escaparate. Brillenschatz ha recorrido ese camino en Berlín: de la pasión de un hombre que vendía gafas en un mercadillo a convertirse en uno de esos pequeños establecimientos capaces de contar una parte de la ciudad.
Brillenschatz: del mercadillo a convertirse en un símbolo de Berlín
Detrás de la óptica está Abdullah Demir, un coleccionista de gafas y un hombre que entiende las monturas como algo que trasciende su función
Brillenschatz le da todo el protagonismo a las gafas vintage. FOTO: Modaengafas
Detrás de la óptica está Abdullah Demir, un coleccionista de gafas y un hombre que entiende las monturas como algo que trasciende su función. Durante los últimos ocho años, que son los que lleva en el negocio, ha conocido a coleccionistas propietarios de 50 u 80 piezas. Personas que buscan, compran y conservan gafas como pequeñas obras de arte.
Para Demir, además, coleccionar tiene un significado más profundo. Los objetos aportan permanencia en una vida sometida constantemente al cambio. Crean memoria, estabilidad y raíces. Las suyas terminaron creciendo en Berlín.
De un mercadillo a Brillenschatz
La historia comercial comenzó en un mercadillo. Demir disfrutaba detrás de su puesto, hablando con las personas que se detenían ante sus gafas. Quería conocerlas, entenderlas y encontrar piezas capaces de hacerlas felices.
Su pasión comenzó a contagiarse. Algunos compradores regresaron y se convirtieron en clientes habituales. A su alrededor fue creciendo una comunidad de amantes de las monturas singulares hasta que surgió una idea: aquella colección necesitaba un espacio propio.

Exposición de gafas en Brillenschatz. FOTO: Modaengafas
Así nació Brillenschatz, un nombre que podría traducirse como “tesoro de gafas” y no parece casual. Para Demir, cada pieza que entra en su establecimiento es precisamente eso: un pequeño tesoro.
Gafas que no quieren pasar inadvertidas
Brillenschatz ha construido su identidad alrededor de las piezas extraordinarias.
En su selección aparecen monturas realizadas con materiales como cuerno de búfalo, oro fino o madera, junto con diseños vintage, gafas extravagantes y creaciones difíciles de encontrar.
Demir las define como obras de arte para los ojos y máscaras artísticas para el rostro. Piezas capaces de enfatizar los rasgos y expresar aquello que una persona desea mostrar de sí misma. Esa filosofía convierte la elección de unas gafas en algo más que una cuestión estética.
Demir considera que una montura puede hablar de quien la lleva. Unas gafas muy marcadas pueden funcionar casi como la armadura de un superhéroe. Una pieza vintage rara y extravagante puede reflejar el carácter de alguien que busca diferenciarse.
Las gafas permiten mostrarse, pero también esconderse. Y pueden conseguir algo todavía más interesante: despertar la curiosidad de quien está enfrente.
De Berlín al mapa internacional
Con el paso del tiempo, la pequeña óptica empezó a recibir visitantes procedentes de diferentes lugares del mundo y a atraer a personas relacionadas con la moda y la escena creativa.
Por allí han pasado incluso Jean Paul Gaultier y Elton John, a quienes Demir tuvo la oportunidad de conocer personalmente.
El reconocimiento terminó traspasando las fronteras alemanas. The New York Times incluyó Brillenschatz entre cinco lugares que visitar en Berlín.
La óptica nacida de la pasión de un coleccionista entraba así en el mapa internacional de una de las grandes capitales europeas.
El buscador de oro de las gafas
A pesar de esa notoriedad, la esencia del negocio continúa siendo la misma. Demir sigue buscando monturas extraordinarias y piezas capaces de sorprender incluso a profesionales de la óptica con muchos años de experiencia.
En cierto modo, se ha convertido en un buscador de oro de las gafas. Y existe una contradicción inevitable en su oficio. Como coleccionista, siente apego por las piezas que encuentra. Como comerciante, tiene que dejarlas marchar.
Por eso reconoce que se desprende de algunas de sus gafas con melancolía. La compensación llega cuando encuentra a la persona adecuada para llevarlas: si el cliente es feliz, él también lo es.
En Brillenschatz cada montura espera un rostro. Y cada rostro es una historia.
*Parte de este artículo se ha elaborado con la información de la web de Brillenschatz
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