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Lenticon… la saga de los Toledano

Ángel Toledano durante su primera etapa en Lenticon.
Ángel Toledano en el laboratorio al inicio de su carrera profesional.
Por Jaime Cevallos

España, década del 70. Eran los años en que los Seat 600 ya formaban parte del paisaje de las ciudades y en los que miles de españoles todavía emigraban a Alemania, Suiza y a diversos destinos de Latinoamérica…

Eran tiempos difíciles, pero eran tiempos de cambio, no solo en España, también en el resto del mundo. En Europa, por poner un ejemplo con el foco en la óptica, ya se fabricaban lentes de contacto en polimetilmetacrilato, especialmente en Alemania; en nuestro país, algunos centros ópticos ya se atrevían con la adaptación de lentes de contacto.

El proceso de transformación social y económico estaba en plena ebullición, detalle que no pasó desapercibido para un empresario argentino que en ese entonces había llegado a España; él vio claro y diáfano lo que sería el futuro, tanto así, que en 1972 decidió crear Lenticon, una fábrica de lentes de contacto.

Ángel Toledano (a la derecha) junto a grupo de compañeros de trabajo.

El empresario fichó a Ángel Toledano, que se había especializado en contactología, como director general; en 1986, Toledano -el primero de la saga- adquirió la totalidad de la compañía, a la que llamó Laboratorios Lenticon S.A., denominación que se mantiene en la actualidad.

Desde ese momento, el apellido Toledano comenzó a contar en los anales de la historia de la óptica en España, porque, de a poco y según iban cumpliendo años, Ángel iba incorporando a los hijos en la empresa.

Óscar, actual director de Lenticon, recuerda que, en su adolescencia, solía acompañar a su padre en aquellos largos viajes que hacía por España visitando a los clientes.

“Mi padre siempre consideraba los vehículos como una herramienta de trabajo más y fueron variando en función de los miles de kilómetros que recorría cada año.  Desde un Citroën CX Palas en sus inicios, Volkswagen Passat, Volvo S80… siempre vehículos amplios y seguros para las decenas de miles de kilómetros que realizaba al año y que además que le permitían poder llevar todo el material comercial para sus visitas”, dice.

Ángel Toledano en su despacho en las instalaciones de Lenticon.

“Anécdotas tenemos para escribir un libro, pero recuerdo especialmente que a la vuelta de cada uno de los numerosos viajes a ferias internacionales (París, Milán, Múnich, Lisboa, USA, Tokio, etc.) siempre había un precioso regalo como recuerdo de cada ciudad”.

“También recuerdo las visitas al domicilio familiar por parte de amigos, clientes, proveedores, directores o propietarios de otras empresas del sector… era una época muy distinta y una forma de establecer conexión entre las empresas muy basada en las relaciones personales”.

De la muerte del patriarca de los Toledano ya han pasado muchos años, pero en Lenticon aún quedan rescoldos de su presencia. “Lo identifico en su despacho -dice Óscar. en incansables jornadas de trabajo recopilando pedidos generados tras sus visitas comerciales, cerrando acuerdos con distintos proveedores internacionales… en cada una de las sedes que ha tenido la empresa en Madrid, desde la calle Reina, Sánchez Pacheco, Javier Ferrero hasta la actual de Tres Cantos”.

Ahora, al frente de la empresa se mantienen los hermanos Toledano (José María, Ángel, Alfredo y Óscar), la segunda generación de la familia: luego vendrán sus hijos, para continuar con la saga de Lenticon.