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De los ‘millennials’ a la Generación Z: los nuevos usuarios de audífonos

Los millennials son muy tecnológicos, y habitualmente utilizan auriculares en su trabajo y sus actividades de ocio. FOTO: Austin Distel (Unsplash)

Por Sergio Andreo

Este artículo forma parte del último Cuaderno de Modaengafas.com, que habla sobre las perspectivas del negocio de la audiología tras la covid-19, y de las posibilidades de crecimiento que tiene dentro de la óptica.

Los millennials y los miembros de la Generación Z ya están en el radar del mercado de la audiología. Los primeros nacieron en las décadas de los 80 y 90, mientras que los Z lo hicieron al principio del nuevo siglo. No obstante, tanto los unos como los otros son nativos digitales y su manera de vivir los hace propensos a tener problemas de audición.

De hecho, la pérdida de capacidad auditiva o hipoacusia puede ser genética, tener su origen en la etapa perinatal, en alguna enfermedad infecciosa, en otitis crónicas o en la exposición a altos niveles de contaminación acústica. Y si bien es un problema que surge con mayor frecuencia en la población de la tercera edad, hay una tendencia que marca la disminución del rango etario que se ve afectado, en gran medida, por traumas auditivos provocados a temprana edad por el uso constante de auriculares a un volumen elevado.

A modo de evasión, para cargarse de energía o, simplemente, como una manera de disfrutar con mayor intensidad su música preferida, muchos jóvenes utilizan sus móviles con auriculares a altos volúmenes, lo que genera un gran deterioro en su capacidad auditiva.

tres de cada cuatro jóvenes sienten pitidos temporales en los oídos

Según un estudio realizado a 4.000 estudiantes de instituto en Bélgica, tres de cada cuatro jóvenes sienten pitidos temporales en los oídos, mientras que el 20% lo sufre de manera permanente. Estos acúfenos suelen surgir al día siguiente de asistir a una discoteca o a un bar, donde el sonido ambiente puede alcanzar los 80 decibelios (dB), de presenciar un concierto, en el que se puede llegar a soportar hasta 100 dB, o del uso excesivo de auriculares o audífonos intrusivos, y son una clara señal de alerta de posibles daños irreversibles en los oídos. 

Estos datos se asemejan a los resultados obtenidos en otras encuestas llevadas a cabo también en sociedades del primer mundo. En Nueva York, el 25% de adultos jóvenes, menores de 45 años, que suelen utilizar habitualmente sus dispositivos de audio con auriculares, afirma tener problemas auditivos. Además, solo un 5% de ellos utiliza tapones de oídos o alguna protección auditiva ante la exposición a ruidos intensos.

Las conclusiones de los analistas de estos estudios prevén que, si los jóvenes y adultos utilizan auriculares de forma habitual a un volumen demasiado alto y no se protegen del ruido excesivo, deben prepararse para asumir la pérdida de audición o la desagradable experiencia de convivir con pitidos o zumbidos en sus oídos.

ALTO RIESGO

Cincuenta y cinco años es la edad promedio en que, aproximadamente, la mitad de la población española comienza a experimentar pérdidas auditivas. Pero, según los expertos, en poco tiempo descenderá al rango de edad que va de los 40 a 50 años.

En un concierto, los jóvenes pueden
llegar a soportar hasta 100 dB.
FOTO: Antoine Boissonot (Unsplash)

La música también está muy presente en la cotidianidad de los jóvenes españoles y cada vez son más los que la escuchan durante sus actividades diarias, así lo revela el II Estudio de hábitos de cuidado auditivo de Gaes realizado en 2019. El 50% de las personas entre 25 y 34 años prefiere trabajar con música, un 62% se relaja con ella en lugar de hacerlo en silencio y un 93% hace deporte escuchando música. Una práctica que potencia los riesgos cuando se utilizan auriculares, una costumbre muy arraigada entre los más jóvenes, lo que aumenta el tiempo de exposición a sonidos elevados, ya que el 40% de ellos reconocen escuchar música a un volumen por encima de los 60 dB recomendados.

PREVENCIÓN

Las inversiones de las empresas en la protección de la salud de sus trabajadores debido a las exigencias de la legislación laboral y a los reglamentos de las aseguradoras de riesgos del trabajo (ART) han contribuido a la disminución de la sobreexposición a ruidos en ámbitos de trabajo, pero una tendencia en sentido contrario se observa en otros espacios. 

En este contexto, los profesionales y expertos en salud auditiva hacen hincapié en la necesidad de campañas de concienciación, de ayudar a los niños y a los jóvenes a cambiar o mejorar hábitos que pueden poner en riesgo su salud auditiva. Y el que mayor incidencia está teniendo en los últimos años es el uso de auriculares o audífonos para escuchar música desde los smartphones. Si bien estos dispositivos tecnológicos suelen advertir de la peligrosidad de superar los niveles recomendados de volumen, no hay más control que la propia conciencia del usuario. Y en algunos casos puede superar los 90 dB, sobre todo cuando se los utiliza en ambientes ruidosos, como en el transporte o la vía pública, para tratar de superar el nivel de ese ruido de fondo. Lo que significa exponerse de manera continua a un ruido superior al que suele generar el sonido de una moto, el ladrido de un perro grande, o el 75% del volumen total de la tele, que ya son considerados tóxicos.

La OMS LANZA UNA ALERTA

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió que, si no se corrigen estas prácticas de audición poco seguras, 1.000 millones de jóvenes corren el riesgo de sufrir pérdida de audición evitable y permanente en los próximos años.

1.000 millones de jóvenes corren el riesgo de sufrir pérdida de audición evitable y permanente en los próximos años

Estas proyecciones estiman que en el año 2050 la pérdida de audición afectará a 2500 millones de personas en el mundo, de las cuales unos 700 millones, el 10% de la población mundial, requerirán servicios de rehabilitación. Porque los traumas acústicos crónicos o agudos producen un daño al oído que puede generar una hipoacusia leve, moderada, que requiere ser corregida o mejorada con audífonos, o severa, en la que la única solución es la amplificación eléctrica mediante un implante coclear.

Por lo tanto, el aumento de los traumas acústicos en la población no solo genera consecuencias físicas y sociales, como el aislamiento o la estigmatización, en quienes lo sufren, sino también económicas para el mundo. Por esto, la OMS entiende que campañas educativas y medidas eficaces de salud pública podrían salvar la salud auditiva de millones de personas y ahorrar mucho dinero. Calcula que la suma de los costes sanitarios, los que implican el apoyo educativo, más las pérdidas de productividad por los casos de hipoacusia desatendidos supera los 800 mil millones de euros.

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