ads

Optometristas en primera línea: la defensa visual de los niños frente a pantallas y miopía

Los optometristas han dejado atrás la imagen reducida al mostrador de las gafas. Hoy son guardianes de la salud visual infantil, expertos en controlar una pandemia silenciosa y educadores que guían a las familias

Optometristas en primera línea: la defensa visual de los niños frente a pantallas y miopía

El uso intensivo de pantallas está provocando el aumento de los problemas visuales en la población infantil. FOTO: Getty Images vía Unsplash

Por Jaime Cevallos - 10/01/2026

Este artículo forma parte del Dossier elaborado por Modaengafas.com, con el patrocinio del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas para impulsar la profesión en España.

La miopía avanza silenciosa, casi de puntillas, mientras los niños pasan horas pegados a una pantalla y los recreos y actividades al aire libre se acortan. La Organización Mundial de la Salud ya la considera como una de las grandes pandemias del siglo XXI y, en medio de este escenario, hay un profesional que se ha convertido en vigía esencial: el óptico-optometrista, la figura sanitaria que más cerca está de las familias y que observa, mide y acompaña la evolución visual de los menores con una constancia que pocas especialidades pueden ofrecer.

Ricardo Roca, óptico-optometrista de una amplia experiencia, describe el momento actual como una tormenta perfecta. Cada vez hay más niños miopes, más temprano y con más graduación; pasan más tiempo en interiores y menos bajo la luz natural; y utilizan pantallas desde edades en las que antes apenas sabían sostener un lápiz. En ese contexto, recuerda, el optometrista es el primer agente sanitario que ve al niño de manera periódica, accesible y sin barreras. Esa proximidad le otorga un papel decisivo en la salud visual infantil.

La detección precoz es uno de los pilares de este trabajo. Ana Belén Cisneros, vicedecana de Colegio de Ópticos-Optometristas de Castilla y León (Coocyl), explica que el optometrista es fundamental en la infancia porque detecta, diagnostica y compensa problemas visuales que pueden comprometer tanto el desarrollo como el rendimiento escolar. El reto, añade, es adelantarse: los niños disponen de dispositivos electrónicos a todas horas y conviene comprobar que sus habilidades visuales son adecuadas antes de que aparezcan los síntomas.

En esa misma línea, Roca insiste en revisar incluso a los niños que aparentemente ven bien. Solo así se pueden detectar miopías incipientes, hipermetropías escondidas, astigmatismos significativos o disfunciones acomodativas cada vez más frecuentes en tiempos de pantallas. También permite localizar señales de alarma que exigen la intervención del oftalmólogo. Si no hay un optometrista vigilando, advierte, la miopía avanza en piloto automático.

Pero su labor va mucho más allá de medir dioptrías. En las consultas se evalúa cómo funcionan realmente los ojos: la acomodación de un niño que pasa horas en visión próxima, la coordinación binocular, la convergencia necesaria para leer o la sensibilidad al contraste en ambientes mal iluminados. El optometrista se convierte así en un puente entre la visión y la vida diaria del menor, ya sea en el colegio, en los deberes o en el deporte.

Hoy, además, existen herramientas contrastadas para frenar la progresión de la miopía. El óptico Xavi Oyagüe destaca lentes de desenfoque periférico, lentes de contacto específicas o tratamientos de orto-K, siempre acompañados de controles periódicos. Funcionan, asegura, cuando se realizan con rigor y con la colaboración del niño y su familia. Eva López Camino, especializada en clínica pediátrica, subraya que los hábitos visuales forman parte inseparable de ese control: el trabajo en cerca influye directamente en la longitud axial del ojo, y esta en el avance de la miopía.

Un cambio sustancial

Ricardo Roca recuerda que lleva controlando la miopía desde 1984. Entonces hablar de frenar su progresión parecía casi un acto de fe; hoy la evidencia científica respalda aquella intuición clínica. El optometrista asume la monitorización precisa de la evolución del menor, el ajuste de las herramientas ópticas y la decisión, basada en datos, de cuándo mantener o modificar la estrategia. La coordinación con oftalmología es clave: mientras el especialista médico valora tratamientos farmacológicos como la atropina, el optometrista aporta información evolutiva, controla el cumplimiento y acompaña al niño en su vida cotidiana.

La educación familiar es otra pieza fundamental. En tiempos de pantallas, el optometrista actúa como una suerte de entrenador de la higiene visual. Informa sobre tiempos de uso y pausas, recuerda que antes de los dos años no debería haber dispositivos electrónicos, recomienda distancias adecuadas, ergonomía en el estudio y actividad al aire libre. Cisneros subraya que la luz natural ayuda a regular el crecimiento del ojo a través de la dopamina, y que al menos dos horas de juego exterior al día reducen el riesgo de miopía. También propone la regla del 20-20-20: cada veinte minutos de trabajo en cerca, veinte segundos mirando lo más lejos posible.

El óptico Javier Rodríguez resume el espíritu que comparten todos los profesionales consultados: la labor del optometrista ya no consiste solo en graduar la vista, sino en prevenir, detectar y acompañar. En un entorno que exige tanto a los ojos de los niños, un seguimiento profesional marca la diferencia, no solo en el presente, sino también en su salud ocular futura.

Los optometristas han dejado atrás la imagen reducida al mostrador de las gafas. Hoy son guardianes de la salud visual infantil, expertos en controlar una pandemia silenciosa y educadores que guían a las familias en un paisaje dominado por pantallas y lecturas en cerca. Su trabajo, tantas veces discreto, se revela como una de las grandes herramientas para proteger la visión de las generaciones que crecen con más desafíos oculares que nunca.

Compartir:
Jaime Cevallos
Jaime Cevallos
Newsletter

Suscríbete a la newsletter de modaengafas.com

© modagafas.com 2026 - Desarrollo web Develona