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Salud visual Noticia patrocinada

Epi Ruiz Campos: “Nuestra principal diferencia con otras plataformas es que enseñamos desde la práctica clínica real”

Nuestro objetivo siempre ha sido ayudar a que los ópticos-optometristas tomen mejores decisiones clínicas y, como consecuencia, ofrezcan una mejor atención a sus pacientes

Epi Ruiz Campos, director de OPTOacademy.

Por OPTOacademy - 16/07/2026

Pregunta. ¿Cómo nace OPTOacademy y qué necesidad resuelve en el sector?

OPTOacademy nació como una necesidad propia de formación, y nació bajo el nombre de Jornadas Hisaponolusas de la Visión, allá por el año 2008-2009, ya que en Extremadura, donde yo vivo, el acceso a formación en aquellos tiempos era muy escasa, y necesitabamos viajar continuamente para poder formarnos.

Con respecto a la necesidad que resuelve en el sector, todos sabemos que la optometría evoluciona a una velocidad enorme, aparecen nuevas tecnologías, nuevas evidencias científicas y nuevas formas de abordar los problemas visuales.

Sin embargo, muchos profesionales encontraban dificultades para acceder a una formación realmente práctica, actualizada y basada en la evidencia.

La idea fue crear un espacio donde el conocimiento académico se uniera con la práctica clínica diaria. Una formación impartida por profesionales que siguen viendo pacientes cada día y que enseñan aquello que realmente aplican en consulta, donde se mezcla la mejor formacion online de la mano de los mejores docentes a nivel nacional e internacional, con formación clínica práctica, y lo mejor de todo, con estancias clínicas en los mejores centros especializados.

Nuestro objetivo siempre ha sido ayudar a que los ópticos-optometristas tomen mejores decisiones clínicas y, como consecuencia, ofrezcan una mejor atención a sus pacientes.

P. La formación para ópticos ha cambiado muchísimo en los últimos años. ¿Cómo describirías esa evolución?

Hace años la formación continuada era principalmente presencial y muy centrada en productos o técnicas concretas.

Hoy el profesional necesita mucho más. Busca formación flexible, accesible desde cualquier lugar y, sobre todo, basada en evidencia científica de calidad.

También ha cambiado la mentalidad. Cada vez existe una mayor inquietud por comprender el porqué de las decisiones clínicas, desarrollar razonamiento clínico y aprender a interpretar la literatura científica, en lugar de limitarse a memorizar protocolos.

La tecnología ha permitido democratizar el acceso a la formación de alto nivel, conectando a profesionales de distintos países y facilitando el aprendizaje continuo.

Pero la clave es en poder ofrecer una experiencia formativa, que combine la mejor formacion online, la mejor formación práctica y sobre todo, disfrutar de unas estancias clínicas que te ayuden a mejorar viéndolo de primera mano.

P. ¿Qué necesita hoy un óptico para mantenerse competitivo?

Diría que necesita tres cosas.

Primero, una actualización científica constante. El conocimiento caduca muy rápido.

Segundo, dominar la tecnología. Hoy trabajamos con OCT, topografía, biometría, inteligencia artificial o análisis de imagen. Saber interpretar esa información marca una gran diferencia.

Y tercero, desarrollar habilidades humanas: comunicación, empatía, gestión de pacientes y capacidad para explicar tratamientos complejos de forma sencilla.

La combinación entre conocimiento, tecnología y trato al paciente será la clave del futuro.

P. ¿Qué diferencia a OPTOacademy de otras plataformas de formación?

Creo que nuestra principal diferencia es que enseñamos desde la práctica clínica real.

Todos nuestros docentes trabajan o han trabajado durante años con pacientes, aplican diariamente aquello que enseñan y comparten tanto los éxitos como las dificultades que encuentran en consulta.

Además, apostamos por grupos reducidos, seguimiento personalizado, estancias clínicas, casos reales y una actualización permanente de todos los contenidos conforme aparece nueva evidencia científica.

Y recientemente hemos incorporado OPTOacademyOS, un ecosistema de inteligencia artificial diseñado para ayudar al profesional a consultar la evidencia científica y apoyar su razonamiento clínico, siempre entendiendo que la decisión final corresponde al profesional.

P. En vuestra oferta combináis contenidos clínicos con gestión empresarial. ¿Por qué es importante esa combinación?

Porque una buena clínica necesita mucho más que conocimientos clínicos.

Puedes ser un excelente optometrista, pero si no sabes comunicar el valor de tu trabajo, gestionar un equipo, organizar procesos o dirigir un negocio, difícilmente podrás desarrollar todo tu potencial.

La excelencia clínica y la gestión empresarial no compiten; se complementan.

Cuando ambas funcionan bien, mejora la experiencia del paciente y también la sostenibilidad del centro.

P. ¿Qué errores ves con más frecuencia en la formación de los profesionales?

Quizá el más frecuente sea pensar que terminar la universidad significa haber terminado de aprender.

Otro error es buscar únicamente cursos muy específicos sin construir antes una base sólida de razonamiento clínico.

También observo que muchas veces se intenta aplicar protocolos sin comprender realmente la evidencia científica que los respalda.

La formación debe ayudarnos a pensar mejor, no solo a hacer más cosas.

P. La inteligencia artificial está entrando también en el ámbito sanitario. ¿Cómo crees que cambiará la formación de los ópticos durante los próximos años?

Creo que la inteligencia artificial va a transformar profundamente nuestra forma de aprender y de trabajar.

Nos permitirá acceder en segundos a toda la evidencia científica publicada, resumir información compleja, analizar imágenes, generar informes y facilitar la toma de decisiones.

Pero precisamente por eso será todavía más importante disponer de una buena formación.

La IA no sustituirá al profesional que sabe interpretar la información, sino que potenciará sus capacidades.

El conocimiento seguirá siendo imprescindible para hacer las preguntas adecuadas, interpretar correctamente las respuestas y decidir qué es lo mejor para cada paciente.

En OPTOacademy llevamos varios años desarrollando herramientas de inteligencia artificial precisamente con esa filosofía: potenciar el criterio clínico del profesional, nunca sustituirlo.

P. ¿Qué perfiles buscan más formación actualmente?

Prácticamente todos.

Desde recién graduados que quieren acelerar su crecimiento profesional hasta optometristas con más de veinte años de experiencia que desean incorporar nuevas tecnologías o ampliar sus competencias clínicas.

También vemos un interés creciente por parte de profesionales que buscan especializarse en áreas como el control de la miopía, lentes de contacto avanzadas (esclerales, ortok, control de miopía), superficie ocular, gestión, marketing, retina o visión binocular.

La formación continuada ya no es una opción; forma parte de la profesión.

P. Si pudieras recomendar tres áreas de formación imprescindibles para cualquier óptico, ¿cuáles serían?

Es una pregunta difícil, porque nuestra profesión es muy amplia y existen áreas extraordinariamente importantes como la baja visión, la optometría clínica hospitalaria, la superficie ocular, la retina, la visión binocular, la rehabilitación visual o la salud visual pública, todas ellas imprescindibles para muchos profesionales.

Pero si tuviera que recomendar tres áreas capaces de aportar un crecimiento muy completo a la mayoría de los ópticos-optometristas, elegiría estas:

La primera sería la contactología avanzada. Hoy las lentes de contacto van mucho más allá de corregir un defecto refractivo. Nos permiten manejar córneas irregulares, controlar la progresión de la miopía, mejorar la calidad visual en casos complejos y ofrecer soluciones altamente personalizadas. Es una de las áreas con mayor innovación y una enorme capacidad para diferenciar la práctica clínica.

La segunda sería la optometría pediátrica y la terapia visual. La prevención, la detección precoz de alteraciones visuales, el manejo de la ambliopía, los problemas binoculares y el control de la miopía hacen de esta especialidad una inversión de futuro, tanto por su impacto clínico como por la creciente demanda social.

Y la tercera sería la gestión, el marketing y la dirección de la óptica. Podemos ser excelentes clínicos, pero si no sabemos gestionar un equipo, organizar procesos, comunicar el valor de nuestros servicios o hacer crecer nuestro proyecto profesional, será difícil desarrollar todo nuestro potencial. La excelencia clínica y la excelencia empresarial deben avanzar de la mano.

En cualquier caso, más allá de la especialidad que cada uno elija, creo que hay tres competencias que nunca deberían faltar: una formación basada en la evidencia científicala capacidad de integrar las nuevas tecnologías en la práctica clínica y el compromiso con la formación continuada. La optometría evoluciona constantemente, y quienes mantengan esa actitud de aprendizaje permanente serán los profesionales que lideren la profesión en los próximos años.

P. ¿Cómo imaginas la óptica dentro de cinco años?

Soy optimista. Creo que la optometría va a vivir una de las etapas de mayor transformación de su historia.

Veremos una profesión mucho más tecnológica, más especializada y apoyada por herramientas de inteligencia artificial capaces de integrar automáticamente datos procedentes de distintos equipos, analizar imágenes, acceder en segundos a la evidencia científica más reciente y ayudar al profesional en la toma de decisiones. Pero la IA no sustituirá al óptico-optometrista; al contrario, potenciará su capacidad clínica y le permitirá dedicar más tiempo a lo verdaderamente importante: escuchar al paciente, razonar, comunicar y personalizar cada tratamiento.

También me gustaría ver una profesión con mayores competencias profesionales, como ya sucede en numerosos países. Una optometría con un mayor reconocimiento sanitario, donde podamos asumir nuevas responsabilidades dentro de un marco regulado, incluyendo el uso de determinados fármacos cuando la evidencia y la legislación lo permitan, siempre con un único objetivo: ofrecer una mejor atención al paciente.

Confío también en que podamos normalizar nuestro lenguaje clínico. Que podamos llamar a las cosas por su nombre, utilizar terminología médica precisa y elaborar informes clínicos sin recurrir a eufemismos o expresiones ambiguas. No para invadir competencias de nadie, sino para facilitar una comunicación más eficaz entre profesionales sanitarios y mejorar la continuidad asistencial.

Hay además un debate que, en mi opinión, será inevitable. Resultaría paradójico que en pocos años herramientas de inteligencia artificial sean capaces de detectar patologías o sugerir diagnósticos con una precisión cada vez mayor, mientras que profesionales sanitarios con años de formación universitaria, experiencia clínica y capacidad para interpretar esos resultados sigamos encontrando limitaciones para reconocer oficialmente determinadas entidades clínicas o reflejarlas con naturalidad en nuestros informes. La tecnología debe ser una aliada del profesional, no avanzar más rápido que el reconocimiento de sus competencias.

Pero, por encima de todo, imagino una profesión mucho más colaborativa. Me gustaría que desaparecieran las barreras entre disciplinas y que el trabajo conjunto con oftalmólogos, médicos de Atención Primaria, pediatras, neurólogos, endocrinólogos y otros profesionales sanitarios fuera la norma y no la excepción. Cada uno aporta una visión diferente, y cuando trabajamos coordinadamente, quien realmente gana es el paciente.

Porque, al final, el futuro de la optometría no debería medirse únicamente por la tecnología que incorporemos o por las competencias que consigamos ampliar, sino por nuestra capacidad para integrarnos plenamente en el sistema sanitario, colaborar con otras especialidades y contribuir, desde nuestro conocimiento, a mejorar la salud visual y la calidad de vida de las personas.

Ese es el futuro que me gustaría ver: una optometría más científica, más reconocida, más colaborativa, con más competencias, mejor apoyada por la tecnología y, sobre todo, más centrada que nunca en el paciente

Etiquetas: Optoacademy
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