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22/04/2026

El ojo feliz

En el Día del Libro, Modaengafas publica este cuento de Lluís Bielsa porque la escritura sigue siendo una de las principales formas de divulgación

En clase no se oía una mosca, todos los niños y niñas escuchaban atentos, con los ojos abiertos como naranjas. La maestra contaba una curiosa historia sobre un señor que era tan pobre, tan pobre, que no tenía ni nombre, por eso le llamaban «Sinnombre».

Además de no tener nada, pasar hambre y frío, «Sinnombre» no tenía amigos, era feo, tenía las piernas torcidas, los dientes estropeados, la voz desagradable y muy mal aliento.

Aun sin ser éstas sus peores cualidades, para sorpresa de los que le conocieron, era la persona más feliz del mundo. «Sinnombre» trabajaba arrastrando la carroza de una bella Princesa Ilamada Elisa.

Una noche, mientras esperaba a la Princesa a las puertas de un castillo, se quedó dormido bajo un árbol. Soñó que no era tan feo, y que vivía en un palacio enorme junto a Elisa, rodeado de amigos y de todo tipo de comodidades. Cuando se disponía a comer un espléndido racimo de uvas, el ruido ensordecedor de un trueno le hizo despertar.

La luz cegadora de los rayos y el frío aguacero de una repentina tempestad le devolvieron al mundo real. «Sinnombre» se levantó despacio y, rascándose la nariz, soltó un estornudo.

Entonces, con una alegre sonrisa de oreja a oreja, se puso a contemplar las lucecitas del palacio en el que la bella princesa Elisa se divertía. «Sinnombre», sin nada, seguía siendo la persona más feliz del mundo.

Los niños y las niñas pensaban que la maestra había acabado el cuento. En silencio, la miraban con extrañeza porque no entendían cómo después de tantas desgracias una persona podía estar contenta.

Antes de que todos empezaran a levantar los dedos para preguntar, maestra les explicó por qué «Sinnombre» estaba siempre contento.

Les contó que en el lejano país donde pasó esta historia se decía que, de nuestros dos ojos, uno ve cosas buenas de la vida y el otro ve las cosas malas.

«Sinnombre» era tuerto y, justamente, le faltaba el ojo que ve las cosas malas la vida. Por eso toda su visión del mundo se debía a la visión del ojo que ve las cosas buenas.

De esta manera, «Sinnombre» sólo descubría la felicidad en todo lo que miraba.

La maestra acabó el cuento y los niños y niñas se fueron a sus casas. Por el camino, Alberto y Elisabet se entretuvieron hablando.

Alberto le explicaba a Elisabet que ahora ya sabía por qué no le gustaba estudiar: Alberto había descubierto que no veía bien por el ojo que, según sus propias conclusiones, correspondía al que ve las cosas buenas de la vida. Por esa razón, cuando tomaba un libro, sólo veía cosas malas, cosas que le quitaban las ganas de estudiar.

Cuando Alberto acabó su explicación, Elisabet le dijo que se dejara de historias y que se hiciese un examen visual.

Alberto le hizo caso y fue con sus padres al especialista. Desde entonces, Alberto lleva gafas para hacer trabajar el ojo que no funciona.

Ahora está muy contento y se ha vuelto mejor estudiante, pero no porque use el ojo que ve las cosas buenas de la vida, sino porque siempre se ve mejor con los dos ojos que con uno solo.

Etiquetas: Día del Libro
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